Sobre Estudios Culturales y estudios políticos: Críticas Iniciales / Sergio Morales Inga

11:10:00

Introducción

Los estudios políticos han sido desarrollados desde una diversidad de disciplinas como la filosofía, la antropología, la sociología y la historia, derivando así en subdisciplinas como la filosofía política, la antropología política, la sociología política o la historia política y en teorías científicas como el funcionalismo, el estructuralismo, la cibernética, los sistemas complejos, la elección racional, la teoría de los juegos, etc. Sin embargo, en paralelo, existió otra proliferación paradigmática, causada por el giro lingüístico de inicios de s. XX como también por el giro hermenéutico de los años 60, que propició la aplicación creativa de paradigmas no necesariamente científicos sobre los estudios políticos como la semiótica francesa, la literatura, el psicoanálisis y la perspectiva de género. Uno de esos campos en el cual esta tendencia se manifestó de forma radical son los archiconocidos Estudios Culturales.

Los estudios culturales fueron fundados por Richard Hoggart en 1964 a través del Centre for Contemporary Cultural Studies (CCCS) en Birmingham, Inglaterra; aquellos estudios realizados principalmente por Raymond Williams y Edward Thompson tuvieron un marcado carácter literario y etnográfico muy específicos que los alejó de la gran movida teórica general. Sin embargo, la revolución que aconteció en los estudios culturales, que por esas fechas sufría la competitiva presencia del estructuralismo[1], se gestó a través de Stuart Hall quien realizó una apertura paradigmática hacia la vía postestructuralista[2].

Esta apertura llegaría a tierras norteamericanas, donde los Estudios Culturales hallianos postestructuralistas devinieron en posmodernos al simbiotizarse con la antropología escritural posmoderna, la deconstrucción, la semiótica y la teoría queer. Aquí se produjo la mayor producción “intelectual” que la academia norteamericana jamás haya podido apreciar donde las letras se mezclaron indefectiblemente con el mercado de las editoriales y las instituciones empezaron a adoptar modelos culturistas a como dé lugar[3]. En este contexto y hacia esa disciplina en particular se gestó el famoso Escándalo Sokal en 1996[4].
No obstante las críticas consabidas, a raíz del Escándalo Sokal en los años 90 y la realizada en el año 2000 en lengua castellana[5], el paradigma de los estudios culturales llegaría a nuestra academia peruana capitalina aproximadamente después el año 2000, en pleno cambio de siglo. Es decir, mientras que en Europa y EEUU los estudios culturales eran periódico de ayer, en nuestro suelo distintos académicos se dejaron pasmar por las preciosas retóricas de un paradigma criticado hasta el hartazgo.

Tal es así, que en el año 2010 (20 años después de la catástrofe), la publicación del libro Cultura política en el Perú. Tradición autoritaria y democratización anómica(2010) editado por Gonzalo Portocarrero, Juan Carlos Ubilluz y Víctor Vich, retomó tal paradigma y trajo una pequeña discusión frente a otro libro publicado en el mismo año: La iniciación de la política.El Perú político en perspectiva comparada editado por Alberto Vergara y Carlos Meléndez. Aunque el debate no generó mayor repercusión logró enfocar variables epistemológicas, a sabiendas que en nuestro suelo estas elaboraciones brillan por su ausencia[6]. En este escrito, revisaremos dicho debate, resaltando los enfoques teórico-epistemológicos para problematizarlos y proponer una lectura crítica que demuestre las fallidas inflexiones argumentativas de una “disciplina” como los estudios culturales y su pertinencia sobre estudios políticos.

La metodológicamente aceptable política comparada

La iniciación de la política, reúne una serie de escritos de carácter introductorio que nos da la bienvenida a su objeto, la política comparada, a través del estudio de casos cuyas aspiraciones permiten también identificar ciertos principios básicos de una posible teorización. Por ejemplo, Paula Muñoz [7]nos dice que esta disciplina “busca teorizar sobre procesos políticos”, cuyo fin es “desarrollar inferencias descriptivas y causales”. Vemos aquí una referencia directa a la elaboración de modelos teóreticos que no solo caracterizan a esta disciplina sino también demuestra la existencia de una actividad académica que vence el sentido común.

Por otro lado, Carlos Meléndez[8] busca un punto de equilibrio mediante el concepto de clivajes sociales. El autor demuestra que el análisis estructural en política comparada es pernicioso pues “considera al ciudadano (o elector) como un sujeto memorioso cuyas decisiones están plagadas de una herencia histórica y social que está por encima de su voluntad individual”; en cambio el enfoque agencial, hacia el cual deja entrever cierta preferencia, “permite analizar la lógica de la formación de clivajes sociales y de los sistemas de partidos desde la política y no como reflejo de las estructuras, ya que supone la capacidad de los actores políticos de construir identidades políticas y dar forma a preferencias políticas a través de discursos y el diseño de políticas”. Hasta aquí vemos la innovación hacia modelos agenciales no necesariamente menos rigurosos y metódicos que los estructurales.

Estos trabajos manifiestan que todo análisis agencial corresponde con la mirada estructural de modo implícito; con Maritza Paredes cuando reconoce que la “arena hostil” del movimiento indígena depende de algo históricamente construible y también con Moisés Arce[9] quien afirmó que la apertura post-fujimorista propició los movimientos sociales, o cuando Jorge Aragón Trelles[10] señaló que “el concepto de cultura política ha sido usado por lo general para dar cuenta de lo que sería la dimensión subjetiva de la política. Dicho de otra manera, uno de los temas centrales de esta literatura es la importancia que se le otorga a las creencias e ideas de los individuos y grupos sociales como determinantes en sus comportamientos y decisiones políticas”.

Si bien es cierto, la temática específica de la cultura política roza con lo subjetivo no deja de ser menos instrumentable metodológicamente. Aquí invito a los lectores a leer el libro para una mayor comprensión que en sí rebasa el objetivo de este artículo, no obstante, la presencia de una clarificación metodológica es atendible hasta en sus planteamientos más básicos.

En el caso de Luis Antonio Camacho[11] se rescata la importancia del estudio de la opinión pública pues permite comprender globalmente la política, teniendo como “principal objetivo de esta línea de investigación (…) tratar de explicar las actitudes políticas de los peruanos a partir de factores individuales y contextuales, sean estos relacionados con cambios estructurales, el desempeño del Estado o la coyuntura política”. Con respecto a Moisés Arce y Julio Carrión[12], quienes a través del estudio del “voto económico”, como perspectiva del actor, lograron evidenciar qué influye en las decisiones en torno a la elección presidencial. Por último, Carlos Torres[13] busca resolver en qué medida dicho apoyo está determinado por los problemas materiales de la población (económicos), concluyendo que el Perú no es una sociedad de fuertes convicciones democráticas, es más, “el apoyo explícito hacia la democracia en el Perú se caracteriza por su inestabilidad e incluso volatilidad.”

De forma general, los autores aquí mencionados advierten que la estructura no limita, sino favorece las lecturas particulares del enfoque agencial. Es decir, no existe tal contradicción entre estructura y agencia sino una correspondencia a nivel lógico el cual pudimos observar al mostrar cómo los autores perseguían elaboraciones de carácter agencial, muy ligadas a las lecturas históricas. Otro punto a rescatar, es el amplio despliegue metodológico para los estudios de política comparada, siendo (valga la redundancia) la comparación métrico-deductiva, principal herramienta que permite las inferencias de las cuales Muñoz nos habló al inicio, como también el análisis bivariado y multivariado, e indicadores que abrazan “teorías de alcance medio” como señaló Jorge Morel[14], que bastaría tan solo señalar para nuestro objetivo. Estas herramientas empleadas enriquecen teórica y epistemológicamente las investigaciones al tener a la lógica como cimiento de toda prospección metodológica.

