El futuro del cine peruano | Luis Ivan Padilla Moron

08:22:00


El espectador peruano se queja constantemente del cine nacional. La queja no es arbitraria. Las más recientes  producciones nacionales, específicamente las producciones limeñas, han tenido una baja calidad, por no decir mediocre.



Las producciones nacionales parecen orientadas a priorizar la demanda de un supuesto consumidor promedio –producto de estudios de mercado que pretenden asegurar el ‘éxito de taquilla’– en detrimento de enfocarse en construir obras de calidad que inviten al espectador a potenciar su apreciación sobre el arte y su relación con la vida cotidiana a nivel teórico y  práctico.

Esto puede deberse a que el cine, como muchos otros artefactos culturales, está inserto dentro de la lógica del mercado, en la cual la ley de la oferta y la demanda es total y totalizante. Los consumidores, claro está, tienen el derecho de consumir lo que deseen, siempre y cuando dicho consumo exista dentro de un marco normativo que defienda los derechos del consumidor y los derechos civiles fundamentales. Al margen de ello, ¿por qué la gran mayoría de producciones cinematográficas nacionales tienden a caer en la repetición, el reciclaje barato e incluso en la obscenidad?

Como se dijo anteriormente, una de las razones es porque existe un público demandante de ese tipo de cine. La discusión sobre si ese tipo de cine es bueno o malo, puede ser interminable. Sin embargo, el público tiene derecho a consumir por lo que conscientemente está pagando. Por esta razón, vale la pena preguntarnos ¿El público es consciente de lo que hace?

Tratar de responder a la ligera, inevitablemente podría transportarnos a una posición jerárquica desde la que pretenderíamos decirle a un grupo de personas que hacer y qué no. Por lo tanto, hay que coincidir en que al margen del tipo de cine que se les dé, el público –asumiendo que es ciudadano y responsable– tiene todo el derecho a consumir lo que le plazca.

Otra razón por la cual la mayoría de producciones nacionales caen en la mediocridad, es sencillamente por la falta de una cultura en la que el cine posea valor social. El cine nacional y extranjero que llega a nuestras salas es generalmente un cine mercancía que, debido a la necesidad de generar la mayor cantidad de utilidades posibles, rota rápidamente en los canales de compra y venta de nuestro circuito cinematográfico nacional. Los compradores y a la vez vendedores de ese tipo de cine, las cadenas de multicines, no reparan detenidamente en la calidad del producto, ofreciendo así producciones tan descartables como una comida “fast food”.

Un ejemplo gráfico de esta realidad es el estreno de “Siete Semillas”, producto cinematográfico nacional de Tondero Producciones. Comencemos por relatar el argumento de la obra: Un hombre, exitoso, emprendedor y padre de familia vive una crisis interna que lo obliga a replantear su estilo de vida, ayudado por una suerte de gurú espiritual, quien lo guía hacia la felicidad. El argumento, basado en un libro de ‘autoayuda’ del conocido escritor David Fischmann, es la historia arquetípica del sujeto ciudadano emprendedor que una vez superada la movilidad social, encuentra la felicidad en formas tradicionales de experimentar su realidad más próxima.

La realidad histórica explica que desde finales de la década de los 70, con la crisis financiera global que se vivió entonces, hubo un viraje económico y cultural a lo que ahora se conoce como ‘Neoliberalismo’. Los gobiernos de Thatcher y Reagan comenzaron con el pie en alto en el mundo, desembocando en que las relaciones internacionales y las relaciones sociales dentro de los países que experimentaron las políticas neoliberales, se transformaran hasta el día de hoy.

La sociedad peruana experimentó de forma tardía estos cambios durante la década de los noventa, empezando a romper con ciertos lazos materiales y mentales con el tipo de sociedad semi tradicional en la que se vivía antes y también, claro está, por influencia de las migraciones del campo a la ciudad que se dieron en décadas anteriores.

