Grandes escándalos en el Estadio Nacional de Lima (1953-1965): contextos para entender una vieja y problemática realidad[1] / Ernesto Moreno Ampuero

15:28:00

En mayo del 2014 y a poco de iniciarse el vigésimo campeonato mundial de fútbol (Brasil 2014) en nuestros lares se cumplió 50 años de la mayor tragedia ocurrida en un campo deportivo peruano, teniendo como marco un partido de fútbol. Sí, nos referimos a la catástrofe del Estadio Nacional de Lima en aquella tarde del domingo 24 de mayo de 1964, día en el que nuestro primer escenario lució abarrotado de 47, 155 personas –según estadísticas arrojadas por diarios de la época- pero que en realidad fueron cerca de 55 mil los que colmaron las graderías del coloso de José Díaz (La Prensa 21/05/1965). Aquella infausta jornada terminó con un saldo trágico (de acuerdo con cifras oficiales) de 312 fallecidos producto de la asfixia y aplastamiento sufrido tras la estampida humana que pugnó por salir del coloso, topándose con todas puertas cerradas. Sin embargo, revisando las imágenes y versiones de numerosos testigos, las víctimas de los lamentables sucesos fueron muchísimas más de las que se contabilizaron (IPD 2011: 94), no solo en el mismo estadio, sino también durante las trifulcas y saqueos producidos en sus inmediaciones hasta altas horas de la noche.

La hecatombe, desencadenada por un polémico gol anulado en el partido que enfrentaba a las selecciones amateurs de fútbol de Perú y Argentina con ocasión del torneo Preolímpico de Tokio 1964, fue quizás el punto más álgido de una década de agudas tensiones político-sociales en la capital y el resto del país, que también se vieron reflejadas en el deporte rey. Sin embargo, no se trató del único triste capítulo por recordar. En varias oportunidades, anteriores al mencionado episodio, también se presentaron reprochables desmanes del público en las tribunas, que por poco no acabaron en el mismo fatal resultado y que en los siguientes párrafos expondremos.

La violencia y la protesta radical se habían enquistado en el seno de la sociedad de entonces y adquirieron un particular significado político. Para entender la tragedia, no debe recurrirse exclusivamente a factores netamente futbolísticos o deportivos como el error humano de tener cerradas las puertas de acceso al estadio, el fanatismo del embriagado Víctor Matías Campos Vásquez, alias “negro Bomba”-, o las desacertadas medidas policiales de arrojar gases lacrimógenos a las tribunas Oriente y Norte. Hubo otros factores que explican la descomunal cantidad de muertos y desbordan al plano futbolístico. Recordemos que el Perú de la década del 60’ del pasado siglo estuvo marcado fuertemente por una crisis económica, política y social: era la agonía del poder de la Oligarquía en el país (Pease 1980: 17). Un clima convulsionado por la aparición de los movimientos guerrilleros[2] -como los ocurridos en Piura, Cusco y campesinos que pugnaban por el reparto de la tierra a través de la Reforma Agraria (Contreras y Cueto 2007: 314). Es más un año después (1965) hubo una similar que, felizmente, no llegó a mayores pero demostró que no se había aprendido la lección y lo político del problema de la violencia. A continuación un breve recuento de otros escándalos y broncas en el mismo recinto deportivo que bien pudieron acabar en la tragedia:

Sudamericano de Fútbol de 1953

Perú hizo historia al derrotar por primera vez, y con gol de Luis Navarrete, al favorito Brasil en el máximo torneo de fútbol que congrega a las selecciones de esta parte del continente. El campeonato -que fue organizado por Paraguay- se celebró íntegramente en Lima y tuvo como único escenario el recientemente remodelado Estadio Nacional, obra de Manuel A. Odría (CONMEBOL 2007: 187), obra ejecutada a merced de la bonanza económica que vivió su dictadura por la coyuntura internacional donde resaltaba la gran demanda de productos a partir de los países contendientes en la Guerra de Corea (Contreras y Cueto 2007: 296). El expresidente Odría había puesto mucho énfasis en la realización de este torneo de acuerdo con sus prédicas populistas, fines proselitistas y de legitimación del gobierno de facto[3], en un clima social adverso donde destacaba la represión de libertades y persecución a sus opositores políticos a través de la tristemente célebre “Ley de Seguridad Interna” (Klaren 2004: 367). La noche del jueves 19 de marzo de aquel año, Lima y el país entero festejaron con mucha algarabía el épico triunfo nacional sobre el temido ‘scratch’, país al que se le reconocía tener la batuta del balompié sudamericano de la época. El nuevo Estadio Nacional, lleno de bote a bote con 50 mil asistentes en su interior y alrededor de mil personas que se quedaron sin ingresar, fue testigo de la memorable victoria pero también de un censurable incidente que protagonizaron los jugadores de la selección brasilera al término del encuentro (El Comercio 20/03/1953).

