Análisis 2017: Cerrando el año con un proceso de vacancia presidencial, el indulto a Alberto Fujimori y un Deus ex Machina económico | Lizeth K. Tamara Calle y Pedro M. Yáñez Sánchez

19:31:00


Cuando nadie se lo esperaba (o, siendo más precisos, la opinión pública no se lo esperaba), el año 2017 cerró con un proceso de vacancia inefectivo, indicadores macroeconómicos azules -pero mediocres- y finalmente, un indulto.


Los acontecimientos del último proceso político relevante en Perú, han dado pie a múltiples lecturas sobre el estado actual de los principales bloques políticos con representación en el parlamento, claramente definidos por la polarización entre oposición y oficialismo, incluyendo casos de integrantes que han fluctuado entre uno y otro bando a lo largo del proceso.


El Proceso de Vacancia

La mayoría parlamentaria representada principalmente por Fuerza Popular (FP), fue contrarrestada -en la votación por la vacancia- por el voto anti fujimorista, preocupado por evitar el regreso de un gobierno del fujimorismo ante un supuesto escenario de vacancia presidencial y de renuncia de ambos vice presidentes. El obstruccionismo al Poder Ejecutivo por parte de Fuerza Popular mostrado en los hechos de censura a ministros que se vivió durante el último año (aprovechando su posición mayoritaria en Legislativo), fortaleció el temor de que una posible transición fujimorista en Palacio de Gobierno, termine copando de manera inminente los demás poderes del Estado y organismos autónomos.

Tras los resultados de la votación por la vacancia[1], las decisiones adoptadas por los miembros de la bancada fujimorista hicieron visible una fractura interna: 61 votos a favor, 0 votos en contra, 10 abstenciones y 1 sin respuesta (La República 21/12/2017). La abstención de nueve congresistas adicionales, fue el resultado más notorio conseguido por Kenji Fujimori hasta ese momento dentro del propio partido (Gestión, 23/12/2017). Estas decisiones tuvieron como impulsor al propio ex presidente Alberto Fujimori, quien llamó por vía telefónica a cada uno de los congresistas de la bancada que cambiaron su voto (La República, 23/12/2017).

De esta manera, la dicotomía Keiko – Kenji dentro de Fuerza Popular se visibilizó y expuso la fuerte polarización interna, cobrando sentido mediante la campaña de posicionamiento de imagen y comunicación por parte de Kenji Fujimori, que relacionó los aspectos negativos del fujimorismo con Keiko y reservó para él los aspectos más rescatables de lo que fue el gobierno de Alberto Fujimori.

¿Esto significaría el fin del fujimorismo en modo “keikismo”? A largo plazo parecía probable, pero no en el corto. La desvinculación de Kenji Fujimori (quien se alejó de la imagen planteada por su hermana y se acercó a la de su padre) demostraba una intención de fraccionar y retener el núcleo duro de votantes de Fuerza Popular: el llamado “fujimorismo albertista”. Esto resulta crucial si consideramos que el caudal de votos que mantuvo Fuerza Popular en regiones, se debe a 2 elementos clave que identifican al fujimorismo: primero, la figura de Alberto Fujimori como presidente entre 1990 y el 2000; y segundo, el populismo que su partido logró establecer como marca personal durante su gobierno. De este modo, monopolizar el indulto como un supuesto “logro” pretende ser una estrategia de imagen para una probable campaña de Kenji Fujimori.

Hasta el momento la fortaleza de Keiko se ha manifestado en el poder económico debido al “financiamiento” que logra en cada campaña y a través de la colocación de congresistas a través de su partido, esta lógica entre financistas y puestos parlamentarios supone indicios de clientelismo con lo cual este partido con inscripción política es una opción deseable para aquellos que deseen detentar de una cuota de poder. Ello explica que ni la mitad de sus actuales congresistas están inscritos como militantes de FP.