En un artículo de los 80 publicado en la New Left Review, el historiador Inmanuel Wallerstein planteó que aquello conocido como “burguesía” por los estudiosos decimonónicos e intelectuales marxistas de la primera década del siglo XX , se estaba transformando debido a las sucesivas crisis financieras acontecidas durante la segunda mitad del siglo pasado. La visión del burgués de antaño, propietario de los medios de producción, de quien John Rockefeller fue un ejemplo muy gráfico había cambiado hacia el gran gerente corporativo con un gran background educativo, el CEO.

Por ello, no es raro que a finales de la década de los 70, aparecieran tantas ofertas educativas en los países capitalistas centrales y aparecería tanta literatura de autoayuda orientada al éxito profesional. Esto, por supuesto, llegaría con retardo al Perú y no es coincidencia la ley de la liberación de mercado educativo de Fujimori y la asfixiante cantidad de literatura de autoayuda que aparece como un alud en las ferias de libro de todos los años en Lima.  

Entonces ¿“Siete Semillas” es parte de este movimiento cultural? Quizá solo sea un signo de que dicho movimiento ha llegado con retraso a nuestro país. Y no solo “Siete Semillas”: las dos “Asu mare” -donde el personaje también es una suerte de emprendedor “criollo”- y “Paraíso” (2010) de Héctor Gálvez, entre otras películas.

Quizá sea muy temprano para hablar de una época del cine peruano diferenciada de otras, como durante la década de los 80 en la que claramente se quiso expresar el aspecto marginal de las periferias de Lima durante la última oleada migratoria hacia nuestra capital, aunque esto podría explicar el gusto del consumidor por aceptar este tipo de películas.
Quizá otra razón por la cual nuestro cine se mantiene en un nivel bajo de calidad es por una cuestión, muchas veces repetida a modo de muletilla: No hay suficiente apoyo y presupuesto para producciones de calidad. Esta es una verdad a medias. No es directamente proporcional un presupuesto alto con una película de alta calidad. Evidencias en la historia del cine hay muchísimas.

Sin embargo, un factor que se mantiene a veces oculto es el siguiente: el cine nacional es mediocre porque los productores y directores subestiman al público. Existe una creencia arraigada respecto a que la audiencia masiva, la ‘masa’, no va a comprender un tipo de cine distinto al denominado ‘comercial’. Que los llamados ‘sectores populares’ son cerrados sobre sí mismos y no son capaces de comprender un tipo de cine alternativo y de calidad. La creencia de que este público es ignorante por carecer de un alto nivel educativo,  puede ser un reflejo de lo antes escrito. Pretender no ofrecer al público algo más que la lógica del circuito cinematográfico comercial puede hacer olvidar que otras producciones e intentos de hacer un cine de calidad, no necesariamente con altos índices comerciales, también son importantes.

El debate acerca de que producciones artísticas son de calidad y cuáles no, necesariamente desemboca en los conocidos debates acerca de elites versus sectores populares y el arte como un instrumento de poder. Esa discusión tiene décadas de abierta y probablemente nunca habrá consensos. Pero en lo que sí se puede coincidir es que el cine comercial no debe ser el único en la oferta de cine que se le da al público.

El cine comercial tiene derecho a ser ofertado, pero no debe convertirse en el único ni siquiera en el que posee la hegemonía de la oferta cinematográfica nacional. Aceptar esa realidad es aceptar que ahora en adelante la calidad del cine va a estar sujeta a las leyes del mercado, y dentro de las leyes del mercado, quien administra la justicia es quien tiene el poder de la producción y la mercantilización. ¿Quiénes son estas personas? Sabemos que Tondero Producciones intenta posicionarse pero si sus producciones son cualitativamente paralelas a las últimas que ha hecho, no esperemos en futuro prometedor.

Necesitamos más que nunca cineastas comprometidos con creaciones que pretendan ser trascendentales. Total, y siendo maniqueos, el mercado también recompensa, a mediano o largo plazo, a la producción destinada a grandes objetivos. El mercado también galardona la especialización del trabajo.





Luis Ivan Padilla Moron. Bachiller en historia por la Pontificia Universidad Católica del Perú, actualmente haciendo su tesis sobre HIstoria del cine y migraciones en Lima. Sus áreas de interes académico son el cine y la historia política en el siglo XX.

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