¿Un nuevo dilema en las izquierdas? Comentarios sobre la candidatura de Verónika Mendoza | Javier Aguilar

16:44:00

Todo anuncio de un nuevo candidato a la presidencia del país da que hablar, y esta vez ha sido el turno de la pre-candidatura de Verónika Mendoza, quien participará en los comicios primarios del Frente Amplio[1]. Si bien los candidatos que pueden captar el voto de la derecha ya están definidos, la  izquierda aún se encuentra huérfana, y muchos esperan que Mendoza pueda liderar un proyecto que pueda seducir también a los votantes de centro, de modo que se pueda competir con quienes actualmente van liderando las encuestas de opinión.

Sin embargo, creo que realizar dicho objetivo tendrá dos problemas fundamentales: el primero, que la “izquierda” es una categoría sumamente ambigua que alberga dos tipos de votantes aliados pero muy diferentes y, además, que Verónika puede perder su imagen de persona “consecuente” rápidamente, sobre todo si se presta a alianzas que, irónicamente, podrían beneficiar tanto a ella como al Frente Amplio (FA).

En primer lugar, puedo afirmar que la “izquierda” peruana está compuesta por progresistas y marxistas/radicales (he visto un par de radicales no marxistas), que por la precariedad del debate político han acabado en un mismo saco. Las diferencias son claras y, quizás, irreconciliables.

Fuente: Internet.

Por un lado, los progresistas son liberales moderados que - como señaló Alberto Vergara en su célebre diagnóstico del liberalismo peruano - debido a que el “establishment” liberal se encuentra tan, pero tan a la derecha, son considerados por varios opinólogos como comunistas. Los progresistas conceden que el libre mercado posee deficiencias y que la desigualdad socioeconómica es un problema que debe de ser abordada por el estado. Les preocupan los temas institucionales, no se escandalizan al hablar de una intervención del Estado en ciertos aspectos de la sociedad (y hasta lo promueven), la mayoría promueve el laicismo del Estado, y temas vinculados a derechos de minorías. 

Los marxistas, por su parte, son más radicales en sus cuestionamientos al sistema económico, muchas veces han pedido un “cambio de modelo” y uno de constitución, a veces no queda claro si se oponen a todo tipo de minería o no, y utilizan una retórica para algunos anticuada.

Existen puntos de encuentro entre ambos bloques, pero también muchos desencuentros, que Verónika u otro candidato del FA tendrán que navegar delicadamente. El primero de estos desencuentros se manifestó ayer, y está relacionado con el fantasma de Hugo Chávez, que parece recorrer todos los rincones del mundo. Pero aunque muchos sectores desde las izquierdas pretendan ignorarlo, es ya un problema real y más todavía ad portas de una nueva campaña presidencial: los progresistas no titubean en condenar las acciones de Chávez y Maduro en Venezuela, ni el régimen que actualmente gobierna Cuba; mientras que marxistas y radicales se escandalizan cada vez que se cuestiona a ambos y validan mucho de su accionar. Cada uno de estos bloques espera que el candidato se manifieste a su favor y con fuerza, y será imposible para Verónika mantener a ambos grupos contentos.

Por otro lado, y siguiendo con lo anterior: ganarse la aprobación y la etiqueta de “coherente” del sector más radical no es fácil. Ya hay personas que están buscando en el pasado de Verónika cualquier cosa para plantear un cuestionamiento que pueda llevar a desacreditarla políticamente (y lo mismo harán con cualquier candidato hasta que aparezca alguna suerte de Pepe Mujica peruano, o incluso alguien más “santo”). Ya he visto memes que le increpan su votación a favor de la intervención militar estadounidense; me animo a pensar que vendrán más así. Y el verdadero problema está en el futuro más que en el pasado: la campaña va a obligar a Verónika a negociar con otro tipo de actores políticos, y dentro de sus votantes existen también quienes se van a oponer a dichas negociaciones, creyendo que se trata de concesiones.

Así, por el momento la “izquierda”, con sus progresistas y marxistas/radicales, ven con buenos ojos a Verónika; pero su pre-candidatura concentra muchas expectativas tan diferentes y conflictivas entre un grupo tan heterogéneo de votantes, que es muy aventurero pensar que sus distintas facciones  quedarán todos aliados bajo la misma bandera al final de este proceso electoral. El dilema de siempre y el anhelo repetitivo que no termina de cuajar desde Barrantes y que pareciera que esta vez, no sería la excepción.



[1] Javier Aguilar. Bachiller (en proceso) de Historia por la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP). Se desempeña como asistente de investigación en el Instituto de Estudios Peruanos (IEP) y como Jefe de Práctica en la PUCP. Busca especializarse en temas de Historia Política y de Historia de la Comunicación.

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