Antropología made in San Marcos / Sergio Morales

20:08:00

“Pero la cercanía al árbol puede bloquear la visión del bosque”
Carlos Iván Degregori

Es casi una tradición académica preguntarse: ¿existe una Antropología peruana? Remitirnos a la misma desde su origen en 1946, con la creación del Instituto de Etnología por Luis Valcárcel y discutir su posible unidad sería un objeto amplísimo, por tanto las reflexiones aquí vertidas no tienen por meta responder dicha pregunta, sino tomarse el atrevimiento de indagar en ella y ponerla en cuestión para generar una alternativa. Tomaré como referencia la antropología que se hace desde San Marcos bajo la rúbrica de la Revista de Antropología, así como de los distintos balances y panoramas realizados en nombre de la antropología peruana hacia la cual nos extenderemos para comprender mejor el asunto. Creemos que estas referencias podrían darnos algunas luces de lo que sucede y no sucede bajo las sábanas de nuestra antropología.

La Revista de Antropología

Con su escueta producción expone en su página web[1]la “impresionante” cantidad de 6 números. En ellas pueden observarse académicos como José Matos Mar, Humberto Rodríguez Pastor, Jean Pierre Chaumeil, Jorge Casanova, Carlos Iván Degregori, Rodrigo Montoya, Maurice Godelier, Román Robles, José Vegas Pozo, Harold Hernández, Jurgen Golte, y el trío infaltable de la revista: Román Robles, Rommel Plasencia, Sabino Arroyo, entre otros no menos importantes. Los temas que trabajan son diversos y los paradigmas que los acogen también; vemos principalmente estudios amazónicos de carácter etnográfico (Chaumeil, 1994; Surrallés, 1994; Casanova, 2004; Plasencia, 2007), etnohistoria andina (Spalding, 2003; Robles y Martínez, 2004; Vizcardo 2004; Arroyo, 2004, 2005, 2006, 2007, 2008; Flores Ochoa, 2004; Robles, 2007; Gentile, 2008), desarrollo (Vegas, 2003, 2005; Plasencia, 2003; Palomino, 2004), economía (Mayer, 2004; Plasencia, 2004; Vegas, 2006; Escalante, 2008; Palomino, 2008), educación e interculturalidad (Giesecke, 2003, 2004, 2007; Cao, 2006), antropología histórica (Rodríguez, 1994, 2003),  antropología de la alimentación (Cornejo, 2005, 2006; Escamilo, 2005; Rodríguez et al., 2006; Suárez y López, 2007), etnolingüística (Casanova, 1994), simbolismo y ritual (Arroyo, 2003, 2004; Hernández, 2003, 2005; Aranda, 2005; Robles, 2005; Sánchez, 2008), un artículo metodológico en torno a la comprensión y la explicación en antropología (Vegas, 2007) y un primer -quizás único- artículo sobre epistemología (González, 2006).

También observamos homenajes a John Murra (Román, 2006), Jorge Casanova (Román, 2006), Fernando Silva Santisteban (Huamán, 2006), Claude Lévi-Strauss (Amat, 2007); así mismo las investigaciones de Ladislao Landa en Pacapauza (2008), la de James Regan y Isaac Paz con los awajún (2008), Rommel Plasencia en el río Perené (2008), quienes nos recuerdan que los antropólogos aún hacen trabajo de campo. Finalmente, la presencia de un cuestionable escrito de Eduardo Viveiros de Castro sobre el “postestructuralismo” de Lévi-Strauss (Viveiros, 2008) y el rescate generado hacia Edward Burnett Tylor (Taylor, 2008).

No hay panorama más diverso

Carlos Iván Degregori, importante antropólogo sanmarquino, también presentó una vista panorámica del desarrollo de  la antropología peruana (Degregori, 2000), sobre la que se pueden colegir tres aspectos:

1. La antropología peruana estuvo politizada durante todo su desarrollo, pues sus distintos momentos fueron acompañados por variados fenómenos políticos como el mestizaje, el indigenismo, la formación nacional, el proyecto Vicos, la dependencia económica, los nuevos movimientos sociales, como también el multiculturalismo y la interculturalidad.

2. La recurrencia a marcos teóricos foráneos tales como el culturalismo norteamericano, el estructural-funcionalismo inglés, el estructuralismo francés y el marxismo.

3. La ausencia de reflexiones en los planos teórico, metodológico y epistemológico. Sin embargo, si Degregori no tocó estos planos, ya que parece sugerir su preferencia por las corrientes posmodernas a despecho de las críticas consabidas, es porque la realidad teórica del espectro muestra dicha correspondencia: No tenemos una teoría.

