Por una nueva sociología científica: Datos y herramientas para sociólogos peruanos | Diego Mauricio Paucar-Villacorta

08:30:00


Resumen
La imagen de la sociología en Perú está atravesando un proceso de progresiva reducción de su relevancia a nivel público y privado, lo cual podría alimentar finalmente un círculo vicioso que afecta la seriedad e identidad profesionales de varios de sus practicantes, repercutiendo también en sus salarios. La sociología académica peruana, al mismo tiempo, permanece en un impertinente silencio con respecto de “Qué es”, “Para qué sirve” y si podría ser una “Ciencia”. Este ensayo intenta analizar el problema y visibilizar las experiencias más útiles de “cientifización” de la sociología con el objetivo de brindar ideas y herramientas a cualquiera interesado a responder adecuadamente a un contexto de revaloración del conocimiento científico a nivel nacional y de progreso de la sociología internacional. En la primera parte cuestiono el mito de la “uniformidad” de la ciencia y realzo la importancia de la diversidad en la historia de la sociología, como prefacio una exposición sistemática de las brechas internacionales en el mundo de la publicación científica e intentos contemporáneos, serios y diversos, de volver a la sociología más “científica”. Varias ideas sobre la utilidad de estos intentos en el progreso de la sociología peruana pueden encontrarse en todo el ensayo. Finalmente, se ofrecen algunas reflexiones sobre las singularidades de la sociología Peruana y se invita a los lectores a tomar acción a través de la construcción de un proyecto colectivo on-line.
Palabras clave: Historia de la Sociología, Ciencia, Sociología Peruana, Teoría Sociológica, Experimentos Sociales.

Abstrac
The image of sociology in Peru is going through a progressive declining of its relevance in public and private contexts, what seems to strengthen a vicious cycle which could finally affect the professional rigor and identity of many of its practitioners, not to mention their salaries. At the same time, academic Peruvian sociology remains in a blatant silence surrounding “what it is”, “what it is for” and if it could really be a “science”. This essay tries to analyze the problem and show the most useful experiences of “scientification” of sociology in order to give ideas and tools to anyone interested in responding adequately to a new context of national support of scientific knowledge and the ongoing international progress of sociology.  In the first part, I challenge the myth of “uniformity” in science and assess the importance of diversity in the history of sociology as preface to a systematic exposition of the international gaps in the world of scientific publishing and serious as wells as diverse contemporary attempts to make sociology more “scientific”. Ideas about the usefulness of these attempts on the progress of Peruvian sociology are found all along the essay. Finally, some thoughts are offered about the singularities of Peruvian sociology and readers are invited to take action on the issue through the construction of a collective online project.
Palabras clave: History of Sociology, Science, Peruvian Sociology, Sociological Theory, Social Experiments.



Introducción

¿Por qué debería la sociología ser una ciencia? A pesar de todos los avances y debates históricos dentro de la filosofía de la ciencia, los sociólogos peruanos mantienen diferentes ideas sobre el tema. Hoy en día, tomar una posición a favor o en contra de la posibilidad de una sociología “científica”, aparentemente, es considerado algo radical. No obstante, una conclusión de aquellos históricos debates filosóficos, por ejemplo, ha sido la inexistencia de una definición totalmente consensuada en el mundo de lo que hace a una ciencia, una ciencia[1]. Y si los progresos actuales de la sociología norteamericana, para algunos, han puesto fin a la aparente “crisis” de la sociología empírica desarrollada en ese país (McKie y Ryan, 2015), también deben visibilizarse los animados debates tejidos en inglés a través Reddit y ResearchGate, famosos foros on-line, que demuestran diferentes ideas de los anónimos usuarios norteamericanos acerca de si la sociología es o no una ciencia[2].

Varios sociólogos europeos y latinoamericanos han tratado de justificar la existencia y relevancia de la sociología desde sus perspectivas particulares durante el último siglo (Giddens, 2000, Lahire 2006, Jhonson, 2008, Bauman, 2014). En Perú, eso implicó la publicación de varios textos “teóricos” en manos de algunos sociólogos de la PUCP y San Marcos entre 1990 y 2010. Sin embargo, podemos interpretar la existencia de estas publicaciones como síntomas de otro fenómeno. Lo que me gusta llamar “crisis de identidad” en la sociología peruana[3] (generalizando un fenómeno que puede expresarse de forma distinta en Huacho, Arequipa, Huancayo o Lambayeque) se trata del tipo ideal de un problema histórico, institucionalizado y observable en el día a día de los alumnos de pregrado. La frase básicamente expresa que las escuelas universitarias no pueden responder a “qué es” y “para qué sirve” la sociología[4], ni ejecutar proyectos sobre las respuestas posibles, volviéndola (pese a su antigua tradición) irrelevante en el mundo científico, la sociedad y el mercado laboral peruano (Leis, 2002; Sotelo, 2010). Como resultado, una comparación de los datos del mercado laboral de los sociólogos elaborado por la Bolsa de Trabajo PUCP (2014) y Ríos, Huaytalla y Romero (2015) revelan no sólo una desigualdad enorme en los rubros en que trabajan los sociólogos egresados de ciertas universidades a nivel nacional, agrupando a la mayoría en la gestión pública y a una privilegiada minoría en las empresas privadas y consultoras, sino también la desvalorización de habilidades profesionales que no tengan que ver con la investigación o la gestión de proyectos sociales. La misma crisis se relaciona a la diferencia tajante entre academia y profesión encontrada en entrevistas a sociólogos veteranos (Huaytalla, Romero y Vargas, 2013), al debilitamiento del rol del Colegio de Sociólogos y al encarecimiento económico de la investigación universitaria en sociología, poniendo en peligro su existencia como disciplina académica[5].