El escándalo fue provocado por los “cariocas” quienes malos perdedores, al finalizar el partido, no aceptaron la derrota con hidalguía y agredieron cobardemente al referee inglés Charles Mackenna en señal de impotencia y en protesta por un supuesto mal arbitraje que los perjudicó. Los suplentes de Brasil ingresaron al campo para reclamar y en confusa reacción rodearon al juez en momentos que el público se abalanzó sobre los futbolistas peruanos para celebrar y premiarlos por su brillante actuación (La Prensa 20/03/1953). Es aquí cuando el escándalo se generaliza. El volante Danilo y el defensa Djalma Santos fueron sindicados como los autores de las desleales acciones en contra del árbitro; el primero le aplicó un furibundo pelotazo en la cara y el segundo una artera patada en la nuca cuando Mackenna caía conmocionado. Antes que el tumulto organizado degenere en una terrible batalla campal que lleve a funestas consecuencias, la policía en rápida y enérgica intervención sofocó el cuadro y envió a los iracundos brasileros a sus camerinos.

Sudamericano de Fútbol de 1957

Lima era escogida, por quinta vez, sede del torneo continental más antiguo del mundo que se efectuaría durante el segundo gobierno de Manuel Prado y Ugarteche (CONMEBOL 2007: 211), quien había ascendido al poder el año anterior (Klaren 2004: 376). Perú figuraba entre los candidatos al título por la localía. El Estadio Nacional nuevamente se convirtió en testigo de otro escándalo. Y los protagonistas serían dos viejos conocidos: Perú y Brasil, selecciones que se enfrentaron en la quinta fecha del torneo, el domingo 31 de marzo de 1957. El motivo esta vez fue un polémico penal –que luego convirtió el genial atacante «Didí»– sancionado por el árbitro inglés Ronald Lynch, quien por la bronca que se desencadenó tuvo que suspender el partido (La Prensa 01/04/1957). El referee, al minuto 20’ del segundo tiempo de un partido igualado a cero que los nacionales jugaban mejor, le cobró una discutida falta dentro del área al defensor peruano Willy Fleming sobre el atacante brasilero Pepe.

Enfurecidos hinchas y desconocidos ingresaron al campo para agredir al árbitro y tratar de hacer justicia con sus propias manos. El peruano Salas intervino en el momento exacto que Lynch iba a recibir el ataque de un aficionado. Los ánimos se caldearon más tras el airado reclamo de Fleming por considerar ilegítimo el cobro. El juez, atemorizado, abandonó el campo acompañado de policías y del capitán del equipo peruano Luis Calderón antes de que se generalice la bronca. Finalmente, no le quedó otra que suspender el partido por falta de garantías. Este; sin embargo, no se volvería a jugar y Brasil fue declarado ganador. Perú acabó el certamen en cuarto lugar detrás de Argentina, Brasil y Uruguay.

Eliminatorias sudamericanas en 1961

Perú sumaría su segunda eliminatoria mundialista –y otro escándalo– nuevamente bajo el segundo régimen de Manuel Prado y Ugarteche. Caracterizó a este periodo, la crisis político-económica del Estado oligárquico y la proliferación de primeros brotes de guerrillas campesinas, que ya se habían manifestado en el interior del país en afán de mejoras en el agro (Contreras y Cueto 2007: 315). Colombia resultó el país elegido para disputarnos un cupo sudamericano para el mundial de Chile 1962 (El Comercio 01/04/1957). A pesar de que nuestra selección, por entonces, no contó con los mejores jugadores que brillaban en el extranjero por la negativa del permiso de sus clubes –tales como Seminario, Loayza, Benitez, Gómez-Sánchez, Joya y Delgado– mantenía chances intactas de clasificar directamente al mundial sureño, a jugarse en única llave de dos partidos.

La selección dirigida por el recordado entrenador Marcos Calderón –quien tuvo que reunir una selección de emergencia, plagada de veteranos– cayó por la mínima diferencia en su visita a la altura de Bogotá (La Crónica 01/05/1961). El partido de vuelta se jugó en Lima, que sirvió también para homenajear y otorgarle los Laureles Deportivos al billarista Adolfo Suárez por salir campeón en el mundial de Ámsterdam, la tarde del domingo 07 de mayo de 1961 ante un abarrotado Estadio Nacional con más de 50 mil personas, cuyas esperanzas estaban cifradas en que Perú derrote a los colombianos para que se dispute un tercer partido definitorio en cancha neutral. El crecimiento poblacional limeño (Klaren 2004: 393) se vio reflejado con la monstruosa cantidad de gente que asistió aquella tarde a nuestro primer escenario deportivo.