La cultura política entre lo simbólico y ¿lo Real?

Del otro extremo de la balanza, Cultura política en el Perú nos presenta textos que son resultado del Seminario de Cultura Política convocado por la Red para el Desarrollo de las Ciencias Sociales del año 2010, cuyo objeto, la cultura política, es definida como “el repertorio de imágenes y hábitos que definen las relaciones de poder en el interior de una sociedad”[15]. Las hipótesis a comprobar (aunque más parecen axiomas) son afirmar que la cultura política del “Perú de hoy” está atravesada por tres características: 1.Autoritarismo, 2.Corrupción, y, 3.Hegemonía del neoliberalismo.

Veamos algunos de los trabajos. Gonzalo Portocarrero[16] analiza, mediante ligeros ejercicios kojevianos, las figuras del patrón y el siervo, los “imaginarios” según él, para demostrar que “en la mayoría de la población” o en la “subjetividad peruana” predomina la relación siervo-ciudadano que revela la “fragilidad de los vínculos sociales”. Por otro lado, Giancarlo Cornejo Salinas[17], recordando hechos funestos del gobierno de Fujimori y con 1400 ediciones de periódicos revisados, nos dice que su objetivo es “una exploración de un tipo de heterosexualidad masculina. Aquella que está impregnada de homofobia” en tanto que revela esencialmente una relación entre el autoritarismo y la homofobia, al afirmar que esta “es una variedad del autoritarismo. Pero no es cualquier variedad, sino que representa su fundamento oculto”. Por su parte, Víctor Vich[18], bajo las premisas de que la política es una confrontación y que el lenguaje es una “práctica social”, estudió las discusiones ocurridas en la Plaza San Martín develando que no solo transmiten ideas políticas sino que reproducen discursos de tinte performativo sobre la masculinidad.

Más adelante, Mariel García Llorens[19]analizó 5 artículos del ex-presidente Alan García conocidos como “El síndrome del perro del hortelano”, ya que considera que esos escritos “ilustran el momento más duro de la imposición de un modelo de gobierno neoliberal”, concluyendo que en aquellos se manejaba un discurso neoliberal, anti-político y hegemónico que apostó por una supuesta cancelación de la política y la administración del orden. Por otra parte, Juan Carlos Ubilluz[20] nos muestra cómo el programa televisivo de Jaime Bayly, El francotirador, contiene una “forma de persuasión” aparentemente tolerante cuya estrategia esconde un haz ideológico conservador. A su turno, Jaris Mujica[21] analizó de manera breve cómo a través de 3 figuras [el guachimán, la mesa de partes y la secretaria] se llevan a cabo modos y formas corruptas de ejercer el poder burocrático.

Tilsa Ponce[22] analizó el impacto de la posmodernidad en la “subjetividad”de los jóvenes para obtener cuáles fueron las consecuencias a nivel individual, concluyendo en un horizonte de incertidumbre ante la falta de modelos y fines políticos. Luego, Félix Lossio Chávez[23] señaló, a través del estudio de la procesión del “Niño Jesús de la Caja” en Iquitos, cómo se genera cierta ruptura política que desafía la visión marxista de la religión como opio del pueblo. Posteriormente, Talía Chlimper Celis[24] estudió el impacto de la conformación de blogs como espacios políticos en tres casos principalmente: La excesiva publicidad estatal en RBC, el caso de la corrupción de los congresistas y los petroaudios. Por último, Juan Carlos Ubilluz[25] señaló la necesidad de hacer política desde el síntoma, concepto extraído del psicoanálisis de Jacques Lacan como también de su lectura del debate Laclau-Zizek, creando así una nueva forma de pensar psicoanalíticamente lo político.

Como podrá el lector destacar, decidí dejar fuera de este breve recorrido los escritos de Nelson Manrique, Eland Vera, Carlos Alberto Adrianzén, Rogelio Scott, Gustavo Reyna Arauco, Elmer Quinto De la Cruz y Gonzalo Gamio Gehri por no estar explícitamente dentro de la forma argumentativa que caracteriza a los Estudios culturales, objeto de nuestro análisis.

Como hemos observado, los estudios realizados por Portocarrero y compañía traen como novedad la presencia de paradigmas no cotidianos en estudios políticos: psicoanálisis, filosofía posmoderna, retórica, etnografía y todas aplicadas directamente del libro fuente a los casos sin intermediación metodológica que permitiese temperar la intelección.
Podemos concluir hasta aquí, que ambas posturas tocan los mismos objetos: la política; sin embargo, lo hacen desde trincheras y formas distintas. Veamos ahora el quid del asunto que nos convoca: El diferido debate sobre ambas publicaciones.

El centro de todo: El debate

Yo, empirismo anglosajón. Tú, posmodernidad francesa

Iniciemos por la presentación del libro Cultura política en el Perú, encomendada a Eduardo Dargent, autor en La iniciación de la política. Dargent afirmó en “Sobre vuelos creativos y el riesgo de no llevar paracaídas”[26] que él se pronuncia desde una postura distinta a la de los autores de Cultura política en el Perú, la cual llamó “empirismo anglosajón”, mientras que la postura de Portocarrero et al., descendía de una “posmodernidad francesa”.

Dargent rescata una idea del libro al afirmar queLo más positivo (...) es que presenta ideas muy sugerentes que, desde casos concretos, buscan generalizaciones sobre la cultura política en la sociedad peruana actual”, sin embargo, estos ensayos “vuelan” muy alto; desnudan relaciones de poder, directas o sutiles, que marcan la política peruana a inicios de siglopues no obstante se Ilustra, a veces en forma brutal, (…) no confirma la generalización que se pretende”. Veamos el énfasis de Dargent:

“Sin embargo, considero que la libertad de vuelo tiene un costo que se deja ver en varios artículos, y creo que los autores no tuvieron la precaución de llevar algunos paracaídas en su aventura de alto vuelo. Aquí es donde mi tradición pediría bastante más cuidado en la interpretación y, especialmente, en la generalización (…) Pero aquí veo menor cuidado del que considero necesario.” (Dargent, 2010)

Más allá, Dargent continúa advirtiendo que:

“los textos tienen un ánimo anticapitalista y antiliberal que asume como verdaderos ciertos supuestos sin problematizarlos en forma suficiente. Los argumentos presentados con la fe de que el mundo funciona de una manera determinada terminan siendo casi infalsificables. Parece mucho más productivo poner en duda estos supuestos a fin de determinar cuánto tienen de cierto” (Dargent, 2010)

Y esto es así, nos dice, por recurrir a “citas autoritativas” de figuras como Zizek, Sklair y Badiou, de los cuales sospecha su eficacia “explicativa” y alarma el exagerado crédito otorgado hacia tales tesis; así, Dargent refiere No creo correcto, como señala Juan Carlos Ubilluz, que estemos ante antifilósofos. Estamos ante filósofos; filósofos de una rama de la disciplina que todavía no ha demostrado si resistirá el paso del tiempo”. Con todo, Dargent lamentó que los autores de Cultura política en el Perú, no hayan verificado sus afirmaciones ni sus conceptos base ni hayan recurrido a la comparación de casos, muestren poco ánimo autocrítico e inclusive revelen falta de lectura sobre los temas respectivos. Esta es la idea central de la reseña de Dargent: Mucha creatividad y poco fundamento.