No obstante, desde la perspectiva del autor, en la situación presente sí existen posibles soluciones, pero eso depende de nuestro atrevimiento cognitivo (sorprende la ínfima presencia de publicaciones sobre esta crisis, y la falta de estrategias viables de solución[6]). Quizá esto sea más fácil de comprender si se atiende la herencia democrática de la universidad latinoamericana y sus varias luchas: responder a este contexto requiere de la colectividad organizada y de una respuesta crítica desde nuestras universidades, así como de diálogos, estrategias y alianzas para tejer un futuro mejor; pero también requiere de curiosidad y de las habilidades necesarias para leer e interpretar la sociología realizada en otros países, utilizándola en nuestro provecho. Este trabajo trata de poner en la mesa algunos datos importantes sobre ella en forma de materia prima para los interesados en nuevas maneras de entender y emprender la sociología. En la primera parte se cuestiona el mito de la “uniformidad” de la ciencia y realzo la importancia de la diversidad en la historia de la sociología, como  a una exposición sistemática de las brechas internacionales en el mundo de la publicación científica e intentos contemporáneos, serios y diversos, de volver a la sociología más “científica”. Finalmente, se ofrecen algunas reflexiones sobre las singularidades de la sociología peruana y se invita a los lectores a tomar acción a través de la construcción de un proyecto colectivo on-line.

La ciencia y la sociología

En un curso online de la Universidad de Ámsterdam disponible a través de la plataforma de cursos gratuitos Coursera[7], entrevistas a tres científicos sociales alemanes revelaron que la constelación científica de las publicaciones académicas en psicología social, ciencia política y metodología cuantitativa, con todo el progreso que han experimentado sus respectivas comunidades científicas en algunos países desarrollados, en realidad gira en torno a la dinámica de refutaciones y competencia que ha permitido la verificación sucesiva de diversas teorías a nivel internacional. Curiosamente, el único sociólogo entrevistado no tuvo interés en estos temas y en cambio parecía más bien desinformado de todo esto (lo que no hace justicia de una serie de sociólogos extranjeros).

El primer sociólogo que trató de manera exclusiva las diferencias entre sociología y ciencia fue, por supuesto, Auguste Comte, cuya consideración de la “sociología” como ciencia natural y política positiva al mismo tiempo (Comte, 1851, 1883) le valió la crítica de Jhon Stuart Mill (Pickering, 2009: 11) y el replanteamiento de la sociología en manos de otros filósofos neoiluministas, incluyendo a Spencer (Agramonte, 1949; Lepenies, 1994). Las diferentes respuestas de los primeros sociólogos a qué cosa era exactamente la sociología (i. e., las de Durkheim, Simmel, Weber, Tarde, Wright Mills o Germani) reflejan la relación particular de cada uno, primero, con respecto de la filosofía social de su época y, en segundo lugar, con respecto de la filosofía de la ciencia a su disposición. Ellos actuaron, más que como “científicos”, como artistas (Nisbet, 1966). El sociólogo peruano Aníbal Ísmodes (1959), antes de mencionar un texto español de 1909, La Paz Social, que contiene veintidós definiciones (sin la influencia alemana ni norteamericana, aún) y citar una lista de su tiempo con cerca de treinta definiciones clásicas de la sociología, asevera que “reina una indiscutible anarquía” en la definición del objeto de la sociología. Sin embargo, un proyecto de una sociología “empírica” o “científica”, en un sentido lógico-empirista, fue originalmente desarrollado en la posguerra, aunque de formas distintas, por la escuela norteamericana de Columbia en Estados Unidos, y, bajo influencia de esta, en Inglaterra (Kent, 1981; Savage y Burrows, 2016), en Alemania Occidental (König, 1973; Alexander, 1992, Mayntz, Holm y Hübner, 2005), y, hasta cierto punto, en Sudamérica (Gonzáles, 1999).

Aún estos intentos estuvieron mediados por cierta comprensión parcial sobre lo que significaba hacer ‘ciencia’ o ‘teoría’ (Hage, 1994). Howard Becker (en Pratt-Chairfield, 1949) señalaba que la ciencia era una actividad humana orientada “hacia la formación sistemática de las probabilidades de repetición, hipotética o real, de determinados fenómenos que, para los fines perseguidos, se consideran idénticos”; mientras, antes de la guerra, Ogburn y Nimkoff (1940) caracterizaron la ciencia desde la  separación de “las creencias, las supersticiones y las falsedades”. Por otro lado, Ísmodes (1959) sigue a Leclerq (1948) al decir que “hoy en día, los gnoseólogos no están de acuerdo sobre el sentido real de la ciencia” (p. 12), y, que “de la crisis del concepto de ciencia se han derivado teorías causales del progreso científico actual” (p. 13).