Las grandes corrientes de pensamiento, idearios o la afinidad por debates políticos son situaciones que no definen la afiliación o invitación a participar dentro de este partido; sí lo es el deseo de detentar el poder. Es notorio al presenciar que dentro del partido las opiniones divididas son múltiples y no tienen una dirección, siendo en varias ocasiones contradictorias. En cambio, se detecta un elemento unificador y en el que muestran conformidad: la liberación de su líder político Alberto Fujimori. Por ello, es válido considerarlo como un partido que se sostiene alrededor de un ícono, en remplazo de una ideología o corriente de pensamiento.

Luego del proceso de vacancia presidencial, el oficialismo quedó debilitado, haciendo notorio su necesidad de aliados políticos para gobernar y hacer frente –o controlar mejor- a la mayoría parlamentaria. Si bien, de forma subrepticia, las abstenciones de último momento por parte del fujimorismo ya demostraban indicios de negociación entre el oficialismo y el sector fujimorista de Kenji Fujimori; la alianza entre el oficialismo y un fragmento del fujimorismo (“albertista”) beneficiaba en mayor cuota a la imagen que intentó el benjamín de FP. Mientras esto sucedía, la situación del presidente Pedro Pablo Kuczynski no podría estar más comprometida después del intento de vacancia ante la falta de aliados y tiempo para reformular un gobierno que había iniciado sin mayoría parlamentaria y con el agregado de contar con una cartera ministerial censurada –o en peligro de estarlo- de forma consecutiva. De esta forma se configuraba una relación de simbiosis cuya existencia agravó la “crisis política” en esta coyuntura ante varios medios nacionales e internacionales.

Aunque el gobierno fuera ratificado en el último proceso de vacancia presidencial, la imagen del presidente Pedro Pablo Kuczynski no corría con la misma suerte pues las investigaciones relacionadas a sus vínculos con Odebrecht -actualmente la red de sobornos al Estado más grande en América Latina-  continuarán. Su alianza con un fragmento del fujimorismo para poder gobernar se puso en marcha de forma paulatina a través de la conformación del gabinete ministerial tras la pírrica victoria del 21 de diciembre del 2017. Hoy queda claro que este acercamiento y negociación estaba bajo la sospecha de la propia Keiko Fujimori.

El indulto humanitario a Alberto Fujimori y el costo político para el oficialismo.

Tras la votación que definió la no vacancia presidencial de Pedro Pablo Kuczynski, se consideró la posibilidad de que los votos que el fujimorismo “kenyista-albertista” cambió, eran parte de una “negociación” para efectuar un indulto al histórico líder naranja. En política no existen coincidencias, y en particular ello encajaba con las fechas de indultos presidenciales por navidad. El día 24 de diciembre del 2017, siendo las 19 horas, se informaba de la aprobación del indulto humanitario y la gracia presidencial[2] para el reo Alberto Fujimori, el cual horas antes había sido internado por un cuadro de “descompensación”. Los hechos mostraban que la solicitud del indulto fue ingresada el 18 de diciembre del 2017, tan solo tres días antes de la votación del proceso de vacancia presidencial y de la filtración a la prensa del informe de la junta médica recomendando el indulto. La situación supone indicios de negociación entre el sector fujimorista cercano a Kenyi y el oficialismo para lograr evitar la vacancia presidencial.

La intención de “fortalecer” el oficialismo evitando la vacancia presidencial a cambio de otorgar un indulto a un preso por crímenes de lesa humanidad la podemos considerar contraproducente: subestima el trabajo de reconstrucción de la democracia que se realizó tras la dictadura fujimorista, la reconstrucción de los hechos en los casos de desapariciones forzadas y violación de los derechos humanos; anula los esfuerzos por otorgar una reparación a las víctimas y sobre todo niega un derecho básico el cual es el acceso a la justicia para poblaciones que han sido constantemente marginadas del sistema político, económico y ahora judicial. El trabajo de una Comisión de la Verdad promovida por el Estado (2000 – 2002) permitió un espacio donde las voces de los afectados fueran escuchadas por primera vez a nivel nacional a través de los principales medios de comunicación, y fue este trabajo el que logró acortar brechas al hacer posible que la ciudadanía conociese la versión de los hechos de primera mano, evitando las líneas editoriales de por medio o que primen los intereses de los principales anunciantes de los medios de comunicación. Se hacía patente la  necesidad de mostrar y sensibilizar a los ciudadanos sobre los efectos negativos de los gobiernos totalitarios y el no respeto de los derechos humanos de quienes menos oportunidades tienen de acceder a la justicia; y donde la carencia de recursos, la lejanía geográfica y el olvido de un gobierno tras otro, los han obligado a ser parte de los márgenes del sistema.