El encuentro no pudo tener mejor inicio para los locales. Nuestra selección rápidamente en el minuto 2 se pondría adelante en el marcador, de penal ejecutado por el delantero Faustino Delgado. El gol tempranero; sin embargo, solo fue una falsa ilusión de un buen accionar. Colombia igualó el partido y pudo ganarlo de no fallar un penal en el segundo tiempo (El Comercio 08/05/1961). Con este magro empate quedamos eliminados y se comprobó el lamentable nivel y decadencia del fútbol peruano, por entonces. Lo reprochable sucedió al final del partido. El escándalo esta vez no vino producto de un supuesto mal arbitraje. Ciertos malos aficionados peruanos en reprochable actitud, presas de la frustración por el fracaso futbolístico, hicieron fogatas en las tribunas en señal de protesta por la paupérrima actuación peruana; una escuadra lenta y desorganizada, carente de técnica y calidad. La policía tuvo que sofocar a los revoltosos y obligarlos a salir rápido de las graderías para que este bochornoso espectáculo no llegue a mayores.

Amistoso de 1962

Perú perdió 4 a 1 ante Real Zaragoza de España en medio de tremendo escándalo que por poco y termina en otra tragedia que lamentar. El club de la Romareda, que contaba entre sus filas con el concurso de los peruanos Juan Seminario y Guillermo Delgado, se encontraba de gira en Sudamérica, tras finalizar la liga española en la cuarta posición. Los maños, procedentes de Argentina, pactaron un par de amistosos ante la selección nacional. Por entonces, su principal atracción era el peruano Seminario, apodado el «Loco», quien había salido ‘pichichi’[4] de aquella temporada 1961-1962, con el mérito de superar a grandes futbolistas mundiales de la talla del brasilero Evaristo y el húngaro Puskas. La presencia del artillero piurano produjo una inusitada expectativa en la afición peruana, alentada por la prensa deportiva, desde días previos al partido contra los chapetones.

La tarde del domingo 13 de mayo de 1962, el Estadio Nacional se convirtió en un hervidero y olla a presión, no solo por el flojo desempeño de la selección sino por la discutida decisión, para el público, del correcto árbitro Arturo Yamazaki de expulsar a la «vedette» del encuentro (La Prensa 14/05/1962). Perú perdía uno a cero desde el minuto 16, gracias a un penal bien ejecutado por Seminario. Sin embargo, a pocos minutos de culminar el primer tiempo, el referee tuvo por bien expulsar a Seminario por liarse a trompadas con el defensor peruano Bravo en una confusa jugada en ataque. El público limeño iracundo porque no vería más al loco en el partido, en censurable reacción se abalanzó sobre el terreno de juego para agredir al juez. Uno, armado con chaveta en mano, emprendió veloz carrera hacia él (La Crónica 14/05/1962). El incidente, felizmente, no llegó a mayores, a pesar de que el árbitro fuera perseguido hasta la entrada a los camerinos por una turba enceguecida de casi 200 personas que le reclamaron las expulsiones, como se aprecia en imágenes de los diarios de la época. Hubo profunda decepción, varios detenidos y golpeados, pero el resguardo policial a tiempo y el auxilio de los jueces de línea Allemant y Hernández, evitó una real tragedia. Mientras que las cerca de treinta mil personas, exaltadas en las tribunas destrozaban bancas de madera en Oriente y «rugían» porque Yamazaki había dado por suspendido el match y los jugadores españoles no querían regresar a la cancha por falta de garantías.

La Federación Peruana de Futbol, en procura de salvar el espectáculo, para calmar al público y evitar más desmanes, convenció a los españoles de terminar el partido de una manera muy “persuasiva”. Según las fuentes periodísticas, se les amenazó con no repartir la taquilla o detenerlos, de no volver al campo. También se determinó, en un hecho insólito y contrario a las reglas del juego, que para el segundo tiempo los expulsados Seminario y Bravo regresen al campo, pero con el árbitro asistente Hernández como principal, apaciguando de esta manera los ánimos caldeados.

Eliminatorias sudamericanas de 1965

Lima atravesaba una etapa de modernización y desarrollo urbano durante el primer gobierno del arquitecto Fernando Belaúnde Terry (Klaren 2004: 393), luego envuelto en una aguda crisis política y económica que terminó con su derrocamiento por los militares. Esta inicial serie de cambios, favorecida por la acertada administración belaundista, también estuvo impulsada por el rápido crecimiento poblacional “consecuencia de la migración provinciana a la capital debido a la crisis del agro y aparición de los movimientos guerrilleros en el interior del país que derivó en un ensanchamiento de la ciudad (Contreras y Cueto 2007: 300).