En dicho sentido, diccionarios estándares demuestran que aún hoy no es lo mismo decir en el mundo “ciencia”[8], “science[9] y “Wissenschaft[10], considerando que existen múltiples posiciones acerca de la unión o desunión del conocimiento científico y asumiendo estas definiciones como fruto de algún consenso mayoritario; mientras, aún un filósofo de la ciencia unificacionista como Gerhard Schurz encuentra problemas para integrar las lógicas de la explicación científica (de acuerdo a él, legalidad, causalidad y unificación -Schurz, 2014). Ya un controvertido historiador de la ciencia demostró en el siglo pasado que teorizar sobre “la” ciencia y “el” método científico es un error a la luz de la histórica suma de irracionalidad y racionalidad debajo de los experimentos de los médicos alejandrinos y los programas científicos de Galileo, Newton y Einstein (Feyerabend, 2008). En adición, la interpretación de la historia de la ciencia como programas de investigación científica (Lakatos y Feigl, 1970) nació de una seria consideración de los argumentos en el debate entre Kuhn, representante de la interpretación del progreso científico por “revoluciones” causadas por descubrimientos accidentales, y Popper, quien asumió una perspectiva racionalista y lógica acerca de la historia de la ciencia. Otra solución, preguntarse por la diferencia entre el conocimiento científico y no-científico, ha resultado en el “problema de la demarcación” sobre el que los filósofos han tomado posiciones muy diferentes[11].

No obstante, reconocer esta diversidad creativa, en palabras de Feyerabend, dentro de la historia de la filosofía de la ciencia así como de la sociología no es una justificación adecuada del argumento en contra de la posibilidad del conocimiento científico, como el constructivismo y el posmodernismo parecen asumir[12]. Todo lo contrario. El mismo Feyerabend llegó a afirmar, luego de decir: “es imposible una teoría de la ciencia”, que: “sólo existe un proceso de investigación, y hay todo tipo de reglas empíricas que nos ayudan en nuestro intento de avanzar, pero que tienen que ser siempre examinadas para asegurar que siguen siendo útiles” (Feyerabend, 2008: 25). Las distintas formas que ha adoptado la ciencia en la historia de diferentes países[13] (demostrando que la ciencia no ha sido únicamente “moderna” y “occidental”), el progreso de la tecnología y el moderno mundo de la publicación científica hablan de la existencia de estas reglas e, incluso, de la integración de varias de ellas (como intenta Schurz, 2014).

La publicación científica internacional

La publicación científica en Perú no produce el mismo impacto colectivo ni recompensas personales que la norteamericana o europea, y menos en sociología. Esto implica que tampoco produce la misma dinámica de críticas científicas ni se caracteriza por la misma exigencia que ha resultado en fuertes “comunidades científicas” alrededor de cientos de revistas en todas las disciplinas, normalmente a través del idioma inglés. Las estadísticas lo demuestran: de las revistas latinoamericanas en el rubro “Ciencias Sociales” en Scimago, sólo un puñado de revistas brasileñas y chilenas (menos de 10 en total) ocupan el “primer cuartil” de las revistas indexadas más citadas[14] en el mundo entero, y ninguna lo hace en el sub-rubro “Sociología y Ciencias Políticas”; en cambio, de las 951 revistas indexadas en “Sociología y Ciencias Políticas” en todo el mundo, 237 pertenecen al primer cuartil, y casi todas son norteamericanas o inglesas[15]. Considérese que justamente la sociología junto con la cienciometría, han desarrollado herramientas y formas de aproximarse a la práctica de las diferentes disciplinas científicas (Mulkay, 1979; Lamo, Gonzáles y Torres, 1994; Agazzi, Echeverría y Gómez, 2008). Esto podría ayudarnos mucho, considerando que sólo hay 4 sociólogos y politólogos peruanos que han publicado en revistas de primer cuartil del mundo entero hasta 2015[16].

Dicha desigualdad, tanto como el manejo básico del inglés, no deben ser limitaciones para que los y las practicantes o estudiantes de sociología en el Perú intenten conocer e incluso competir con la sociología que se hace en otras partes del mundo. Al contrario: debería ser un impulso. El autor de este ensayo intentó contactar personalmente a los editores de algunas revistas de sociología del primer cuartil por medio de e-mail, sólo para descubrir que aquellas están abiertas a recibir contribuciones de estudiantes extranjeros de manera gratuita (casi todas). Aquella realidad debe considerarse seriamente si queremos encarar un contexto de competitividad científica internacional propulsado por internet (Gómez et al., 2009; Leydesdorff y Milojević, 2012; Sparc, 2013; Elsevier, 2014, 2015). Asumir este reto implica someterse a reglas estrictas y un cronograma que puede extenderse por más de un año para un solo artículo. En adición, la exigencia que requiere la publicación de un artículo científico en revistas del primer cuartil tiene un efecto por partida doble: si tenemos investigadores más prospectivos y exigentes consigo mismos, también tendremos una mejor sociología peruana.