Balances

El IV Congreso Nacional de Investigación Antropológica realizado en Lima en agosto del 2005 (Diez, 2008), muestra dos balances respecto nuestro tema: El de Carlos Iván Degregori y el de Román Robles. En el primer caso, veremos que el abandono del plano formal conllevó a Degregori a tres efectos:

1. Afirmar que debemos superar las barreras disciplinarias, ¡como si alguna vez la antropología hubiere sido “disciplinaria”! En los años 60´s jugó un papel muy central junto a las ciencias cognitivas, la psicología transcultural, la modelización matemática, las ciencias biológicas y la sociología; es decir: La antropología nunca fue disciplinar. Admitir que hoy debemos tornar la antropología peruana interdisciplinar es desconocer cómo se constituye una disciplina científica desde una multiplicidad de paradigmas.

2. Afirmar la imposibilidad de hablar de “laboratorios” antropológicos por cuestiones éticas. Cabe recordar que en Francia, a mediados del siglo XX, Claude Lévi-Strauss y Eric de Dampierre fundaron laboratorios de investigación etnológica que contribuyeron directamente a su institucionalización y promoción. Sin embargo, parece que cuando el autor habla de laboratoriosse imagina científicos con guardapolvos tomando registros de sangre a los indígenas. Esta imagen es algo inocente; los laboratorios en ciencias sociales existen porque es posible la experimentación que va desde la simple verificación empírica de las hipótesis hasta la elaboración de sistemas axiomáticos formales. Un espectro anticientífico parece colarse en la antropología nacional.

3. Sostener que en el Perú no hubo antropología posmoderna pone en cuestión lo que Degregori entendía por posmodernidad(un tema netamente epistemológico) pues si bien aquella empezó en los 80´s; esta, -como actitud intelectual- retrocede muchas decenas de años. Para el año 2008, en nuestra academia, la antropología posmoderna ya era canónica, inclusive el mismo Degregori pudo ser no solo partícipe sino un precursor de la misma.

Román Robles, por otro lado, rescatando los cambios en los Planes de Estudio y la presencia del Instituto de Investigaciones Histórico-Sociales (1983), resaltó la falta de homogeneidad en los proyectos de investigación y a su vez la debilidad institucional que los enmarca, pero cae en una paradoja. El autor nos dice que “Teóricamente, la investigación antropológica tiene un futuro asegurado”. Esta afirmación es preocupante dado el aparente desconocimiento del impacto posmoderno en la antropología y la proliferación de los Estudios Culturales en Norteamérica que dejaron una estela destructiva sobre lo teórico-epistémico-metodológico en las ciencias sociales. Todo esto recae sobre la ausencia de teorías consistentes de acuerdo con las epistemologías actuales, la parálisis frente a herramientas informáticas y el desconocimiento frente a nuevos paradigmas científicos. A este respecto, Robles enfoca el problema con demasiada ligereza desatendiendo la complejidad real del asunto que aquí nos convoca: No hay epistemología que sustente las nuevas teorías. Vivimos reproduciendo erróneamente marcos del pasado en mundos nuevos o peligrando sobre los marcos nuevos la inconsistencia del presente.

Ante todo este panorama, la pregunta que cae por su propio peso es: ¿por qué a pesar de nuestra diversidad paradigmática nos seguimos preguntando sobre la posibilidad de una antropología peruana? Entonces, replico: ¿es necesario tener una?

No obstante, los elementos que subyacen a la fórmula de dicha pregunta son una analogía y una petición de principio. La primera es pensar si somos tan antropológicamente unificados como Francia, Inglaterra, Estados Unidos o Brasil y la segunda es pensar que dichas academias están de hecho unificadas. Conviene dejar de lado la búsqueda ingenua de una respuesta y ver qué horizonte se inmiscuye en la pregunta.

Comparando

Veamos un poco más de cerca las famosas escuelas hegemónicas o centrales (advierto que rechazo estos términos, pero a falta de…) que se constituyeron mediante el paradigma unificado y con las cuales buscamos equipararnos:

-El estructuralismo en Francia que conllevó en su sangre la reflexividad científica de la epistemología no-cartesiana degeneró en el postestructuralismo cuasiposmoderno que desagua por donde se le mire. Ni el mismo Lévi-Strauss se las veía venir cuando le confesó a Viveiros de Castro que la antropología estaba “cabeça para baixo”[2].

