¿Por qué importa Venezuela? El caso peruano como instrumento de análisis | José Manuel Mejía Villena

02:54:00

Las bases del análisis[1]

Recientemente Sinesio López[2]pone sobre la mesa algunas ideas y referentes importantes para el análisis de la crisis que enfrenta el gobierno de Maduro en Venezuela. En este post se sugieren algunas ideas complementarias a lo ya expuesto, así como algunas interrogantes[3]que buscan superar el tufo ideológico del que difícilmente escapan los analistas políticos en nuestro medio.

Crisis venezolana vista desde los medios peruanos

El inicio de esta crisis trajo consigo un despliegue mediático importante en relación a la definición del bloque opositor en Venezuela. La confrontación entre Maduro y Capriles, primero y con Leopoldo López luego, emocionó a periodistas, analistas y políticos con la esperanza de una protesta masiva de corte liberal haciendo de Venezuela un espacio en que se reproducía el esplendor de una propuesta de liberalismo económico y político. La referencia y la potencia del recordado egocentrismo de Chávez y del rutinario bullying a su sucesor hecho por los opositores venezolanos y del resto de latinoamérica, hicieron de este escenario de crisis un espacio de confluencia de sectores conservadores y liberales de corte político y de corte económico alrededor de la oposición férrea al gobierno de Maduro. Claro está,  acompañado de una sostenida asonada mediática que incitó a la opinión pública a tomar posición desde todos los frentes posibles, con particular repercusión en las redes sociales.

La respuesta bastante predeterminada por parte de los sectores de izquierda no se hizo esperar, desde diversos frentes emergieron defensores de Maduro que justificaron el alto nivel de represión hacia la protesta con los mismos argumentos que definieron el antagonismo de la derecha. No se juzgará aquí si la posición tomada por el Frente Amplio[4], por ejemplo, es políticamente correcta, ideológicamente consistente o ambas cosas. Lo que sí está a nuestro alcance es intentar definir el escenario sobre los acontecimientos en Venezuela intentando escapar a la extrema polarización manifiesta en los círculos académicos.

Movilizaciones en Venezuela, "autoritarismo competitivo" y comparaciones con el Perú del año 2000

A estas alturas del proceso de movilización en Venezuela, puede advertirse que cuanto más se intente definir a la oposición venezolana como un bloque de derecha,  más difícil resulta una aproximación realista a los sucesos. El despliegue de las organizaciones estudiantiles que sostienen en gran parte la oposición y, claro está, el sostenimiento de las movilizaciones contra Maduro, se definen como autónomas y se alejan de los clichés tradicionales que superviven y dividen la política más institucionalizada y mediática[5]. En ese sentido, quienes desafían a Maduro difícilmente piensan en los mismos términos que la prensa peruana o se encasillarían en sus parámetros de oposición al chavismo: el estatismo, el antimperialismo o simplemente su identificación con la izquierda.

Pero, ¿qué implicancia puede tener el hecho de haber identificado un movimiento estudiantil organizado en función a la noción política de autonomía en resguardo de la justicia y la democracia plena? Como señalaba al inicio, gran parte del debate ya se agotó en la defensa de posiciones ideológicas, sin embargo existen otras variantes en el análisis que pueden darnos luces sobre los efectos reales de los sucesos en Venezuela. Así, una de las preguntas que se pueden plantear frente a este escenario es: ¿cuál sería la trayectoria a seguir para un autoritarismo competitivo[6]que podría ser clasificado como de izquierda?

En relación a la experiencia peruana de este régimen híbrido: el fujimorismo, como "autoritarismo competitivo" se encontraba marcado por una tendencia al neoliberalismo en lo económico que lo hacía digerible para ciertos sectores empresariales. Asimismo, podría decirse que los sucesos del 2000 en el Perú definieron una trayectoria hacia la democratización en que, al igual que el caso venezolano, buena parte del trabajo organizacional de la protesta política que definió la caída de Fujimori se corresponde con la actuación de organizaciones de base, particularmente universitarias.