"Yo, meta-posmodernidad. Tú, positivismo enciclopédico"

Ahora, vayamos a la respuesta otorgada por Juan Carlos Ubilluz quien no se hizo esperar[27]. Retóricamente más sagaz que Dargent, afirmó en primera instancia, y señalando la ignorancia de su contendor, que los textos que han orientado nuestras reflexiones le deben poco a la posmodernidad. Por el contrario, lo que caracteriza a autores como Slavoj Zizek, Alain Badiou y Jacques Rancière es el intento de superar los límites del pensamiento posmoderno”. Esto va con la idea de que tanto “Nietzsche como Lacan son antifilósofos (…) porque ubican la verdad no en el saber sino en el lazo oculto entre el saber y su exterior”. Para lo que sea que esto signifique.

Como respuesta directa, Ubilluz dice que la crítica central de Dargent desliza solapadamente la idea de que su “estilo” es próximo a la ciencia mientras que el nuestro a la ficción (sugerente, creativa, pero, por supuesto, poco segura).” Hasta ahí una respuesta, sin embargo en un momento de éxtasis Ubilluz llega a reconocer, a medias, su verdad, solo para caer de vuelta en las taxonomías que él bien fabrica pero le critica a Dargent:

“Finalmente, muchos de los artículos del libro son indagaciones, a diferencia del comentario de Dargent que se desenvuelve dentro de un “saber seguro” que llamaré enciclopédico. (…) Mientras el saber enciclopédico nombra los fenómenos sociales de acuerdo a términos y reglas que se remiten a ideales vigentes, la indagación parte de un encuentro con los agujeros en la Enciclopedia y produce términos y relaciones hasta entonces insólitos. En otras palabras, mientras que la Enciclopedia crece incluyendo lo no-sabido dentro de su armazón de lo ya-sabido, la indagación reconoce la novedad de lo no-sabido y articula una verdad. No me refiero a una verdad exacta. Me refiero a la verdad como el nombramiento de un agujero en el saber que este se esmera en tapar.” (Ubilluz; 2010)

Con todo lo que eso signifique, Ubilluz se presta a resolver el acertijo referente a lo insólito del libro: “¿Qué tienen en común estos trabajos? Que intentan apresar la lógica velada que une a fenómenos aparentemente inconexos. De allí que la reacción inicial pueda ser el desconcierto”; es decir, si no nos entiendes es porque somos muy “complejos".

Para terminar, dando una lección a modo de metáfora sobre un caso donde equivocarse y avanzar es mejor que avanzar sin pretender equivocarse, Ubilluz nos dice que:

“Cuando Freud se puso a indagar sobre (…) los síntomas histéricos, comenzó diciendo que eran producto del abuso sexual paterno. Pronto advirtió que sus pacientes histéricas mentían y desarrolló la teoría de la seducción paterna: es decir, que todos imaginamos (…) ser objeto del deseo sexual de nuestros padres. ¿Se equivocó Freud (…)? Sí, pero eso pasa a menudo cuando uno se adentra en los agujeros del saber. Si Freud hubiese tenido miedo a errar (…), si hubiese querido volar con paracaídas, no habría descubierto el inconsciente ni (…) desarrollado el psicoanálisis.” (Ubilluz; 2010)

Hasta aquí la contestación esquiva de Ubilluz pues nunca respondió lo cuestionado sino que resaltó lo dudoso como si hubiese descubierto la pólvora.

El asunto no quedó ahí, Rocío Silva Santisteban también opinó[28], señalando que la pretensión de los autores es “verdaderamente ambiciosa y desafiante”,  y tras repetir las ideas de Portocarrero, Ubilluz, Cornejo, etc., se pregunta: “El objetivo es demasiado alto. ¿Se logra?; con lo cual abre la discusión con una carta bajo la manga: Uno de las apuestas importantes del texto y de los editores es la persistencia en una metodología fundamental para entender los nudos políticos contemporáneos: la interdisciplinariedad”. Creo que hasta aquí ha sido suficiente para comprender la postura de Portocarrero y compañía.

Algunas reflexiones sobre el debate

Vayamos por partes pues se ha dicho mucho. Sobre la reseña de Dargent rescato el seminario gratis de metodología de la investigación otorgado (cómo encarar el manejo conceptual, lo relativo a los niveles lógicos de abstracción, la comparación de estructuras, etc.) a Ubilluz et al., que de seguro le serán valiosos mas no útiles. Por otro lado, rescato también la claridad narrativa de su crítica; como para que nadie diga que su discurso cientificista fue incomprensiblemente elitista. La reseña de Dargent fue certera y escueleante.

A este respecto, la apreciación de Jorge Morel[29] me parece adecuadamente incorrecta. Nos dice:

“Veo con muy buenos ojos los trabajos en ciencia política cuya motivación de fondo es tan simple como “estudio Cajamarca porque soy de Cajamarca” o “estudio discriminación contra las mujeres porque soy mujer”. Este tipo de investigaciones son una mejor garantía de que ninguna agenda de investigación prime por factores meramente económicos y/o de “prestigio”, así como de que se cumpla el ideal kuhniano de una ciencia en permanente fluidez.” (Morel; 2011)

Dos cosas: 1) Me parece que muy pocas veces se han gestado buenas ideas por causa de motivaciones personales sino todo lo contrario, por ejemplo, el feminismo radical setentero o los estudios sobre racismo de hoy en día, donde todo lo que no sea mestizo es argumentable mediante Foucault; estas posturas, más que objetivas muestran muchos prejuicios intuyo por la presencia de tales motivaciones personales que Morel felicita. Pienso que se debe mantener cierta neutralidad pro-objetividad y para eso sirven las metodologías que Morel, paradójicamente, también rescata. 2) Otro punto que considero confuso es el recurrir a Thomas Kuhn para hablar de “fluidez científica”. Si bien Kuhn postuló una nueva forma de comprender el desarrollo científico en La estructura de las revoluciones científicas (1962) en su contexto, esta postura fue criticada luego por epistemólogos como Karl Popper, Rudolf Carnap y Margaret Masterman allá por 1970[30], o por Mario Bunge[31], y fue fuente de inspiración de posturas sociologistas y psicologistas, o subjetivistas, del conocimiento como el Programa fuerte en Sociología del conocimiento de la Escuela de Edimburgo promovido por Barry Barnes y David Bloor[32], interpretaciones que el mismo Kuhn terminó por rechazar como bien señaló Carlos Solís[33]. Si Kuhn fue o es promotor de algo dudo mucho que ese algo tenga que ver con las cuestiones personales, motivacionales o subjetivas en torno a la producción del conocimiento, recuérdese, científico.

No obstante, sobre la respuesta de Ubilluz hay más puntas que afilar.