-En Brasil, que para muchos representa la gran escuela latinoamericana de antropología, el perspectivismo amerindio plastelinoidefundado por Viveiros de Castro, que desciende de una corriente científica, se volvió al final heredero de un espíritu anticientífico y antimetodológico, dándole así la espalda a sus fuentes teóricas. La gran mayoría de los trabajos que la respaldan están enraizados sobre el mismo paradigma tornándose su originalidad en las mil caras de un Jano extenuado cuyas elaboraciones son más que cuestionables.

-El culturalismo en Estados Unidos que reprodujo en su alma el pragmatismo de inicios de siglo hoy no merece mucha reseña ya que todos conocemos el fiasco metodológico de la antropología posmoderna desde el Congreso de Santa Fe (1984) y su nefasta aleación con los Estudios Cultuales norteamericanos, partícipe directo de su institucionalización y mediatización. Su relación simbiótica las vuelve imposibles de comprender por separado.

-El estructural-funcionalismo de Gran Bretaña que tuvo un amplio componente formalista y pragmatista a través de la figura de Stuart Mill, se dejó ver en las elaboraciones de la Escuela Británica de Antropología Social a través de Bronislaw Malinowski y Alfred Radcliffe-Brown como también por el neoestructuralismo británico de Edmund Leach, Mary Douglas, etc. Estas elaboraciones hoy están prácticamente desaparecidas del saber común a pesar que otorgaron la mayor contribución a la disciplina por la cientificidad otorgada a través del evolucionismo que inspiró teorías de cambio social, como también el empirismo y la modelización sociológica que se reflejan actualmente en estudios sobre redes y complejidad, inteligencia artificial y metodologías informáticas de simulación social basadas en agentes.

Digamos también que los paradigmas unificados en principio estuvieron dentro de marcos epistemológicos aceptables que luego rechazarían (excepto Inglaterra); mientras que en América, se les recusaron quizás por la presencia de retóricas políticas poscoloniales, decoloniales y estudioculturalistasque creyeron criticar la Ciencia cuando en realidad solo expusieron sus propias incompetencias.

Entonces, ¿realmente queremos ser una antropología peruana? Y planteo, ¿no es mejor tener liderazgo sobre el manejo de ciertos temas y herramientas que a través de la repetición abstrusa de un único paradigma representativo para que después termine por acartonarse y evaporarse? ¿Qué es lo que buscamos al querer ser una antropología peruana? ¿Calidad o cantidad?

La antropología sanmarquina: Un espectro posmoderno frente a la epistemología

Personalmente, creo que en nuestra academia no debemos repetir paradigmas cuestionables ni tampoco una actitud posmoderna porque terminaremos repitiendo sus males al caer en pseudoproblemas que generan discusiones circulares: “¿Puede el antropólogo convertirse en su nativo?”. Mucho se habla de tener memoria para no repetir la historia pero hemos olvidado que las teorías también tienen la suya y sin embargo, la ignoramos sobremanera.

Por suerte la posmodernidad no invadió la antropología sanmarquina de un modo tan evidente como en nuestra universidad vecina, no obstante, ronda un espectro posmoderno, que desde las reflexiones escriturales-etnológicas norteamericanas, se filtra en nuestro suelo hacia los trabajos contemporáneos sobre interculturalidad y etnicidad. Este espectro es contestatario frente a la ciencia e injurioso respecto a la epistemología, con cierto descaro, pues nadie sabe lo que realmente son.

Sus efectos son visibles y apreciables a nivel práctico, por ejemplo, al rechazar los Estudios Culturales pero aceptar definir la cultura como “producción de sentido”, abrazar el relativismo epistémico y a su vez renegar de los modelos teóricos, criticar la retórica desmedida pero calificarnos como subalternos ideológicos lectores de literatura, criticar al positivismo sin saber que este desapareció hace ya buen tiempo, y lo peor, admitir con convicción nuestra interdisciplinariedad para chocolatear marcos teóricos sin el mínimo respeto.

Esta clase de confusiones se evidencian en los panoramas y balances aquí expuestos como también en las tertulias cotidianas que acontecen en las aulas. Quizás critiquemos abiertamente a Zizek, Badiou y Laclau para dejar claro a nuestros amigos que no somos "posmos" pero defendemos a Geertz, Marcus, Willis, Rosaldo, Escobar, Restrepo y García Canclini ignorando que parten de una matriz epistémica común. Y tampoco sabemos esto muy bien por qué.

