El documental y el logro de la memoria histórica | Robert Orihuela

12:41:00

“Un país sin cine documental es como una familia sin álbum de fotografías”.
Patricio Guzmán

¿Es posible que un país pueda vivir sin historia? ¿Qué tanto daño puede hacerle a una nación el recuerdo de lo bueno o malo que le haya podido suceder antes de llegar a ser lo que es? ¿Cómo formar una identidad en un país que se niega a recordar, a mirar en su pasado? ¿Cómo saber a dónde vamos si no sabemos de dónde venimos? Son preguntas básicas las que nos hacemos. Cuestionamientos que pueden ser fáciles de responder quizá para algunos, pero que en verdad tienen un trasfondo que va más allá, que nos supera y nos hace pensar por qué muchos compatriotas no pueden dar respuesta, por qué el silencio, por qué el olvido. ¿Cómo crear “Memoria Histórica”? ¿Cómo lograr Memoria Histórica a través del cine Documental?

El cine Documental y el Documental Histórico

El cine Documental nace en la década de 1920 de la mano de los cineastas Robert Flaherty[1]y Dziga Vertov[2], con films que reflejaban con sensibilidad y humanismo la cultura de distintos grupos humanos, desde los esquimales hasta las sociedades civilizadas de occidente. Flaherty trata de representar su visión del mundo a través de sus films usando el “principio de la observación participante”; una técnica que consistía en ingresar en la realidad social de las personas -evitando la profundización- para conocerlos mejor, y, de alguna forma, ser parte de ellos. Y por otro lado, Vertov se dedicó a hacer un trabajo más centrado en los procesos sociales de la “Revolución Rusa”. Utilizó el “periódico filmado” para mostrar la realidad casi diaria de la sociedad. Utilizó la técnica que él llamó “El Cine-Ojo”, como “el estudio científico-experimental del mundo visible, basado en una planificación fijada de los hechos y en una organización planificada de los cinemateriales fijados sobre la película (…) El cine-ojo es la relación entre hechos alejados en el tiempo, la descomposición del tiempo. Es la posibilidad de ver los procesos de la vida en un orden y velocidad inaccesibles al ojo humano” (Guevara Flores, 2009).

De esta manera podemos definir al cine Documental como un género que tiene como principal objeto de estudio a la realidad y la visión subjetiva que el cineasta tiene de ella. Es la representación de la realidad que el artista quiere darnos a conocer, y en el caso del cine Documental Histórico viene a ser “la visión subjetiva del cineasta, tratando de explicarnos los procesos histórico-sociales de acuerdo a su propia opinión sobre ellos”. (Celis, 2008). Hay que destacar entonces la labor primordial que cumple este género de cine para la sociedad, que es la de retratar un suceso con todos sus matices, todos los puntos de vista, pero interpretados por el artista, quién es el que hace la tarea de explicarnos, según su subjetividad, lo que ha ocurrido, sus causas y consecuencias, la influencia que los sucesos tuvieron en las sociedad y cómo es que se debería actuar frente a ellos.

Esta tarea de dar a conocer a la sociedad hechos históricos es lo que da sentido al cine Documental Histórico, como lo han demostrado cineastas como Patricio Guzmán con “La Batalla de Chile”[3](1975-79), Miguel Litin con Acta General de Chile (1986), Glauber Rocha[4]con “A Historia do Brasil”(1973-1975), Fernando Birri con “Tire Die”(1958-59), Fernando Solanas y Octavio Getinocon “La hora de los hornos” (1967-1968), Raymundo Gleyzer con “Nota especial sobre Cuba” (1969), Jorge Sanjinés con “Ukamau” (1966), entre otros –todos latinoamericanos-, que han hecho un cine Documental sin precedentes, y que aún hoy son muy apreciados (Guevara Flores, 2009).

¿Qué significa que un país tenga memoria histórica?

La memoria colectiva es el “proceso social de reconstrucción del pasado experimentado por los miembros de un grupo”, “la memoria colectiva cumple funciones o motivaciones identitarias centrales (…): a) el mantenimiento de una autoestima positiva, b) la búsqueda de continuidad en el tiempo, c) la motivación de distintividad, d) el sentimiento de pertenencia, e) el sentimiento de eficacia, y f) la búsqueda de sentido o significado”, “…incluso estas necesidades aparentemente básicas están sobre la base de una necesidad humana más profunda: la autodefinición” (Rottenbacher & Espinosa, 2010).