La estabilidad de un gobierno en primera instancia se basa en su legalidad, en segunda instancia en su legitimidad, pero esta última será la que permita la permanencia del mismo. Si el oficialismo ganó las elecciones presidenciales el año 2016 fue debido a que concentró el voto “anti fujimorista” a nivel nacional, actualmente impulsado por colectivos y ciudadanos de forma individual pertenecientes en su mayoría a sectores de consumo de ingresos medios. El movimiento anti fujimorista (que nunca fue un partido político y tampoco pretende serlo) tiene como fin evitar el gobierno del fujimorismo a través de su hasta ahora líder Keiko Fujimori.

Así agrupó al voto anti que le dio la diferencia necesaria a Kuczynski para ganar la segunda vuelta presidencial, a cambio de no beneficiar con el ejercicio del Poder Ejecutivo a Keiko Fujimori, de quien se temía tuviera la consigna de liberar a su padre. La legitimidad que poseía reposaba sobre esta promesa implícita con la ciudadanía que le otorgó su voto, y que ya se había manifestado antes a través de marchas nombradas como “No a Keiko”. Esto refiere a grupos de votantes que inciden en el activismo como forma de exponer y tratar problemas en la agenda pública y, con ello, marcar la cancha de la agenda política. El quebranto de este pacto tácito con la ciudadanía que confío en su envestidura para contrarrestar los embates de una mayoría parlamentaria fujimorista, obliga moralmente a que dicha ciudadanía a manifestarse contra él y sus aliados en medios de comunicación. A eso se agregan las figuras representativas del activismo que, viendo su discurso comprometido con el respaldo a la no vacancia, hoy buscan desgastar la imagen del presidente y de su gabinete ministerial. De este modo, la desconfianza en su imagen es y seguirá siendo resultado de sus declaraciones contradictorias, y cuyas acciones solo tuvieron como prioridad el mantener la investidura presidencial, antes que lograr consolidar un aparato gubernamental independiente y libre de “alianzas” que bien podrían calificarse de “clientelismo” camuflado, producto de la falta de respaldo de otros sectores políticos.

Las condiciones para que un gobierno independiente se fortalezca, ya no existen. PPK y su gobierno se encuentran en una posición subordinada a la oposición y donde la negociación del indulto ya no es garantía de que permitan la gobernabilidad hasta el 2021 pues este finalmente ocurrió. Así las cosas, queriendo o no, ha fortalecido el accionar fuera del sistema democrático que tanto caracteriza a Fuerza Popular.

La siguiente consecuencia de este intercambio entre el oficialismo y la oposición del sector “albertista” es que el gobierno central “permita” copar los poderes del Estado con cuadros fujimoristas; esto a través de la designación de ministros, desde donde el accionar del Ejecutivo y sus políticas gubernamentales se rijan bajo la agenda fujimorista, primando el beneficio al sector privado, el retiro del enfoque de género del currículo nacional, el retroceso de la ley que impide la creación de nuevas universidades (siendo un golpe duro para la reciente reforma de la educación y la calidad educativa), comprometiendo además el avance de la Ley Universitaria. A ello súmele la inevitable represión a la ciudadanía y la criminalización de la protesta a través de un uso tendencioso de la noticia, donde no prima la corroboración de los hechos sino un canal de información formal que emite opinión de forma unilateral y que apela a los efecto en la emoción de sus receptores, y que “se expresan en posverdad, que según el diccionario de Oxford denota circunstancias en que los hechos objetivos influyen menos en la formación de la opinión pública, que los llamamientos a la emoción y a la creencia personal” (Fowkes 2017: 15). No es difícil constatar el uso de esta “pos verdad” en los medios de comunicación masivos.