En este contexto, nuestra selección de fútbol en junio de 1965 buscó la ansiada clasificación al mundial de Inglaterra del siguiente año tras dos anteriores intentos sin éxito desde que empezó a jugar las eliminatorias en 1957[5]. A un año de la tragedia que enlutó al país entero, que los peruanos no terminaban de superarla, lastimosamente el público demostró que tampoco aprendió la lección y una vez más su inmadurez. En su tercer partido del grupo eliminatorio, Perú cayó derrotado por 1-0 ante Uruguay en el Estadio Nacional colmado de 50 mil personas aunque según mencionan los diarios de la época fueron 44, 033 los pagantes (La Prensa 07/06/1965). Con este resultado se esfumaban, en medio de otro escándalo, casi todas las aspiraciones incaicas de clasificar al mundial londinense. Se tenía que ganar a los charrúas de visita en Montevideo, único resultado que le valía a Perú para forzar un tercer partido de desempate en cancha neutral. Es por eso que la dolorosa derrota como locales caló hondo y encendió a los aficionados que asistieron aquel domingo 06 de junio al coloso del José Díaz.

Al finalizar el deslucido encuentro ante los orientales, un sector irresponsable del público generó reprochables incidentes, provocó desmanes e hirió a algunos policías en protesta por el mal arbitraje, culpándolos de no evitar el juego brusco de los visitantes. Mientras los uruguayos trataban de abandonar el campo e ingresar a los camerinos, el público le lanzó proyectiles desde la tribuna sur. El pánico se instaló nuevamente en el Nacional aquella tarde mientras por los autoparlantes se pedía serenidad. No obstante, la policía tuvo que hacer uso de mangueras con potentes chorros de agua para desalojar a los malos hinchas que, posteriormente, en las afueras, aprovechando la confusión, causaron saqueos y destrozos a los negocios ambulantes. El matiz político con que se tiñeron los sucesos también habría sido evidenciado, ya que en las tribunas del Estadio Nacional estuvo –según fuentes de la época- un grupo de la barra conformado por estudiantes de sectores comunistas de la Universidad San Marcos y, además, un agresor de un efectivo policial que salió en defensa de una anciana a la que le alcanzó el chorro de agua, era un partidario del APRA de la Universidad Federico Villarreal (Correo 07/06/1965). La atemorizada delegación charrúa, casi dos horas después, recién pudo salir del estadio con destino al hotel donde se hospedaban. El rumor de otra tragedia inquietó las calles de Lima y redacciones de diarios y radios horas más tarde. Felizmente, hubo algunos detenidos, heridos y golpeados, pero solo quedó en eso.

Conclusión

De esta manera, tras este breve repaso en el periodo de tiempo que va entre 1953 y 1965, obligado por la ocasión de los 50 años de la mayor tragedia deportiva en el Perú, hemos podido comprobar que el fútbol en nuestro país reflejó los profundos cambios sociales que se experimentó durante aquellas épocas. El malestar político y violencia desenfrenada e irracional encontraron un lugar “propicio” en las pasiones que despierta el deporte rey en los aficionados. Asimismo, queda rebatida, en parte, la idea de que antaño se podía ir “con total tranquilidad y seguridad” a presenciar el espectáculo que ofrecía un partido de fútbol. Al menos no siempre fue así.
Bibliografía

«Al ser agredido el referee por los brasileños dieron lugar a grave escándalo» [Nota]. Diario El Comercio, Lima, viernes 20 de marzo de 1953.

«Adiós Mundial» [Nota]. Diario El Comercio, edición de la tarde, Lima, lunes 08 de mayo de 1961.

«El Perú en gran partido ganó al Brasil 1 a 0» [Nota]. Diario La Prensa, Lima, viernes 20 marzo de 1953.

«Àrbitro afirma que suspendió el partido porque carecía de garantías de la policía» [Nota]. Diario La Prensa, Lima, lunes 01 de abril de 1957.

«Jugando mal selección cayó ante Zaragoza. Gran bronca: público quiso agredir al árbitro» [Nota]. Diario La Prensa, Lima, lunes 14 de mayo de 1962.

«El 24 se cumplirá un año de la tragedia del Estadio» [Por: Manuel Doria, Reynaldo García y Guillermo Alcántara]. Diario La Prensa, Lima, viernes 21 de mayo de 1965.