La teorización en sociología

Otra forma de explorar la posibilidad de una sociología “científica” es a través de la palabra “teoría” (Powers, 2010). Al hablar de “teoría” sociológica no nos limitemos a las “teorías” de los sociólogos clásicos o a las perspectivas sociológicas que ya vimos o que podemos crear; de acuerdo a lo que es consenso en la filosofía de la ciencia occidental, llamamos así a toda serie relacionada de hipótesis empíricamente fundamentadas sobre la realidad social que cada sociólogo puede crear desde y sobre cualquier lugar del mundo, no sólo un grupo de añejos europeos, eruditos escritores o “capitalistas teóricos” (Glaser y Strauss, 1967). Contra de Jeffrey Alexander (en Giddens y Turner, 1990), y retomando los postulados de Gibson (1968), Glaser y Strauss (1967), Hage (1994) y Russo (2009), es posible sostener que en sociología  es deseable la generación y crítica de teorías realmente científicas. En parte, porque ninguno de los argumentos comunes contra los rezagos del “positivismo” en sociología tienen suficiente poder argumentativo para negar que las ciencias sociales carezcan de referentes empíricos en absoluto, o que no existan las regularidades sociales, o que no se pueda generar teoría desde los datos (Gibson, 1968); ideas que además escapan por completo al positivismo comteano original, como es patente al evaluar la inexistencia de textos metodológicos de Auguste Comte.

Lo mismo puede decirse a partir del análisis de las diversas corrientes en sociología y las propuestas de integración “teórica” de la sociología (Ritzer 1992; Sawyer 2005; Jhonson 2008, Reed, 2011, Corcuff y Singly 2011; Zahle y Collin 2014), de la existencia de libros de texto extranjeros sobre teorías sociales multidisciplinarias (juegos, redes sociales, globalización, intercambio, desarrollo) y teorías sociológicas sobre áreas específicas (sociología médica, del envejecimiento, de las migraciones o de la familia). Todas estas consideraciones deberían bastar para convencernos de que la creación de teorías científicas en sociología es posible y deseable, aunque dicha empresa puede realizarse de maneras muy creativas (Aufrecht, 2010, Jaccard y Jacoby, 2010, Schurz, 2014, Swedberg, 2016).

Una mejor metodología

Cuando un sociólogo inventa una manera relevante de analizar la sociedad, todas las otras ciencias sociales son beneficiadas. Literalmente, el análisis factorial, el análisis del discurso, el análisis de las conversaciones, el análisis de redes sociales, etc., todas técnicas creadas en gran medida por sociólogos y utilizadas hoy por profesiones diversas en el mercado laboral (marketing, diseño de dispositivos digitales, enfermería, biología, etc.). El detalle es que una gran parte de (sino todas) estas metodologías han sido apropiadas, modificadas, optimizadas e investigadas profundamente por científicos sociales norteamericanos. ¿Por qué las ciencias sociales latinoamericanas no han hecho algo parecido? La respuesta puede encontrarse en la inexistencia de un campo de la ciencia llamado “investigación metodológica” o, simplemente, “metodología” en nuestras ciencias sociales.

Aquel campo interdisciplinario es el encargado, generalmente, del perfeccionamiento y avance técnico de los métodos cuantitativos (Groves et al., 2004; Saris y Gallhofer, 2014). Un curso gratuito disponible en Coursera desde hace un par de años, Diseño de encuestas para ciencias sociales (promovido por la Universidad de Michigan), está casi enteramente fundamentado en los avances de dicho campo[17]. El curso inicia presentando algunos conceptos epistemológicos básicos (como ‘precisión’ y ‘exactitud’) y progresa sobre la base de una interpretación del proceso de la recolección de datos cuantitativos como un ciclo comunicativo; por ello, sin despegarse de su objetivo, el curso enseña que la metodología se fundamenta en una teoría comunicacional de marco y, en lo empírico, enseña que una serie de técnicas micro-sociológicas, estadísticas y experimentales (cuantitativas y cualitativas) pueden ser desplegadas para optimizar el diseño y construcción de encuestas (mostrando resultados de investigaciones empíricas sobre los errores de diseño, visualización, orden entre preguntas, etc.).

En cuanto al análisis de la información proveniente de las encuestas, Paul Lazarsfeld (otro sociólogo norteamericano) desarrolló y probó la utilidad de una serie de técnicas para campos específicamente sociológicos como la comunicación de masas, opinión pública y criminología (Bailey, 1993). Pero, al hacerlo, generó un beneficio que también el marketing supo aprovechar. ¿La prueba? Que, a juzgar por sus respectivas páginas web, cada vez con más fuerza algunas empresas de estudios de mercado internacionales como GFK, Ipsos y Datum fundamentan sus productos y trabajo en la investigación metodológica; y que hoy existen certificaciones internacionales a la calidad de la investigación cuantitativa en organizaciones sobre la base de estos progresos (ISO 20252).

Ahora bien, en toda esta exposición, se ha defendido la idea de que no sólo se hace “ciencia” con datos cuantitativos; en teoría, también es posible plantear y medir los objetivos de la investigación cualitativa, así como mejorar sus técnicas por medio de los avances en diferentes disciplinas. Ya algunos han propuesto “estándares” de calidad en investigación cualitativa (Seale, 1999; Malterud, 2001; Hammersley, 2007), y algunas de las empresas mencionadas ofrecen productos que mezclan investigación cuantitativa con cualitativa. También hay una serie de investigaciones interdisciplinarias que científicamente exploran las implicancias de conceptos como “narratividad”, “discursos”, “memoria”, y otros que son bastante comunes en el “análisis” cualitativo (Stanovich, 2011; Martin y Bickhard, 2012; Potter, 2013; Parker, 2014; Brockmeier, 2015; Vassilieva, 2016). Pero hay un método indiscutiblemente científico que ha sido desaprovechado por la sociología académica peruana hasta ahora: la experimentación.