  • En primer lugar, afirmar que Zizek et al., no son posmodernos por motivos que él entiende son de índole política, tales como la formulación de un sujeto político universal, la superación del capitalismo, la superación de los relativismos, etc., sin embargo esto es inexacto. Si bien la posmodernidad es un horizonte con efectos apreciables en arte, cine, literatura y arquitectura, también ha tenido efectos en el plano teórico y epistemológico (a los cuales remitimos) cuyas consecuencias son todo lo contrario de apreciables. La posmodernidad es concebida por epistemólogos como Popper y Bunge (para nombrar fuentes conocidas y primarias) como una contra-respuesta a la ciencia. Para no extendernos en la argumentación, posmoderno es aquel que teóricamente no cree en la objetividad de la ciencia y duda de sus recursos (sea la que fuere, desde geometría analítica, física experimental, biología de la complejidad hasta sociología matemática, arquitectónica de software o antropología sistémica) y edifica su argumento sobre tal falacia. A este respecto, Zizek et al., son posmodernos por donde se les mire pues su rechazo a la objetividad, inclusive de las mal llamadas “ciencias duras”, es más que evidente. Es tan evidente que se intenta aplicar psicoanálisis lacaniano a la crítica cultural y esto tiene mucho de retórico y poco de teórico ¿No es acaso Zizek posmoderno al mandar al tacho a la epistemología para decir que lo Real se encuentra en Matrix, Kung Fu Panda, Justin Bieber, inodoros y chocolates? Imaginar a Lacan enterarse que su teoría del inconsciente termina siendo aplicada a tales ejemplos sería algo impagable. Un posmoderno no se define por las cosas que dice sino cómo las dice, o para ser más exactos, como no las dice[34].


  • En segundo lugar, sobre la idea de la antifilosofía, me pondré de lado de Dargent en afirmar que no existe algo llamado así. Por lo general fueron filósofos renegados los que esbozaron líneas de crítica a la filosofía general a la que malinterpretaron como unilineal, pero esto no los hace antifilósofos sino Marx, Bachelard, Kuhn, Quine, Popper, Bunge, Rouse, Goldman, Fuller y un interminable etcétera serían también “antis”, lo cual sería descabellado de sostener. Pero lo curioso es el modus operandi de estos antifilósofos el cual consiste, según Ubilluz, en que “ubican la verdad no en el saber sino en el lazo oculto entre el saber y su exterior”, nuevamente, para lo que sea que esto signifique. Parece que la dialéctica kojeviana-lacaniana sirve como buen marco teórico para los despistados.


  • En tercer lugar, veamos las lecturas que hizo Ubilluz de los ensayos como contra-réplica a Dargent. En torno al ensayo de Lossio, nos dice que “desafía el sentido común marxista, según el cual “la religión es el opio del pueblo””; sin embargo, tras la lectura del texto, a uno le queda el mal sabor de boca de estar frente a una descripción etnográfica hilarante para cualquier estudiante de antropología. En este caso, parece que se ignora abiertamente que el apotegma marxista “la religión es el opio del pueblo” (el cual Ubilluz injuria al catalogarlo de “sentido común”) fue el resultado de una investigación que duró una vida siendo esta elaborada y solo enunciable desde un paradigma sistémico-funcional con roce positivista como lo fue el marxismo clásico. Pienso que para siquiera generar temblor en los fundamentos de esa conocida frase que guarda en su interior una teoría densa y compleja, no basta una etnografía mal hecha de un pueblo recóndito, ni diez ni veinte, dado que una cosa es un nivel etnográfico de conocimiento, en el caso de Lossio repleto de descripciones pueriles donde el autor no atina ni una sola relación entre sus elementos, y otra un nivel basado en modelos teoréticos matematizables. Aquí vemos el más grave desconocimiento sobre metodología al confundir distintos niveles de escala que Ubilluz ignora y defiende hasta la saciedad. Y da la impresión de que el plus-de-goce del artículo en cuestión es precisamente cuestionar dicho pilar marxista.



Asunto similar ocurre con el ensayo de Vich, que al igual que Lossio, se apoyó en etnografías tan mal elaboradas cuyas conclusiones parecían fijadas de antemano pues el trabajo de campo no sirvió para explorar las dinámicas de un grupo social sino para confirmar las sospechas de sus autores. Ambas etnografías me recordaron mucho el estilo de trabajo de Clifford Geertz cuya debilidad metodológica es ilustre y atrevida[35].

  • En cuarto lugar, en relación el conocimiento, pongamos en cuestión lo que Ubilluz nos dice:



La Enciclopedia crece incluyendo lo no-sabido dentro de su armazón de lo ya-sabido, la indagación reconoce la novedad de lo no-sabido y articula una verdad. No me refiero a una verdad exacta. Me refiero a la verdad como el nombramiento de un agujero en el saber que este se esmera en tapar”. (Ubilluz, 2010)

Aquí observamos a Ubilluz calificar de “Enciclopédica” a la postura de Dargent et al., y rotular la suya y la de sus seguidores como “indagación”. Sobre la Enciclopedia no hay duda en torno a cómo opera; sin embargo, ¿qué significa que la indagación reconozca “la novedad de lo no-sabido y articule una verdad”? Quizás se refiera a darle un giro a las cosas y pensarlas de otra manera (Aquí hubiese sido bueno que se tradujera del lacanismo al español). Si fuera esto ¿por qué no decirlo así? Si fuera cierto, ¿acaso implica abandonar toda metodología?, ¿Es que acaso pensar distinto implica no pensar? No obstante el secreto del sintagma está en la palabra “articule”, la cual no se clarifica, ya que cualquier científico del mundo de hecho articula verdades desde lo no-sabido. Aquí el único agujero que (Ubilluz) se esmera en tapar es el de sus propios vacíos que intentan erigir verdades cimentadas sobre prejuicios y solucionadas mediante citas estratégicamente colocadas.

No se trata tampoco de elogiar un ensayo porque descubre relaciones donde nadie las vio antes sino de saber cómo fundamentar dichas relaciones, es decir, verificarlas. Si uno va a tomar en serio cualquier indagación aventurada como una verdad posible de ser articulable me parece que andamos por mal camino. Si bien es cierto que en este sistema todo está articulado con todo, estas articulaciones son reales y objetivas, no retóricas ni narrativas, ni simbólicas ni subjetivas. El sol no dejará de salir simplemente porque uno lo afirme citando a Zizek con vehemencia.

  • En quinto lugar, quizás lo único rescatable de la lógica Ubilluz et al., es que aparentemente no le tienen miedo a equivocarse pues lo hacen seguido; no obstante a modo de analogía, Ubilluz utiliza el caso del psicoanálisis. Hoy sabemos que en un inicio Freud se equivocó, inclusive se demostró que falseó sus avances clínicos[36]; pero la analogía que hace Ubilluz es errónea porque el psicoanálisis nunca fue una disciplina capaz de dar soluciones a toda la maldad del mundo pero tiene reglas prácticas y normas que le dan cierto margen de confianza sobre todo en el ámbito clínico donde estas teorías se crearon y consolidaron. Tengamos en cuenta también, como intelectuales honestos, las críticas en torno al psicoanálisis antes de erigirlo como el modelo propedéutico por excelencia. Sencillamente, nada le garantiza a Ubilluz que si Freud hubiera volado con paracaídas no habría psicoanálisis, por tanto, la justificación del error que se esboza no es sino una excusa sin relación directa. Y a todo esto aun vale preguntarse ¿Qué diantres tiene que ver Freud y el psicoanálisis del 1900 frente a los Estudios culturales del 2010? O se le acabaron los ejemplos a Ubilluz o nunca los tuvo, o lo que es peor, él cree estar en lo correcto. Aquí Dargent tiene razón en decir que se apoyan demasiado sobre lo que dicen otros autores sin cuestionarles.


Algunas reflexiones críticas a los ensayos

No obstante, estos malestares no son algo restringido. Si revisamos los textos encontraremos uno que otro malestar. El ensayo de Portocarrero se explaya en imprecisiones pues tiene como objeto la “subjetividad peruana”[37]; sin embargo, no sabíamos que la subjetividad de millones de personas era calculable en un ensayo de 16 páginas donde el autor usa prácticamente la mitad de las mismas para reflexionar sesudamente sobre la dialéctica siervo-ciudadano tal cual, para al final citar a Freud, y afirmar, sin salvedad de ningún tipo, que los peruanos estamos paranoicos y que por eso vemos patrones malvados por todas partes.