Hoy existen metodologías no tan novedosas que son aplicadas con éxito en Argentina con Carlos Reynoso y el grupo Antropocaos, desde el paradigma del caos y la complejidad, manifiesto a través de modelos basados en agentes, música fractal, autómatas celulares, teoría de grafos, simulaciones de procesos socioeconómicos y redes semánticas vinculadas al análisis del discurso. Y sin ir tan lejos, la PUCP nos lleva la ventaja pues el Centro de Investigaciones Sociológicas, Económicas, Políticas y Antropológicas (CISEPA) conformó el Grupo de Investigación Computacional de la Complejidad Social dirigido por John Earls, José Manuel Magallanes y Martín Santos[3].

En San Marcos quizás demasiada ciencia nos resulte extraña sobre todo si nuestra formación antropológica consiste en cómo renegar de ella; pero los resultados son palpables. La antropología que se hace fuera es tan compleja que es imposible de replicar aquí con la desesperante infraestructura que se nos otorga; es más fácil hablar de lo simbólico-discursivo en Foucault y Lacan que tener espacio para la experimentación y la comprobación de teorías factuales.

Esta problemática es concreta pues gran parte de los proyectos académicos de los cuales nos alimentamos, presentes en los syllabus y planes de estudio, imprimen este carácter anticientífico. Veamos:

-El posdesarrollo de Escobar (Escobar; 2005) tiene por objetivo recusar a la ciencia y a la globalización de ser las causantes de las catástrofes culturales y propone que la solución es que antropología devenga en posdesarrollista y posmoderna (Escobar, 2006). Como si tal aspiración fuera la gran panacea.

-Las aburridas dicotomías entre las antropologías del sur/norte de Krotz (Krotz; 2011), las periféricas/centrales de Cardoso (Cardoso; 1998) o las subalternizadas-disidentes de Restrepo (Restrepo; 2011, 2012), todas similares por tildar a las escuelas “occidentales” de ser científico-positivistas y situar a las nuestras como opositoras, es decir, anticientíficas. Pero por extraño que parezca, sus promotores buscan elaborar teorías, proponer hipótesis y hasta epistemologías; es decir, intentan recusar la ciencia europea para fabricar la suya propia.

-Las elaboraciones del grupo Modernidad/Colonialidad (Castro-Gómez y Grosfoguel, 2007; Lander, 2000) caracterizadas por insistir en lo eurocéntrico de la ciencia social para lo cual proponen como remedio descolonizar la epistemología. Sin embargo, no se menciona ninguna epistemología, a ningún epistemólogo, ni mucho menos un trabajo relacionado, y lo que es peor, se sigue creyendo en el cartesianismo de las ciencias sociales.

Todos los paradigmas anteriores tienen en común dos cosas:

1. Desconocer en gran medida lo que la teoría social y la epistemología en sus diversas variantes significan, sobre todo si admitimos que estos proyectos se gestaron como crítica al positivismo extinto (pero que ellos aun veían) o a eso que llamaron “ortodoxia científica”; y,

2. A pesar que buscan hacerle frente a una ciencia social eurocéntrica, gran parte de sus inspiraciones filosóficas (no teóricas) son, paradójicamente, elaboraciones europeas: Desde Nietzsche, Marx y Weber hasta el “dúo antiepistemología” Deleuze y Foucault, pasando por la teoría queer, Zizek y el constructivismo. Recordemos nada más que algunos de los responsables de la crisis paradigmática europea son también aquí mencionados. Parece que nuestros más encumbrados “teóricos” quieren curar una crisis recurriendo a aquellos que la causaron. Ilógico.

Con esos amigos, para qué quiero enemigos. Así, el panorama es desolador.

Conclusión

A modo de conclusión entonces, no busquemos una respuesta apresurada sino problematicemos la pregunta inocente. No creamos que todo lo que viene de afuera es siempre aceptable sino sometámoslo a una crítica rigurosa dejando de lado la inocencia académica que nos caracteriza. Y esperando que este eximio diagnóstico haya iluminado algún rincón terco a la lógica, reafirmo que no se trató de ver si la antropología peruana forma una unidad sino develar el trayecto de aquellas escuelas con las cuales soñamos empatarnos y a su vez evidenciar las inconsistencias de aquellos proyectos que intentaron formar una unidad dándole la espalda a la ciencia y la epistemología.