«Disturbios en el Estadio al perder Perú ante Uruguay» [Nota]. Diario La Prensa, Lima, lunes 07 de junio de 1965.

«Colombia ganó al Perú uno a cero» [Nota]. Diario La Crónica, lunes 01 de mayo de 1961.

«La policía se la emprendió –con toda razón- contra un “aficionado” que entró al campo armado de chaveta» [Nota]. Diario La Crónica, Lima, lunes 14 de mayo de 1962.

«Violencia en el Estadio. El saldo: dos guardias y diez civiles heridos» [Nota]. Diario Correo, Lima, lunes 07 de junio de 1965.

CONFEDERACIÓN SUDAMERICANA DE FÚTBOL (CONMEBOL). Historia de la Copa América: de Argentina 1916 a Venezuela 2007. 2da edición. Asunción: 2007.

INSTITUTO PERUANO DEL DEPORTE (IPD). Estadio Nacional: una Joya Arquitectónica para el deporte peruano. Lima: K & K Editores Internacionales, 2011.

BAYLÓN, Liliana. Rafael Asca [Memorias]. Lima: Grupo Punto Perú Dos, 2013.

CONTRERAS, Carlos y Marco CUETO. Historia del Perú Contemporáneo. Lima: Instituto de Estudios Peruanos, 2007.

KLAREN, Peter.Nación y sociedad en la historia del Perú. 3era edición. Lima: Instituto de Estudios Peruanos, 2004.

PEASE GARCÍA, Henry. El Ocaso del poder oligárquico: lucha política en la escena oficial, 1968-1975. 3era edición. Lima: Centro de Estudios y Promoción del Desarrollo, 1980.

VALDIVIESO, Patricio. «Historia de las Eliminatorias Sudamericanas». Atlas Deportivo, sábado 04 de enero de 2014 [Consultado el 29/06/2014].
Disponible en: http://www.atlasdeportivo.com/historia-de-las-eliminatorias-sudamericanas/


Ernesto Moreno Ampuero. Bachiller en Historia por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, e investigador deportivo. Ha colaborado en publicaciones como "Estadio Nacional: una joya arquitectónica para el deporte peruano" (IPD, 2011) y "Rafael Asca: Memorias" (Grupo Punto Perú Dos, 2013). En agosto de 2014 se publicará su primer libro de crónicas del fútbol peruano: "Historia, Tradición y Fútbol: Hechos, personajes y partidos memorables en el Perú (1953-1977)". Actualmente administra el blog: http://historiatradicionyfutbol.blogspot.com. También es editor-columnista de la web periodística www.elportalceleste.pe



[1] El presente artículo ha sido elaborado en base al artículo “A 50 años de la tragedia, otros grandes escándalos en el Estadio Nacional que pudieron acabar igual (1953-1965)”, publicado por el autor en el blog Historia, Tradición y Futbol (disponible en http://historiatradicionyfutbol.blogspot.com/2014/05/a-50-anos-de-la-tragedia-otros-grandes.html).
[2] Existieron en este período hasta 3 grupos guerrilleros como fueron: 1) Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) encabezado por Luis de La Puente Uceda, integrado por ex militantes apristas agrupados en lo que fuera el “Apra Rebelde”. 2) Guerrillas trotskistas reunidas a través del Partido Obrero Revolucionario (POR) y lideradas por Hugo Blanco. 3) Sectores juveniles del Partido Comunista (PC) que formaron el Ejército de Liberación Nacional (ELN) liderados por Javier Heraud y Héctor Béjar Rivera.
[3] Perú perdió increíblemente por 1-0 ante la débil selección de Bolivia en el primer partido del certamen. Odría estuvo en la tribuna muy enojado por la derrota. Al general le llegó información de que el día anterior del partido algunos jugadores estuvieron celebrando en el Hipódromo de Monterrico el cumpleaños de su rival político y opositor Víctor Raúl Haya de la Torre, a lo que atribuyó el bajo desempeño del equipo. El presidente culpó al portero Asca y ordenó inmediatamente su encierro y traslado al Frontón. Tras algunas horas de tensa espera gracias a la intervención de testigos que lo defendieron, el portero sería exculpado de los cargos y puesto en libertad. (Baylón 2013)
[4] Apelativo con que se designa en España al máximo goleador de la Liga de fútbol de primera división.
[5] Como recordaremos, Perú en la década del cincuenta del pasado siglo no participó de las eliminatorias al Mundial de Brasil 1950 al retirarse del certamen (debía enfrentar a la selección de fútbol de Bolivia) y Suiza 1954 (pese a inscribirse inicialmente para disputar la clasificatoria). (Valdivieso 04/01/2014) 

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