Experimentos sociales

¿Por qué los experimentos son tan importantes para la ciencia? En primer lugar, porque nos permiten probar ideas originales que explican ciertos fenómenos al aislar las variables explicativas que nos interesan y modificarlas para así ver si sus efectos potenciales contradicen o verifican lo predicho por la teoría (o hipótesis). Los experimentos modernos se caracterizan por eliminar variables externas, la precisión en la medición de variables elegidas estratégicamente, el análisis factorial (de conjuntos o probabilidades) y la replicación (Fisher, 1935). Generalmente, en las ciencias sociales, sólo la psicología ha realizado experimentos totalmente controlados para la elaboración o prueba de teorías.

Hubert M. Blalock, fenecido sociólogo americano, desarrolló durante los sesenta una serie de modelos matemáticos para el establecimiento de lo que se llamó posteriormente “análisis de caminos”, base de los modelos de ecuaciones estructurales (SEM, por sus siglas en inglés) utilizados hoy en día por científicos en todo el mundo para diseñar sus experimentos y probar teorías (Barringer, Eliason y Leahey en Morgan, 2013). Esta contribución, entre muchas otras, ha sido la base de la mezcla entre probabilidad, lógica, filosofía de la ciencia e investigación que se ha denominado “análisis causal”, cuyas aplicaciones se extienden a las ciencias sociales (Morgan, 2013). Ahora bien, es parte del sentido común enseñado por nuestras universidades que la sociología (junto a varias otras ciencias sociales) es una ciencia no-experimental. Nótese que, para Holland (1986), “No hay causalidad sin manipulación”; esto es, sin experimentos genuinos. En contraste, Pearl (2009) responde que la característica más importante de la causalidad no es la posibilidad de manipular variables, sino la posibilidad de variación en ciertas variables respecto de la variación en otras; de igual manera, Russo (2009: 31-32) defiende la profunda idea de que los sociólogos, a fin de cuentas, nunca llegan a conclusiones sobre la causalidad sobre la base de la observación de “regularidades empíricas” de relaciones entre variables, aunque a veces así parezca, sino en base a la estimación de “variaciones” entre ellas (véase también Dieks et al., 2012). Por ello, Morgan y Winship (2007: 279), en cuanto a la sociología, mencionan que, “como analistas observacionales, somos capaces de concebir las condiciones que seguirían de una hipotética (pero quizá físicamente imposible) intervención” (traducción propia);

Para Jackson y Cox (2013), existen tres grandes tipos de experimentos en ciencias sociales: de laboratorio, de campo y “de encuestas”. Los primeros son los experimentos utilizados generalmente en psicología social e individual y, a veces, en campos como la economía del consumidor y la administración, e involucran la utilización de un mismo tratamiento para dos grupos de personas formados de manera muy cuidadosa o “aleatoria”  (uno de personas “tratadas”, y el otro “de control”), mientras se controlan todas las otras variables que pudiesen intervenir (Martin y Sell, 1979, Webster y Sell 2014). Ejemplos de este tipo son los clásicos experimentos de Hawthorne y varios experimentos sobre relaciones sociales llevados a cabo en la psicología social americana. Los experimentos de campo involucran el control de una intervención sobre un grupo aleatoriamente elegido de personas, frente a otro no afectado y de “control”, a través de un estímulo artificial que simula un estímulo “natural” (como la dicción de una frase racista o una política adoptada por el gobierno) y la medición u observación de sus efectos en ellas (Harrison y List, 2004; Gerber y Green, 2012). De este tipo se han realizado al estudiar el racismo y las respuestas de las personas a distintos estímulos, así como en los llamados “experimentos sociales” (e. g. Greenberg y Shroder, 2004) que en realidad son evaluaciones de los efectos de las políticas públicas sobre variables específicas en dos poblaciones distintas. Finalmente, los experimentos “de encuestas” utilizan los beneficios de las encuestas de hogares (en especial, su generalidad) para hacer “experimentos de campo” a gran escala y utilizando diversos estímulos o “intervenciones” en diversos grupos humanos aleatoriamente elegidos

A esta clasificación de diseños experimentales (que también pueden desarrollarse y experimentarse a través de la investigación metodológica, e. g., utilizando encuestas por internet - Dillman, Smyth y Christian, 2014) es preciso añadir otros tres grandes tipos: los llamados “cuasi-experimentos”, ejecutados cuando no es posible la selección aleatoria de grupos de personas pero sí la intervención medida (Mark en Hesse-Biber y Leavy, 2008); los experimentos “naturales” (Dunning, 2012), realizados cuando se desean observar directamente fenómenos externos no controlados y sus efectos como “intervenciones”, a la vez que alguna técnica de aleatorización; y, cuando ni la aleatorización ni la intervención en el mundo real son posibles, siempre es posible la simulación artificial basada en agentes, una metodología que consiste en concebir “personas” o “agentes” como pequeños programas autónomos y observar la conducta simulada, aleatoria y “social” de estos como producto de algoritmos automáticos que podrían hacer las veces de una teoría social o una serie de variables hipotéticas relacionadas y ejecutadas caóticamente por el programa, tal como sucede en un juego de computadora con un jugador que es en realidad una inteligencia artificial (Sawyer, 2005; Gilbert y Troitzsch, 2006; Lenhard, Kuppers y Shinn, 2007; Castellani y Hafferty, 2009; Edmonds y Meyer, 2013).