El ensayo de Cornejo Salinas vibra en material bibliográfico pero tan solo para proponer que existe una relación entre sus objetos (autoritarismo/homofobia) y todo para concluir que “La homofobia es una variedad del autoritarismo”. Pienso que antes de hablar de variedades es bueno sostener la relación misma; lamentablemente no se especifica si dicha relación (autoritarismo-homofobia) es causal, nomotética, correspondiente, lógica, deductiva, inductiva, inferencial, hipotética, hipotética compleja, estructural o funcional, ni nada que se le parezca; sin embargo, nos dice que la homofobia es el “fundamento oculto” del autoritarismo pero ¿Qué significa esto?, ¿Qué los autoritarios son en el fondo homofóbicos?, ¿Qué la homofobia es el primer paso del autoritarismo?, ¿Cómo se comprueban dichas correspondencias?, ¿Es posible revisar centenares de periódicos y hablar del nefasto gobierno de un país en específico para concluir usando categorías tan amplias como “autoritarismo” y “homofobia”? Inclusive, en un episodio de paranoia que bien le podría servir a Portocarrero como muestra empírica para que al menos fundamente algo, Cornejo llega a preguntarse sobre aquel sujeto que busca injuriar la homosexualidad, al que termina por materializar: “El sujeto de la enunciación del discurso homofóbico”. Entiendo que se trate de un análisis retórico butleriano donde se busquen situar algunos vectores discursivos pero determinar una causa eficiente de un objeto tan amplio, cuyo tratamiento de su complejidad se evita, puede llegar a distorsionar la investigación.

Caso similar ocurre con Vich al develar relaciones de masculinidad performativa en las discusiones de Plaza San Martín, sin embargo, al no planificar bien su objeto tanto un gesto, como una burla, un apodo, una chapa o una jerga podrían ser parte de esas relaciones de masculinización, entonces, a decir de la conceptualización bastante floja del autor, cualquier discurso enunciado por hombres en un ambiente coloquial podría ser masculinizante. No olvidemos tampoco que hablamos de hombres mayores curtidos en un idiolecto determinado del cual al autor no le interesa saber ni su origen histórico ni su aspecto estructural, funcional o pragmático, ni menos establecer distribuciones semánticas sino solo calificarlos de forma mediocre. Tampoco olvidemos que la noción de performatividad masculina sobre la cual se apoya Vich abandona todo factor biológico al explicar lo masculino como pura performance o, como diría Cornejo (que también repite el plato en este punto) una estructura imitativa. Es decir, señores lectores, que según Cornejo y Vich, somos hombres porque aprendimos a serlo no porque tengamos una compleja estructura fisiológica innata; dicho de otro modo: Somos discurso, no materia.

Por otra parte, García Llorens, a pesar de los cuadros estadísticos y los procesos políticos descritos, descubre que Alan García era un neoliberal al “analizar” el discurso del perro del hortelano, ejercicio completamente innecesario pues solo comprueba una obviedad, sobre todo si toma como premisas base algunas afirmaciones ligeras de Zizek. O bien algunos objetos son intrascendentes, como el caso de Mujica, para quien el guachimán, (citando a Arendt, habla del “carácter banal del guachimán”) la mesa de partes y la secretaria conforman poderes implícitos, inclusive tomándose licencia con algunos formalismos sin fundamentación cabal pues se nos habla de “estructuras”, “sistemas”, “redes”, pero nunca se las comprueba más que para un uso metafórico. O que para Chlimper los blogs, a pesar de las advertencias, constituyan estructuras de poder solo visibles desde el foucaultianismo más destartalado. O los autores no supieron exponer bien sus métodos y objetivos o de hecho no tenían ninguno.

En el caso de Ponce es curioso cómo un testimonio de vida puede de hecho ser influenciado directamente por el modelo económico mundial sin mediación alguna, o lo que es aún peor, que dichos cambios puedan interpretarse lacanianamente sin siquiera tener en frente a tales personas para comprobar si respectivas acciones son psicoanalíticamente legibles. Para el caso de Lossio, del cual ya atendimos, me parece muy cuestionable este intento de etnografía teniendo en cuenta que las dos definiciones de cultura que el autor da (la cultura como símbolo, la cultura como poder) carecen de fundamentación, no se cita a nadie, ni un estado de la cuestión, nada, tan solo un artículo de Vich sin referencia alguna pero de evidente inspiración geertziana (la cultura como tejido simbólico). Aquí vimos cómo las premisas mal elegidas a veces hasta te generan métodos y conclusiones demás desdeñables.

Finalmente, tenemos a Ubilluz con doble participación. En primer lugar, hizo bien en referir que existe un aspecto ideológico en El francotirador, pero este fin se reduce cuando observamos que su premisa principal es que “todo programa televisivo tiene una perspectiva política”; “perspectiva” aquí quiere decir que forzando un poco nuestro objeto podremos descubrirle hasta una carilla biologicista hegemónica racial a programas de televisión como “La cocina de Jorge Lam”. No obstante, lo curioso de las reflexiones de Ubilluz son las atribuciones de raigambre lacaniana vertidas sobre Jaime Bayly cuando se afirma que este personaje logra tal cosa, transgrede lo otro, hace esto, sostiene aquello, encarna tal cosa, que el Prozac que ingiere es lo Real y hasta afirmar que genera efectos psicológicos en los televidentes sin siquiera una sola prueba, muestreo, entrevista o encuesta que fundamente sus afirmaciones. Aquí pareciera que Ubilluz hubiera recopilado los efectos que Bayly causó en él y los extrapoló sin miedo hacia el resto de la población en la Tierra y satélites afines. Todo este ideario lacanoide no es nuevo, pues en otro ensayo[38]“psicoanaliza” a Vladimiro Montesinos recurriendo a chismografía expuesta en otras fuentes[39]sin siquiera (es lo más probable) haber cruzado palabra con su objeto. Esto me hizo recordar a la interpretación psicoanalítica de Jorge Bruce del cuento Silvio en el Rosedal de J.R Ribeyro o a las exégesis lacanoides de Gustavo Buntinx sobre el arte.

El otro texto de Ubilluz no merece mucha reseña, expone el debate Zizek-Laclau para luego afirmar que Zizek tuvo razón, y le bastó un sutil giro retórico para nombrar de “política del síntoma” esta nueva forma de gestar lo político. Esta idea, si bien desarrollada de forma extensa, una vez que llegamos al final notamos que lo único que Ubilluz hizo fue ponerle un nombre distinto a algo ya conocido. Y en este texto, Ubilluz citó a Zizek la impresionante cantidad de 70 veces aprox.  Más allá de que su ensayo trate en sí de Zizek, a uno le genera la sospecha de que si las argumentaciones, las ideas y las directrices de Ubilluz sean realmente suyas o de inspiración eslovena.

Lo único defendible del libro en general es que existe un manejo de data interesante, en algunos casos abundante, sea de sus propios objetos sea de carácter histórico, pero presiento la incertidumbre de los autores ante la posibilidad de su manejo sistemático pues los planteamientos decaen ampliamente, se hacen las preguntas incorrectas, su ejecución es pobre, se usa marcos teóricos inadecuados, se los combina de modo incoherente, hay una ausencia de modelización y sus comprobaciones son inexistentes. Es apreciable como la data a veces se somete a conclusiones elaboradas de antemano que convierten estos estudios no en exploraciones sino en confirmaciones del kantismo más intuitivo. De pronto parece que todos los ensayos, a pesar de sus diferencias, concluyeran lo mismo sobre las mismas categorías: neoliberalismo nocivo, estructuras de poder, lo no sabido, lo Real, etc. La data debe apoyar a la construcción del marco sea este matemático, no se debe buscar data antojadiza y sesgada que confirme la hipótesis de un ajeno mediático; lo primero es actividad académica, lo otro, un compás acomodaticio a la moda más surrealista.