A este respecto, conviene preguntarnos si la diversidad paradigmática que nos rodea es fruto bendito o divergencia atmosférica. Las confusiones, errores, contradicciones e inconsistencias presentadas y analizadas revelan que la antropología sanmarquina, por extensión, la antropología peruana, está próxima a cometer los mismos errores de los paradigmas de los cuales se constituye. Hemos visto cómo las escuelas “hegemónicas” tuvieron su momento de apogeo y posterior decadencia, y a su vez observamos cómo los proyectos latinoamericanos que buscaron unificar las ciencias sociales caen en círculos viciosos por desconocer, con la complejidad que demanda, los planos teórico, epistemológico y metodológico. Que esos proyectos aun existan y generen frutos no significa que estén correctamente elaborados. Cualquier ojo crítico podría denotarlo.

Estamos apoyados sobre un espectro posmoderno claudicante que está próximo a ver su desaparición, pues si en occidente es tema superado, en América Latina, estaría próxima a su desaparición. A menos claro, que anhelemos perpetuar una academia unificada bajo  paradigmas cuestionables que re-produzca cantidad sin importar la calidad.

A este respecto, la antropología peruana y los proyectos de la cual forma parte son presas del desconocimiento sobre las teorías y sus epistemologías, prejuicios en torno al conocimiento científico y dejadez frente a las corrientes externas.

Sin embargo, frente a este horizonte, habita un aspecto positivo: Nuestras investigaciones antropológicas destellan de excelente data. Rescato el permanente trabajo de campo de nuestros investigadores sanmarquinos que gracias a su olfato y sutileza nos permiten recobrar información importante pero nos falta el otro paso: Saber sistematizarlas. Y para ello es necesario recuperar la epistemología y reconocer su valor científico a través de nuevas metodologías que superen la adocenada división entre lo cualitativo y lo cuantitativo. Es decir, pensar epistemológicamente, con la complejidad que todo ello implica en la actualidad.

Ante esto, vale la pena preguntar: ¿aún deseamos ser una antropología peruana?


Bibliografía

DEGREGORI, Carlos Iván. “Panorama de la antropología en el Perú: del estudio del otro a la construcción de un Nosotros diverso”, en: No hay país más diverso. Compendio de antropología peruana, Instituto de Estudios peruanos, 2000, Lima.

DIEZ HURTADO, Alejandro (Ed.) La antropología ante el Perú de hoy, CISEPA, PUCP, 2008, Lima.

ESCOBAR, Arturo. “El “postdesarrollo” como concepto y práctica social”, en: Daniel Mato (coord.), Políticas de economía, ambiente y sociedad en tiempos de globalización, Caracas, Facultad de Ciencias Económicas y Sociales de la Universidad Central de Venezuela, 2005, pp. 17-31.

ESCOBAR, Arturo. “Antropología y desarrollo”, en:

KROTZ, Esteban. “La enseñanza de la antropología “propia” en los programas de estudio en el Sur. Una problemática ideológica y teórica”, en: Alteridades, n.21 (41), 2001, pp.9-19.

CARDOSO DE OLIVEIRA, Roberto. “Antropologias periféricas versus antropologías centrais”, en: O trabalho  de antropólogo, Brasilia, 2000, Sao Paulo Editora UNESP.
RESTREPO, Eduardo. “Antropologías subalternizadas y globalización”, en: Virajes. Revista de antropología social, n.13, Universidad de Caldas, Colombia, enero-diciembre 2011, p.29-39.

RESTREPO, Eduardo. “Antropologías disidentes”, en: Cuadernos de Antropología Social, nº 35, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires, pp. 55–69, 2012. ISSN 0327-3776

CASTRO-GÓMEZ, Santiago y Ramón GROSFOGUEL. (Eds.) El giro decolonial. Reflexiones para una diversidad epistémica más allá del capitalismo global, Bogotá, Siglo del Hombre Editores, Universidad Central, Instituto de Estudios Sociales Contemporáneos y Pontificia Universidad Javeriana, Instituto Pensar, 2007.

LANDER, Edgardo (Comp.) La colonialidad del saber: eurocentrismo y ciencias sociales. Perspectivas latinoamericanas, CLACSO, Buenos Aires, 2000.




[2] VIVEIROS DE CASTRO, Eduardo: “Lévi-Strauss nos 90. A antropologia de cabeça para baixo”, En: Mana, 4(2):119-126, 1998.
[3] Grupo de Investigación Computacional de la Complejidad Social del Centro de Investigaciones Sociológicas, Económicas, Políticas y Antropológicas (CISEPA). Para mayor información ver página web: http://cisepa.pucp.edu.pe/grupos/seminario-de-investigacion-computacional-de-la-complejidad-social/

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