Aunque no es posible con el último método “explicar” cosas, sí lo es crear teorías y predicciones sobre datos reales (Whitehouse et al., 2012). Finalmente, es posible decir que todos estos diseños experimentales tienen relación con el así llamado método comparativo utilizado en diferentes ciencias sociales, lo cual también es una opción válida para realizar explicaciones o crear teorías a juzgar el avance que han experimentado los estudios de caso en sociología (Glaser y Strauss, 1967; Sartori y Molino, 1991; George y Benett, 2005; Ragin, 2008; Pérez-Liñán, 2008). Todos los métodos experimentales son compatibles con técnicas mixtas de recolección de datos, y (se sugiere) también de análisis de datos (incluso la simulación artificial de sistemas sociales, según Dilaver, 2015); lo específico de la experimentación es la identificación precisa de estrategias de diseño para la determinación de explicaciones basadas en variaciones entre variables.

Sociología aplicada

No nos detengamos ahí. Alguien podrá pensar que tanto esfuerzo no vale la pena; pero, ¿qué pasaría si hubiese una forma de desarrollar la sociología “aplicada” por medio de investigaciones científicas sobre la aplicación de diferentes intervenciones sociales? Este tipo de investigaciones se realiza hoy en trabajo social, comunicación para el desarrollo, educación para adultos (y cualquier otra clase de pedagogía), enfermería, medicina (manual de Cochrane), administración pública (gestión de políticas públicas) y otras ‘ciencias del servicio’. ¿Y qué de lo que podríamos denominar “sociología aplicada”? Un avance, quizá, es la existencia de una Asociación para la Sociología Aplicada y Clínica con sede en Michigan, Estados Unidos, una sección de Práctica Sociológica y Sociología Pública en la Asociación Americana de Sociología (ASA, por sus siglas en inglés) y una serie de cerca de 20 libros de la serie “Sociología Clínica: investigación y práctica” de la editorial Springer[18]. Como debe notarse, la mayor parte de estos avances se realizaron en Estados Unidos.
Puede seguir pensándose, sin embargo, que la sociología, por su naturaleza, encuentra dificultades que otras disciplinas aplicadas no. ¿Cuál sería en todo caso la característica distintiva de una sociología aplicada? Esa pregunta fue respondida varias veces por la sociología norteamericana (Ward, 1906; Gouldner y Miller, 1965; Whyte, 1998; Burawoy, 2005; Jeffries, 2009); y ha logrado cubrir temas como intervención en comunidades, resolución de conflictos sociales, investigaciones sobre las instituciones de ayuda social (mayores de edad), sociología de la salud, entre otros (véanse los títulos de la mentada serie de Springer). Nótese que muchas son investigaciones comparativas de las aplicaciones de la sociología, lo que beneficia a los lectores, generalmente otros sociólogos y estudiantes de sociología de habla inglesa.

Pensemos en aquello que aún no se ha inventado. La sociología latinoamericana mantuvo siempre una fuerte relación con la filosofía social, p. e., diferentes versiones del marxismo (Marini y Millán, 1995 y De la Garza y Barbosa, 2006). Quizá es posible reconocer esa herencia, hacer “ciencia”, y al mismo tiempo aprovechar la clase de conocimiento proporcionado, por ejemplo, por la ingeniería de proyectos con sus diferentes sistemas de gestión (PMI, PRINCE2, metodologías ágiles, etc.), la investigación participativa (SAS2) y la investigación evaluativa (Stufflebeam y Coryn, 2014). En este punto, debemos volver a los debates filosóficos en la filosofía de la ciencia: en específico, la relación ambigua entre ciencia y tecnología[19]. Para algunos, la sociología no debe ser considerada una ciencia aplicada, sino una profesión, y preferirán especializarse en tareas no relacionadas a la investigación ni a la academia (llamemos a estos “sociólogos anti-intelectualistas”); para otros, en cambio, la necesidad de la relación entre “aplicación” y “ciencia” sería sumamente beneficiosa (llamémoslos “intelectualistas”). De manera significativa, una de las conclusiones filosóficas de este debate y de otros parecidos en la filosofía de la ciencia es, curiosamente, la justificación del “pensamiento de diseño”. Además, en ambos casos, realizar investigación, escribir y mejorar los métodos de aplicación es la forma más práctica, altruista y determinante de democratizar conocimientos que, de otra forma, permanecerán como propiedad de entes particulares. Por el contrario, y de manera más importante, la creación, valorización y difusión del conocimiento tecnológico o científico que podamos o queramos producir como algo propio tiene relación con el uso de las patentes, con lo que se conoce mundialmente como “transferencia tecnológica” (Liu et al., 2009, Hsiu-Ching et al., 2013), ¡y hay quien ha pensado en la transferencia tecnológica-social! (Stöckelová, 2012).