Por último, ante tanto vacío metodológico expuesto por los autores de Cultura política en el Perú, ¿tendrá algo de verdad que Silva Santisteban hable de nuevas metodologías o teorías siendo aquello justamente lo más criticado? O estamos todos locos o algunos se rehúsan a incluir la lógica en su actividad intelectual diaria.

Ante todo este panorama desolador, encuentro curioso el optimismo de los autores en cuya Introducción del libro en cuestión nos permiten soñar ampliamente pues se nos dice que (los autores) pretendemos ante todo la veracidad”, y más allá, que “hemos puesto en el primer plano el rigor en el análisis y la argumentación racional” pues se presentan “distintos marcos teóricos”con “adecuada fundamentación empírica”. Este planteamiento, y con palabras tales como “veracidad”, “rigor”, “argumentación racional”, “marcos teóricos” (en plural), “fundamentación empírica”, etc., es el sueño de todo positivista, sin embargo podemos apreciar cómo muchas veces lo que un autor defiende no es necesariamente lo que termina conquistando. Y más aun, entramos todos en shock cuando notamos que conceptos como los de “veracidad”, “racional” y “empírica” pertenecen a una lógica científica que fue objeto de mofa por el expreso carácter anticientífico de los Estudios Culturales norteamericanos del cual el libro se alimenta. Aquí ya estamos todos de cabeza.

¿Quién dijo Estudios culturales?

Pero el problema no solo queda en la aplicación interpretativa del kantismo-lacanismo o del hegelianismo-zizekismo sin comprobación directa, el problema es disciplinar o quizás antidisciplinar. La raíz de todas estas falencias se encuentra en los ya archiconocidos Estudios Culturales de raigambre norteamericana[40]. No esbozaré aquí lo que esto es sino exponer sus vacíos tomando como referente central el debate que aquí se trata y que está bien situado en esta sub(anti)disciplina.

Pienso que una gran forma de comprender críticamente el inmenso mundo de los Estudios Culturales es tomando como referencia una de las primeras elaboraciones críticas  en lengua castellana sistematizada al dente del lector: Apogeo y decadencia de los Estudios culturales. Una visión antropológica (2000) de Carlos Reynoso. Este libro debería ser leído por todos porque ha sido escrito para todos: Lenguaje programático claro y preciso, sin embargo por momentos parece que Reynoso se sitúa por fuera del debate pues en un par de momentos admite no conocer los temas que aborda cuando en realidad, pienso, debería ejercerse una crítica desde dentro conociendo bien los paradigmas diversos, sus lógicas o la ausencia de ellas incluyendo la forma de escritura y construcción de un argumento académico, como aquí espero haber realizado. Es así que, con cierta dosis de atrevimiento, llamo a este ejercicio una muestra de crítica interna, a diferencia de las externas que muchas veces se dedican a etiquetar que a comprender lo que critican.

En un párrafo que considero guarda relación con nuestro tema, Reynoso nos dice:

“No alcanza entonces una referencia al lenguaje y a lo simbólico para trasmutar el estructuralismo lacaniano en una teoría que tenga que ver material y genéticamente con la sociedad.”(Reynoso, 2000)

Reynoso nos informa aquí dos cosas: 1. No basta hablar de lo Real, del fantasma fundamental, del orden sociosimbólico, del síntoma, del objet petit a o del inconsciente, para decir que uno es lacaniano o que Lacan está presente en la política, la sociedad, los televidentes, Jaime Bayly, el autoritarismo, o; 2. No es suficiente mencionar y posicionar en el texto tales conceptos para referirse a un marco teórico. Un conjunto de citas punteadas retóricamente, nombres famosos por aquí por allá, no hacen un marco teórico, en realidad lo deshacen. Para mayor información sobre cómo un marco teórico debe constituirse con la ayuda de modelos teoréticos, leer Teoría y realidad (1975) de Mario Bunge, el que considero un excelente trabajo de sistematización y profundización sobre el fenómeno teoría (criticando posturas metafísicas y positivistas), personaje y texto bastante venido a menos por los Estudios Culturales y sus profetas.

Hasta el momento nadie ha comprobado la correspondencia teórico-epistemológica entre el psicoanálisis y lo político. Cuando Freud y Lacan elaboraron durante toda su historia tales marcos conceptuales y principios terapéuticos, estos se realizaron en un ámbito específico: La clínica. Y digo esto porque los partisanos de los Estudios culturales dejan entrever que la epistemología podría ser un impedimento a sus deseos ¿No se refiere Ubilluz a la epistemología cuando habla de que el saber enciclopédico está empalado por “ideales vigentes”? En muchos escritos de esta sub(anti)disciplina se ve la ausencia de marcos formales pero paradójicamente abundan en “ideales vigentes” como Williams, Gramsci, Lacan, Foucault, Deleuze, Stuart Hall, Zizek, Laclau, Badiou, etc., algunos de los cuales nunca formaron parte de este campo de saber.

Sin más, mucha de su bibliografía que compondría su marco “teórico” es bastante polar pues va desde los clásicos como Spinoza, Hegel, Kant, Freud, Lacan, hasta los posmodernos como Zizek, Badiou, Laclau, Mouffe, Butler, etc. Y todos van juntos. Pero jamás vi fuentes bibliográficas, ya sea referente al tema específico, si se habla de corrupción, autoritarismo o democracia no hay textos referentes que pudieran discutirse en los escritos; ya sea sobre las fuentes que utilizan, pues osan aplicar directamente a Kant, Lacan, Zizek, etc., sin importarles si dichas elaboraciones son sometidas a críticas, refutaciones o invalidaciones como cualquier académico honesto lo haría para comprender la veracidad de su marco.

Lo más curioso es que cuando los citan se remiten solo sus conceptos pero jamás a sus elaboraciones; nunca veremos en un libro de Estudios culturales una teoría de lo clínico, una topología del inconsciente o la edificación de un sistema teórico concreto porque esto es lo difícil, lo más sencillo es puntuar una que otra cosa como lo Real, lo no sabido, el objeto a, y dar la apariencia de que dicho ejercicio sirve para elaborar algo consistente. Es más factible que los veamos enredándose entre los universales hegelianos o las paradojas zizekianas, así hablen de dictaduras con nombre propio y fecha exacta, que leyendo libros sobre formas dictatoriales en América Latina y proponer un modelo heurístico que permita comprender su propio motivo.

Otro dato curioso es que, dentro de sus propias fuentes, se cita o muy poco a los primeros pensadores del psicoanálisis lacaniano. Existen dos oleadas de lacanianos: Los interesados en la clínica y los interesados en la cultura. Jamás en textos de Estudios culturales veremos elaboraciones de las propuestas de Octave y Maud Mannoni, Jean Allouch, Guy le Gaufey, o Jacques Hassoun pues estos fueron inclusive fundadores de diversas instituciones de enseñanza e investigación clínica. No se elabora nada sobre ellos. A quien se cita es a la segunda oleada de lacanianos, a los que llevaron la clínica a la calle (política, sociedad, cultura, cine, etc.) sin ningún fundamento teórico ni epistemológico y que no pertenecen a ninguna institución formal de estudios clínicos. Es decir, psicoanálisis gratis para todos. Tal es así que el ritmo de redacción de los cultural studies es una cadena tripartita entre el académico, sus libros de Zizek y la desactivación del autocorrector de Word.