Como podría desprenderse de lo anterior, la clasificación del autoritarismo competitivo venezolano bajo el signo de la izquierda representa una diferencia frente al caso peruano, y la participación contenciosa de las organizaciones de base, especialmente universitarias, definen su desafío como una constante en ambos procesos.

El poner la atención sobre el tipo de giro que daría Venezuela a partir de los acontecimientos recientes abre el debate sobre si el autoritarismo competitivo venezolano da signos de girar hacia un proceso de democratización o tal vez a la   desdemocratización y cómo se define la variable de signo ideológico en medio de este cambio, es decir, el resultado de una probable debacle del gobierno de Maduro implicaría un giro a la democracia con un gobierno de derecha o de izquierda, o un giro al autoritarismo de derecha o izquierda.

Levitsky & Way (2010) consideran dos factores que pueden inclinar la transición de un régimen autoritario competitivo a una democracia o a un autoritarismo: 1) la densidad de los nexos a Occidente (particularmente a EEUU y la UE), y 2) el poder organizacional de los gobernantes de turno (enfatizando el rol del alcance y cohesión del Estado y la estructura del partido de gobierno). Así, la transición democrática resulta con mayor certeza de la alta densidad de los nexos con Occidente y la transición al autoritarismo resulta de la ausencia de nexos densos con EEUU y/o la UE o de una fuerte presión interna para democratizar el régimen. Asimismo, la supervivencia del autoritarismo competitivo resulta del empoderamiento del partido de gobierno y la cohesión del aparato estatal y de nexos débiles con Occidente. De acuerdo a los autores citados, la transición está expuesta en mayor medida a la contingencia cuando el poder organizacional del partido de gobierno se debilita y las fuerzas de oposición representan un desafío considerable.

En relación a esto último, me inclino a pensar que el desafío al gobierno de Maduro planteado en la calles no se estanca por la captura de Leopoldo López. Posiblemente se abra un ciclo de protesta con menos violencia pero con mayor sostenibilidad en estas acciones, lo que permitiría canalizar mejor el descontento y otorgue cierto margen de maniobra a los actores más institucionales para definir sus alineamientos y finalmente el acontecimiento de nuevas elecciones. Sin embargo, todavía existen posibles variantes al resultado descrito como la que señala la actuación de golpistas militares que acelerarían la salida de Maduro pero no garantizarían necesariamente la democratización de Venezuela. Por otro lado se puede pensar en la ausencia de aliados institucionales frente al desafío que representa la protesta política, permitiendo su desgaste y posiblemente la avanzada de la represión estatal y la enfatización del atributo autoritario del gobierno.

Otro posible resultado es que el gobierno de Maduro evite la represión masiva excesiva y gane mayor margen de maniobra, como señalan Levitsky & Way (2010, p. 71) la baja densidad de los nexos con Occidente hace que los factores internos definan la transición: el gobierno de Maduro podría optar por sostener su poder organizacional no respondiendo con excesiva violencia a la protesta con el objetivo de proponer una transición a la democracia desde sus posibilidades como partido. Sin embargo, es difícil cerciorarse del nivel de desgaste del poder organizacional del gobierno de Maduro en este contexto, lo cual puede permitirnos considerar nuevamente algunos factores que ya se dieron en el único caso similar al de Venezuela en la región (el peruano). En ese sentido, podríamos sugerir que la deserción de élites que habrían estado o están en coalición con el gobierno puede precipitar la balanza a favor de las fuerzas opositoras llevando la protesta política al límite, como en la Marcha de los 4 Suyos en el 2000.

Otros escenarios posibles pueden derivarse de la presión de actores internacionales, la pregunta en ese sentido podría ser: ¿qué relevancia tiene un cambio de régimen que implica la caída de un autoritarismo competitivo si no se puede controlar su signo ideológico?