Contrarrestar al fujimorismo tras el indulto, ya no tiene posibilidades; el presidente Kuczynski ha probado que no solo es capaz de conversar con la oposición sino también de entregarles los funcionamientos que su cargo tiene, por lo cual hace que la idea de prescindir de él sea tentadora, no solo para el fujimorismo sino también por parte de la ciudadanía. Su permanencia en la presidencia está sujeta a que entregue el control a los fujimoristas, su contradicción entre las declaraciones y sus acciones desgastaron su legitimidad y las renuncias que se presentan dentro de su bancada parlamentaria son los indicios de un posible “desmantelamiento del gobierno”, punto cumbre desde la censura y obligación de renuncia de varios de los ministros de la actual gestión.

El intento de desestabilización y captura del Estado por parte del fujimorismo ha terminado por corroer las bases del gobierno de Pedro Pablo Kuczynski y de su partido “Peruanos Por el Kambio”. La incertidumbre que rodea la permanencia del presidente en su puesto es alta, ante la deslegitimación por parte de la ciudadanía que lo eligió como la opción anti. El accionar de Fuerza Popular refuerza la imagen de partido político que heredó las viejas prácticas anti democráticas del “fujimontesinismo” de los noventa y que, lejos de ser consideradas “estrategia” en la pedagogía política, deben ser tomados como casos de la deformación de la política ante instituciones débiles del Estado. Parte importante de responsabilidad tienen los medios de comunicación que intentan calzar el discurso oficialista con una falsa promesa de reconstrucción y perdón, donde la reconstrucción se dio mucho antes cuando ocurrió la investigación de los delitos de corrupción y la apertura del sistema de justicia a las víctimas. Por ello, el perdón era en una dirección diferente: desde el Estado hacía los ciudadanos que fueron afectados por la indiferencia del gobierno y la discriminación reinante.

Cerrando el año 2017 con un Deux ex machina

En el campo económico, ha sido un año mediocre el que se va: Se espera cerrar el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) con 2.6%, muy lejos del 3.9% del año pasado y más cerca al 2.4% de 2014. La reducción de la tasa de interés de referencia (la tasa que se cobran los bancos comerciales entre sí y que impacta directamente en el interés cobrado al público), por parte del Banco Central de Reserva (de 4.25 en marzo a 3.25 en diciembre) muestra los esfuerzos gubernamentales por expandir el consumo y la inversión de las familias, efecto que se busca para soliviantar la caída en la inversión empresarial en el primer semestre del año, adicional a la retracción del consumo privado (de 2.3% en promedio en el año). Todo ello como resultado de una demanda interna deprimida (incluyendo como factor exógeno del impacto del Fenómeno climático del niño) y una demanda externa de crecimiento moderado.

Con agitaciones en el campo político, este no ha sido un buen año para las compras internas y, tomando en cuenta los factores externos (Trump, la euro desaceleración, el retroceso en China y demás), el crecimiento ha sido lento para la Balanza de Pagos del país (la diferencia entre lo que se vende al exterior y lo que se compra de él); ambos factores, combinados con la deficiente gestión estatal, han producido los magros resultados para este 2017. ¿Aún hay espacio para estar peor? Las movilizaciones en las calles y la actuación del Presidente PPK frente al Congreso y el fujimorismo lo definirán.


Referencias

La República (2017) “PPK se queda: Así voto cada bancada del Congreso en moción de vacancia presidencial”. Lima, 21 de diciembre.

Gestión (2017) “Estos son los 10 congresistas fujimoristas que saldrían de Fuerza Popular”. Lima, 23 de diciembre.

La República (2017) “Video muestra presuntas llamadas de Alberto Fujimori a congresistas para no vacar a PPK”. Lima, 23 de diciembre.

Fowkes J. (2017) Mecanismos de la Posverdad. Lima: Fondo de Cultura Económica del Perú.


Notas


[1] 79 votos a favor, 19 votos en contra y 21 abstenciones.
[2] El indulto humanitario se aplica a las condenas impuestas, en tanto el derecho de gracia libra a Alberto Fujimori del proceso que tiene en curso, el cual es el caso “Pativilca”.

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