Conclusión

Con todo, podemos decir que los buenos deseos de Silva Santisteban caen por la borda. La metodología ausente es síntoma de dos cosas: Lo mal que proceden estos académicos y que no se sabe qué es una metodología que a cualquier discurso lo catalogan de tal. Y para terminar, no existe ninguna perspectiva teórica pues al juntar tantos nombres inconexos y discursos dispares el proyecto teórico se evapora frente a su divergencia. La interdisciplinariedad posmoderna de los cultural studies es una interdisciplinariedad bibliográfica, no es una epistemología, es un signo de falta de la misma. Lo que anda mal no son las ciencias, son los anticientíficos. Pero es lógico esperar cierto apoyo por parte de Silva Santisteban a los editores, pues cuando no está escribiendo artículos punzantes sobre política y medios de comunicación está escribiendo sobre De Beauvoir, Lacan, Bourdieu, Foucault, el cuerpo y la ideología queer, mezclando todo sin darse cuenta de que algunos de esos autores y paradigmas son como el agua y el aceite.

Para terminar, y para estar en la onda posmoderna aquí expuesta: Diré que el proceder del culturismo es como lo real difuminado, resistible y vaporoso frente a la realidad disciplinar hegemónica y sintomática del resto de saberes supuestos que golpea la sensibilidad más imaginaria del discurso endeble y perturba, pero conforma, el universo de conocimiento “social”. Y lo escribo entrecomillas, porque la sociedad… No existe.


Bibliografía

MELÉNDEZ, Carlos & VERGARA, Alberto (Eds.) (2010). La iniciación de la política. El Perú político en perspectiva comparada. Lima: Fondo Editorial de la PUCP.
PORTOCARRERO, Gonzalo, UBILLUZ, Juan Carlos & VICH, Víctor (Eds). (2009). Cultura Política en el Perú: tradición autoritaria y democratización anómica. Lima: Red para el Desarrollo de las Ciencias Sociales.
DARGENT, Eduardo (2010). “Sobre el vuelo creativo y el riesgo de no crear paracaídas”. En: Revista Argumentos, año 4, n.3. Julio 2010. Información obtenida de:
UBILLUZ, Juan Carlos (2010). “Réplica a la reseña de Eduardo Dargent sobre el libro Cultura política en el Perú. En: Revista Argumentos, año 4, n.4, Setiembre 2010. Información obtenida en:
SILVA SANTISTEBAN, Rocío (2010). “¡Todos tienen su culturita! A propósito del libro Cultura política en el Perú”. En: Revista Argumentos, año 4, n.3, Julio 2010. Información obtenida en:
MOREL, Jorge (2011). “¿De qué somos testigos privilegiados?: reseña de La iniciación de la política y un consejo a los estudiantes de ciencia política”. En Revista Argumentos, año 5, n° 3. Julio 2011. Información obtenida de: 
ZIZEK, Slavoj (2002) Mirando al sesgo. Una introducción a Jacques Lacan a través de la cultura popular. Buenos Aires: Editorial Paidós.
HALL, Stuart (2010) Sin garantías. Trayectorias y problemáticas en estudios culturales. Colombia: Envión Editores, Instituto de Estudios Peruanos, Instituto de Estudios Sociales y Culturales, Pensar. Pontificia Universidad Javierana, Universidad Andina Simón Bolívar.
REYNOSO, Carlos (2000). Apogeo y decadencia de los estudios culturales. Una visión antropológica. Barcelona: Editorial Gedisa.
MORALES, Sergio, “Antropología made in San Marcos”, 2013, Círculo de Estudios Interdisciplinarios. Información obtenida de:: http://www.patiodesociales.com/2014/01/antropologia-made-in-san-marcos-sergio.html
BUNGE, Mario (1975). Teoría y realidad. Barcelona: Editorial Ariel.