Conclusiones: especificidades de la sociología peruana

En definitiva, la sociología peruana se encuentra relegada, junto a otras ciencias sociales, ya en términos de presupuesto y oportunidades para investigar por parte de entidades oficiales como el CONCYTEC (la falta de científicos sociales la lista de premiados por haber publicado en revistas prestigiosas nos da un primer atisbo[20]) como de puestos de trabajo donde se valoren nuestros conocimientos justamente y de maneras innovadoras. Sin embargo, prohibir y limitar la posibilidad de hacer ciencias sociales peruanas bajo estándares mundiales de rigurosidad científica es responsabilidad, es cierto, del personal docente en nuestras facultades de ciencias sociales, pero también de nosotros como profesionales particulares: la universidad y los journals privados deberían ser, por excelencia, los centros creación y experimentación de nuevo conocimiento científico, a excepción quizá de los centros de investigación privados o públicos[21] (e. g., Grade y CIES para la investigación socio-económica, y CENSOPAS para la salud ocupacional) y las empresas (con sus propios objetivos). Aunque ambos espacios parecen propicios y aun financieramente beneficiosos, hay un par de cosas que hacen único al espacio universitario. Por ejemplo, si bien casi todos los journals de socioogía más famosos en Scimago se han independizado total o parcialmente de las instituciones que originalmente los patrocinaron para constituirse en organizaciones independientes, sus contribuyentes son generalmente investigadores ligados a diversas universidades en el mundo.

En ese sentido, aprovechar ideas, métodos y resultados de investigaciones provenientes de un país distinto para mejorar nuestra sociología no debe ser ningún motivo de vergüenza. En ese caso, la aprobación a veces acrítica que gozan en el Perú las teorías sobre la ética protestante de Weber o de la plusvalía de Marx, creadas con referencia a contextos y en tiempos muy alejados a los nuestros, debería serlo también. Mirando al pasado, en consenso con Ritzer (1992), es posible que la mayoría de nuestras teorías sociológicas favoritas sean reinterpretaciones de otras tradiciones (incluyendo aquí, por supuesto, a todo tipo de marxismo o teorías críticas). Sobre todo, recordemos que la sociología es también un arte, y lo ha sido aún en Perú; pienso que debemos asegurar la diversidad en la definición del objeto de la sociología, y eso sólo será posible si examinamos su historia global y peruana a detalle.

Por otro lado, en un contexto en el cual contamos con una nueva ley universitaria que crea sistemas de investigación acreditados[22], incentivos tributarios para investigación y desarrollo[23], incentivos para la publicación de revistas científicas[24], incentivos para la innovación social [25] [26] [27] [28] [29] [30] [31] , e iniciativas públicas a favor de proyectos de innovación[32] y transferencia tecnológica[33], ¿por qué alarmarse si alguien propone la posibilidad de una o varias sociologías científicas? Esto no se trata de encontrar al nuevo ‘sociólogo más importante’, al ‘mejor metodólogo’ o de establecer una o varias ‘polémicas’ como las que vemos en la farándula de nuestros medios locales. Tampoco se trata de desdeñar la importancia de lo que ya existe ni de las tendencias imperantes en sociología. Toda esta reflexión e investigación se trata de proponer algo nuevo empezando por la asimilación y transformación completa de la serie de ideas que nos provee la sociología realizada en otros contextos, algo que genere una marca duradera en nuestras escuelas de sociología y vuelva a nuestra carrera relevante en la sociedad.

Más allá del sueño, su realización implica trabajo duro y constante con el que nos animemos entre nosotros y con el que podamos obtener nuevos servicios de calidad que llevar al mercado, creando competencia y mejorando la manera en que hoy en día se hace la sociología. En principio, este trabajo requiere fomentar nuestra la redacción, utilizar la tecnología en nuestro provecho, tener un hambre de nuevas experiencias laborales, crear iniciativas grupales y luchar por manejar el idioma inglés. Pero también necesitamos de más propuestas. Mi idea personal es la formación de un Grupo de Estudios sobre Diversidad, Identidad y Utilidad de la Sociología (GEDIUS) en San Marcos. Todo aquel que esté interesado en el proyecto está invitado a contactar al autor de este ensayo[34].

En este ensayo, mi intención ha sido despertar curiosidades múltiples en e introducir varias herramientas a un público de sociólogos y estudiantes de sociología de todas las universidades peruanas. Recordemos la pasión que nos impulsó a estudiar esta carrera, una que nos hacía soñar con ayudar a la gente o cambiar el mundo. Si no abrimos los ojos al mundo científico actual y a las diversidades ventajosas de la sociología, aquella se apagará con el tiempo. Esa pasión tiene el potencial de idear, descubrir, lograr cosas, y seguir siendo humilde; y puede inyectar optimismo en los estudiantes y profesores abatidos. Soy testigo de eso. Si no la cuidamos, desaparecerá totalmente; no dejemos que eso suceda. Construyamos una sociología sobre los principios científicos actuales.