La presión de EEUU -particularmente- consideramos que no ha sido necesariamente la que mayor cantidad de recursos ha desplegado. Para Levistky & Way, el resultado de una transición desde un régimen “autoritario competitivo” es pensado como un argumento de tres pasos en que la presión Occidente también puede definir dicha trayectoria. De acuerdo a su teoría, una fuerte presión internacional reduce enormemente las posibilidades de que el “autoritarismo competitivo” se sostenga y es más probable que se tome la ruta democrática. Sin embargo, pareciera que precisamente este es el factor que no termina por definirse en el escenario venezolano, y creo que precisamente la omisión deviene de la incertidumbre respecto al nivel de incidencia de esta crisis en lo que los autores citados a lo largo de este post denominaron poder organizacional: ¿en qué medida la movilización de las organizaciones estudiantiles -en coalición con los actores institucionales de la oposición- ha mermado la capacidad estatal y sobre todo partidaria del gobierno de Maduro respecto no solo a la posibilidad del sostenimiento de este régimen “autoritario competitivo” sino también considerando la de un giro democratizador del chavismo? Es decir, la coyuntura crítica que envuelve esta crisis está todavía desarrollándose y no hay tal certeza de que el resultado de la transición se corresponda con una democracia de derecha que simpatice y recomponga los nexos políticos con EEUU.

Referencias
Levitsky, S., & Way, L. (2002). The Rise of Competitive Authoritarianism. Journal Of Democracy, 13(2), 51–65. doi:10.1353/jod.2002.0026
Levitsky, S., & Way, L. (2010). Competitive Authoritarianism. Hybrid Regimes After the Cold War. Cambridge: Cambridge University Press.



[1] José Manuel Mejía Villena es politólogo por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM) y actualmente es parte del equipo editor de la Revista Andina de Estudios Políticos (RAEP).
[3] ¿Cuál es la implicancia de la definición del carácter ideológico de un autoritarismo competitivo para señalar su trayectoria democrática o autoritaria? ¿El hecho de que la protesta política en Venezuela muestre el desgaste de la oposición hacia Maduro anula su relevancia para el análisis y en términos reales de a dónde y en qué sentido gira Venezuela? ¿Acaso el debate académico no refleja y exagera una polarización forzada de este escenario?
[4] Esta coalición electoral cuenta entre sus más importantes miembros al Movimiento Tierra y Libertad (MTL), Fuerza Social (FS), el Movimiento de Afirmación Social (MAS), y el Partido Comunista Peruano (PCP-Unidad).
[5] Ver la entrevista a Juan Carlos Requesens, presidente de la Federación de Centros Universitarios de la Universidad Central de Venezuela: http://www.eltiempo.com/mundo/latinoamerica/ARTICULO-WEB-NEW_NOTA_INTERIOR-13516241.html.
[6] Levitsky & Way (2002, p. 52) lo definen como un tipo de régimen híbrido en que “las instituciones democráticas formales son percibidas como el principal medio para obtener y ejercer la autoridad política. Los gobernantes de turno violan dichas reglas de juego con frecuencia y hasta tal punto que el régimen no cumple los requerimientos convencionales mínimos para constituir una democracia”. Los autores citados establecen cuatro criterios mínimos correspondientes a los regímenes democráticos modernos: 1) elecciones libres, justas y abiertas para representantes del ejecutivo y legislativo, 2) amplitud de los derechos políticos a todos los ciudadanos adultos, 3) resguardo de las libertades políticas y civiles, particularmente aquellas vinculadas a la libertad de prensa, asociación y oposición sin represalias, y 4) las autoridades electas ejercen su autoridad política sin el control tutelar del ejército o líderes religiosos. La violación de estos criterios caracteriza a los autoritarismos competitivos: “aunque las elecciones son realizadas con regularidad y son generalmente libres y masivas, los gobernantes de turno rutinariamente abusan de los recursos del Estado, deniegan a la oposición adecuada cobertura mediática, acosan a los candidatos a la oposición y a sus partidarios, y en algunos casos manipulan los resultados electorales. Los periodistas, políticos de oposición y otros críticos del gobierno pueden ser espiados, amenazados, acosados o arrestados. Miembros de la oposición pueden ser encarcelados, exiliados, o –aunque menos frecuentemente– atacados o asesinados” (2002, p. 53).

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