[1] Por esas fechas acontecía el debate entre culturista Edward Thompson y el estructuralista Louis Althusser. Curiosamente, Stuart Hall, si bien promotor de los Estudios culturales en EEUU, en vez de “ponerse de lado” de Thompson se alió al althusserianismo mezclado con semiótica.
[2] Es visible la preferencia de Stuart Hall por el paradigma postestructuralista extraído de una lectura de Althusser y Gramsci adaptados a la semiótica francesa y la deconstrucción que devino en exploraciones sobre etnicidad, multiculturalismo, racismo, etc. Ver Stuart Hall, Sin garantías. Trayectorias y problemáticas en estudios culturales (2010).
[3] Aquí me refiero a las polémicas acontecidas en diversas Universidades entre los Departamentos de Sociología y los de Literatura inglesa, de donde emergieron los Estudios culturales (Reynoso, 2000).
[4] Recordemos que el Escándalo Sokal se gestó hacia los Estudios culturales norteamericanos ocasionando impactos a nivel académico e institucional. Ver Alan Sokal y Jean Bricmont, Imposturas intelectuales (1999).
[5] Aquí me refiero a Apogeo y decadencia de los estudios culturales. Una visión antropológica (2000) del antropólogo argentino Carlos Reynoso.
[6] Ver Sergio Morales, “Antropología made in San Marcos”, 2013, Círculo de Estudios Interdisciplinarios. Información obtenida en: http://www.patiodesociales.com/2014/01/antropologia-made-in-san-marcos-sergio.htmlSi bien aquí me refiero a la antropología sanmarquina es apreciable que parte de este llamado de atención es un pretendido general hacia las ciencias sociales peruanas no precisamente caracterizadas por su clarificación epistemológica.
[7] “¿De qué hablamos cuando hablamos de política comparada? Teoría y métodos en la política comparada”, En Meléndez, C. & Vergara, A. (Eds.) (2010). La iniciación de la política. El Perú político en perspectiva comparada. Lima: Fondo Editorial de la PUCP.
[8] “¿Cómo escapar del fatalismo de las estructuras? Marco para entender la formación del sistema de partidos en el Perú”, En Meléndez, C. & Vergara, A. (Eds.) (2010). La iniciación de la política. El Perú político en perspectiva comparada. Lima: Fondo Editorial de la PUCP.
[9] “Algunos apuntes sobre los movimientos y protestas sociales en el Perú”, En Meléndez, C. & Vergara, A. (Eds.) (2010). La iniciación de la política. El Perú político en perspectiva comparada. Lima: Fondo Editorial de la PUCP.
[10] “Cultura política en perspectiva comparada”, En Meléndez, C. & Vergara, A. (Eds.) (2010). La iniciación de la política. El Perú político en perspectiva comparada. Lima: Fondo Editorial de la PUCP.
[11] “Los estudios sobre el comportamiento político y la opinión pública en el Perú”, En Meléndez, C. & Vergara, A. (Eds.) (2010). La iniciación de la política. El Perú político en perspectiva comparada. Lima: Fondo Editorial de la PUCP.
[12] “Economía y política en la opinión pública: un análisis de la popularidad presidencial en el Perú”, En Meléndez, C. & Vergara, A. (Eds.) (2010). La iniciación de la política. El Perú político en perspectiva comparada. Lima: Fondo Editorial de la PUCP.
[13] “Las bases sociales y políticas del apoyo a la democracia en el Perú”, En Meléndez, C. & Vergara, A. (Eds.) (2010). La iniciación de la política. El Perú político en perspectiva comparada. Lima: Fondo Editorial de la PUCP.
[14] Morel, Jorge. “¿De qué somos testigos privilegiados?: reseña de La iniciación de la política y un consejo a los estudiantes de ciencia política”. En Revista Argumentos, año 5, n° 3. Julio 2011. Información obtenida  en http://revistargumentos.org.pe/fp_cont_1165_ESP.html ISSN 2076-7722
[15] Portocarrero, G., Ubilluz, J.C. & Vich, V. (Eds). (2009). Cultura Política en el Perú: tradición autoritaria y democratización anómica. Lima: Red para el Desarrollo de las Ciencias Sociales, p.7.
[16] “Los fantasmas del patrón y del siervo como desestabilizadores de la autoridad legal en la sociedad peruana”, En: Portocarrero, G., Ubilluz, J.C. & Vich, V. (Eds). (2009). Cultura Política en el Perú: tradición autoritaria y democratización anómica. Lima: Red para el Desarrollo de las Ciencias Sociales.
[17] “Sacando a la bestia del clóset: Autoritarismo y homofobia”, En: Portocarrero, G., Ubilluz, J.C. & Vich, V. (Eds). (2009). Cultura Política en el Perú: tradición autoritaria y democratización anómica. Lima: Red para el Desarrollo de las Ciencias Sociales.
[18] “Nunca dejarse persuadir: esferas públicas, usos lingüísticos y masculinidades en la política peruana”, En: Portocarrero, G., Ubilluz, J.C. & Vich, V. (Eds). (2009). Cultura Política en el Perú: tradición autoritaria y democratización anómica. Lima: Red para el Desarrollo de las Ciencias Sociales.
[19] “El discurso del perro del hortelano y las articulaciones actuales entre política y medios de comunicación en el Perú”, En: Portocarrero, G., Ubilluz, J.C. & Vich, V. (Eds). (2009). Cultura Política en el Perú: tradición autoritaria y democratización anómica. Lima: Red para el Desarrollo de las Ciencias Sociales.
[20] “El franco-tirador. Sobre el humor y la tolerancia como arsenal político”, En: Portocarrero, G., Ubilluz, J.C. & Vich, V. (Eds). (2009). Cultura Política en el Perú: tradición autoritaria y democratización anómica. Lima: Red para el Desarrollo de las Ciencias Sociales.
[21] “Los fragmentos de la burocracia formal. Sobre la relación cotidiana entre las “personas” y el Estado”, En: Portocarrero, G., Ubilluz, J.C. & Vich, V. (Eds). (2009). Cultura Política en el Perú: tradición autoritaria y democratización anómica. Lima: Red para el Desarrollo de las Ciencias Sociales.
[22] “Los de “izquierda” y los de “centro”: Opciones políticas modernas, desencantos pospolíticos posmodernos”, En: Portocarrero, G., Ubilluz, J.C. & Vich, V. (Eds). (2009). Cultura Política en el Perú: tradición autoritaria y democratización anómica. Lima: Red para el Desarrollo de las Ciencias Sociales.
[23] “Arte, religión y política: Otras forma de irrupción pública en el Perú”, En: Portocarrero, G., Ubilluz, J.C. & Vich, V. (Eds). (2009). Cultura Política en el Perú: tradición autoritaria y democratización anómica. Lima: Red para el Desarrollo de las Ciencias Sociales.
[24] “La blogósfera: nuevos espacios públicos, otros impactos políticos”, En: Portocarrero, G., Ubilluz, J.C. & Vich, V. (Eds). (2009). Cultura Política en el Perú: tradición autoritaria y democratización anómica. Lima: Red para el Desarrollo de las Ciencias Sociales.
[25] “La política del síntoma. De la democracia radical al populismo (y de vuelta a la lucha de clases)”, En: Portocarrero, G., Ubilluz, J.C. & Vich, V. (Eds). (2009). Cultura Política en el Perú: tradición autoritaria y democratización anómica. Lima: Red para el Desarrollo de las Ciencias Sociales.
[26] Dargent, Eduardo. “Sobre vuelos creativos y el riesgo de no llevar paracaídas”. En Revista Argumentos, año 4, n° 3. Julio 2010. Julio 2010. Información obtenida de: http://web.revistargumentos.org.pe/index.php?fp_cont=944 ISSN 2076-7722
[27] Ubilluz, Juan Carlos. “Réplica a la reseña de Eduardo Dargent sobre el libro Cultura política en el Perú”. En Revista Argumentos, año 4, n° 4. Setiembre 2010. Información obtenida de:
[28] Silva Santisteban, Rocío. “¡Todos tienen su culturita! A propósito del libro Cultura política en el Perú”. En: Revista Argumentos, año 4, n.3, Julio 2010. Información obtenida en:
[29] Morel, Jorge. “¿De qué somos testigos privilegiados?: reseña de "La iniciación de la política" y un consejo a los estudiantes de ciencia política”. En Revista Argumentos, año 5, n° 3. Julio 2011. Información obtenida de: http://revistargumentos.org.pe/fp_cont_1165_ESP.html ISSN 2076-7722
[30] Popper, Karl et al. (1975), La crítica y el desarrollo del conocimiento, Ediciones Grijalbo, Barcelona. 
[32] Barnes, Barry, David Bloor y John Henry (1996), Estudios sobre sociología de la ciencia, Alianza Editorial, Madrid. Véase también David Bloor (1971), Conocimiento e imaginario social, Editorial Gedisa, Barcelona.
[33] Solís, Carlos (2010) “Una revolución del siglo XX”, En: Kuhn, Thomas, La estructura de las revoluciones científicas, Segunda reimpresión 2010, Fondo de Cultura Económica, México.
[34] Me refiero aquí a la argumentación, la verificación de sus premisas, la objetividad, la implementación metodológica, etc., en suma, la forma cómo se erige un discurso que se pretende académico.
[35] Recomiendo al lector ver “Juego profundo: notas sobre la riña de gallos en Balí”, en La interpretación de las culturas (1973), donde Geertz concluye, en un par de líneas y desatendiendo a la complejidad del material empírico, que las peleas de gallos son en realidad peleas de penes (cockfights) simbólicos.
[36] Es recomendable revisar y sacar conclusiones de un texto que muy poco se ha leído en Perú: Meyer, Catherine (Ed.), El libro negro del psicoanálisis. Vivir, pensar y sentirse mejor sin Freud, 2007, Editorial Sudamericana.
[37] Portocarrero habla también de “imaginarios”, “percepciones”, “fantasías” y demás conceptos que probablemente él crea que son inmensurables, por tanto, se toma el privilegio de ensayar a su antojo.
[38] Ver “El delicioso sadismo de Vladimiro Montesinos”, en Nuevos súbditos. Cinismo y perversión en la sociedad contemporánea (2006), libro que considero una agobiante exposición lacanoide hacia objetos tan disímiles como el perreo que termina por tergiversar el más inocente marco teórico. Increíble que esta pieza de vacuo haya sido publicada por el Instituto de Estudios Peruanos.
[39] Ubilluz se basó en el libro de Luis Jochamowitz, Vladimiro Montesinos: Vida y obra de un corruptor (2002). Lima: Editora El Comercio.
[40] Se conoce a través de la historia de los Estudios culturales su origen en Birmingham, Inglaterra; sin embargo, su proliferación paradigmática tendría como suelo Norteamérica donde los Estudios culturales se tornaron posmodernos indefectiblemente (Reynoso; 2000).

You Might Also Like

0 comentarios

Noticias en Facebook

Compilación reciente