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[3] En un curioso paralelo a algo que Lynch dijo sobre la sociología política peruana de los noventa (Lynch 2001).
[4] Es triste descubrirlo a través de una visita a las páginas web de varias escuelas de sociología en el Perú, a excepción de algunas (PUCP, Villareal).
[5] Para entendernos mejor, recuérdese el espíritu de la reforma Universitaria en progreso (http://reformauniversitaria.pe/que-es-la-reforma-universitaria/lineamientos-de-la-politica/).
[6] Creo que algo así como una propuesta de ‘ley del sociólogo’, como la propuesta por el profesor Dammert, considerando cómo se obedecen las leyes en nuestro país, no es una solución del todo acertada.
[7] Quantitative Methods, Universidad de Ámsterdam, Coursera, 2015-2016. [https://es.coursera.org/learn/quantitative-methods].
[8] “1. f. Conjunto de conocimientos obtenidos mediante la observación y el razonamiento, sistemáticamente estructurados y de los que se deducen principios y leyes generales con capacidad predictiva y comprobables experimentalmente. 2. f. Saber o erudición… 3. f. Habilidad, maestría, conjunto de conocimientos en cualquier cosa… 4. f. pl. Conjunto de conocimientos relativos a las ciencias exactas, físicas, químicas y naturales.” Tomada de: http://dle.rae.es/?id=9AwuYaT.
[9] “1: estado de conocer: conocimiento distinguido de la ignorancia o malentendidos; 2a: departamento de conocimiento sistemático como un objeto de estudio (<la ciencia de la teología>), b: algo (como un deporte o técnica) que puede ser estudiado o aprendido como conocimiento sistemático <hacer de ello una ciencia>; 3a: conocimiento o un sistema de conocimiento que cubre verdades generales o la operación de leyes generales especialmente obtenidas y probadas a través del método científico, b: dicho conocimiento o dicho sistema de conocimientos concernientes con el mundo físico y sus fenómenos: ciencias naturales; 4: un sistema o método reconciliando fines prácticos con leyes científicas <la cocina es tanto una ciencia y un arte>.” Obsérvese la amplitud de significados que el término adopta en contraste con la primera definición. Traducción propia; tomada de: http://www.merriam-webster.com/dictionary/science.
[10] “1. (Un razonado, ordenado, con objetivos de certitud de opiniones) conocimiento que produce la actividad de investigación en un área particular. 2. El conocimiento individual sobre un determinado asunto”. Traducción adaptada y realizada mediante Google Translate; tomado de: http://www.duden.de/rechtschreibung/Wissenschaft. En adición, compárese lo que la Standford Encyclopedia of Philosophy tiene que decir sobre la palabra Wissenschaft: “La palabra inglesa “science” es mayormente usada acerca de las ciencias naturales y otros campos de investigación que son considerados similares a ellas. Por ende, la economía política y la sociología son contadas como ciencias, mientras los estudios de literatura e historia usualmente no lo son. La palabra alemana correspondiente, Wissenschaft, tiene un significado mucho más amplio e incluye todas las especialidades académicas, incluyendo a las humanidades”. Traducción propia; tomado de: http://plato.stanford.edu/entries/pseudo-science/.
[12] La crítica de Jean-François Lyotard hacia la gran narrativa de la ciencia occidental parece haberse basado en una malinterpretación de los libros de Feyerabend. Véase: https://terenceblake.wordpress.com/2016/06/27/feyerabend-lyotard-and-postmodernism-1-ambiguities-and-convergences/.
[13] Búsquese, por ejemplo, “History of science” en Google Libros. Entre los resultados se hallarán investigaciones interesantes acerca de la ciencia en diversos países.
[14] Scimago utiliza un índice que incorpora citas, documentos, búsquedas y diversidad de contenido. El “primer cuartil” es el primero de cuatro cuartiles distinguidos por colores en función de dichos índices.
[15] Véase: http://www.scimagojr.com/journalrank.php?area=3300&country=Latin%20America&min=0&min_type=tc; http://www.scimagojr.com/journalrank.php?area=3300&country=Latin%20America&category=3312; http://www.scimagojr.com/journalrank.php?category=3312&area=3300&page=3&total_size=951. Es curioso que el Latindex (www.latindex.org/) no cuenta con un ranking especializado, en detrimento de nuestras comunidades académicas.
[16] Información de Scopus, disponible aquí: http://www.scimagojr.com/shapeofscience/
[17] Questionnaire Design for Social Surveys, Universidad de Michigan, Coursera, 2014-2016. [https://es.coursera.org/learn/questionnaire-design]
[18] El resumen de la obra International Clinical Sociology (Fritz, 2008) señala que: “International Clinical Sociology muestra el arte y la ciencias de los sociólogos clínicos de alrededor del mundo. La sociología clínica es una especialización creativa, humanística y multidisciplinaria que buscar mejorar las situaciones de vida de individuos y colectividades. Los sociólogos clínicos trabajan con sistemas clientes para enfrentar situaciones y prevenir, reducir o eliminar problemas a través de una combinación de análisis e intervención.” En adición, la lista completa de títulos de la serie está disponible aquí: http://www.springer.com/series/5805?detailsPage=titles.
[21] Es cierto que el Latindex lista cerca de 450 revistas publicadas por universidades y otras organizaciones peruanas, aunque pocas de estas figuran en el “primer cuartil” de Scimago. Véase: http://www.latindex.org/latindex/tablaPais?id=35&id2=0.
[22] Ley N° 30220
[23] Ley N° 30309



Diego Mauricio Paucar-Villacorta.- Estudiante de último año de sociología en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Interesado en sociología aplicada y sociología del desarrollo, además de sociología de la religión y metodología. 


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