A partir de estos conceptos podemos hacernos una mejor idea de lo que se trata al hecho de crear “memoria histórica” en una nación. Cuando salimos a la calle y hablamos con personas desconocidas, tenemos la idea primaria de que no tenemos nada en común con ellas, nuestras historias son diferentes y la historia de nuestras familias también lo son. Sin embargo esa es una idea muy superficial, un pensamiento individualista que es producto de la total desidentificación que tenemos con nuestra historia y con nuestros conciudadanos. 

Estamos prácticamente olvidando los hechos históricos que nos unen a todos los miembros de esta sociedad, los acontecimientos que han formado nuestra realidad actual, el largo camino, duro y lleno de piedras, que nuestros antecesores han tenido que trajinar. Una nación sin memoria histórica es una nación sin identidad, sin continuidad y sin sentido, que solo camina el camino y olvida lo que le costó llegar a donde está ahora.

La función de la memoria histórica, entonces, es crear una identidad nacional que propicie una visión hacia los sucesos históricos del pasado que han formado nuestro concepto actual de nación. Propiciar el recuerdo con un sentido crítico de los hechos, tratando de reconocer los errores, pero sin buscar -en el tiempo actual- una revancha o un sentido de justicia que vuelva a llevar a cometer los mismos agravios. Este conocimiento por lo menos haría menos probable que se vuelvan a cometer los mismos errores, y, por el contrario, logrará que se busquen soluciones rápidas y satisfactorias que beneficien a la sociedad en su conjunto.

La realidad en un film

Hay muchas formas de crear y difundir la memoria histórica: mediante libros, diarios, revistas, cine, museos, literatura, artes plásticas, medios audiovisuales como reportajes, crónicas, entrevistas, y toda una infinidad de alternativas. Pero el cine documental histórico es sin duda el máximo intento por representar los sucesos históricos de una sociedad. Ya hemos podido conceptualizarlo y tenemos una idea más clara sobre la función que cumple en un país, por lo que podemos hacer un análisis más profundo sobre el cine documental en nuestro país.

Pero ¿cómo realizar esta tarea en nuestra sociedad, hoy en día? Sin duda es en los años 70’s y 80’s que el cine documental del tipo histórico tuvo su apogeo, con films que mostraban, sobre todo, los sucesos revolucionarios que se sucedían en países como Chile y Argentina. El cine documental se encargó de retratarlos, de explorarlos y mostrar, desde la visión siempre subjetiva del artista, una gran amplitud de caras de la realidad. Un buen ejemplo es el del cineasta Patricio Guzmán, con su obra cumbre “La batalla de Chile”, que fue y sigue siendo un referente para el cine Documental. En su film, Guzmán, trató, y lo logró, de retratar el camino hacia el golpe de Estado suscitado por las clases oligárquicas chilenas con ayuda del gobierno de los Estados Unidos, y que terminó con el bombardeo y la muerte del presidente Salvador Allende, el 11 de setiembre de 1973. Patricio Guzmán mostró el verdadero rostro de una sociedad polarizada, con un discurso subjetivo, pero coherente y con una lucidez incomparable. Debido a ello el film fue muy bien criticado en Europa y además laureado. Tuvo una difusión sin precedentes sobre todo en América Latina, debido a que también en otros países se vivía contextos sociales idénticos o parecidos.

Hoy en día y a diferencia de hace treinta o cuarenta años atrás, tenemos muchos medios de para poder crear y difundir documentales de tipo histórico y que busquen crear conciencia social. La tecnología avanzó tanto que es posible hacer filmaciones de calidad incluso con teléfonos celulares, y un computador. Tenemos muchos medios de difusión en internet, sin contar los muchos festivales de cine que proliferan por nuestro continente, y también en nuestro país, que apoyan este tipo de iniciativas. ¿Cuál es el problema entonces? Pues es simple, al menos en nuestro contexto social: es evidente que nuestro país no es muy asiduo por conocer y difundir su historia.

A comparación con otros países –Chile, Argentina, Brasil, Bolivia, Cuba-, no tenemos muchos referentes que muestren de una manera clara y decidida los sucesos más oscuros de los últimos treinta años (Ej.: Sendero Luminoso y la dictadura de Alberto Fujimori), solo algunos tímidos trabajos, sobre todo “cine de ficción”, que se pueden enumerar como “En la Boca del Lobo” (Francisco Lombardi, 1988), “La captura del Siglo” (Cusi Barrio Mendiola, 1996), “Paloma de papel” (Fabrizio Aguilar, 2003), “Días de Santiago” (Josué Méndez, 2004) o la laureada “La teta asustada” (Claudia Llosa, 2009). Respecto a lo que podríamos denominar como “cine documental histórico” en los últimos años” podemos citar a “La Comisión de la Verdad y Reconciliación” (CVR, 2003), “La Cantuta: En la boca del diablo”(Amanda Gonzales y Edmundo Cruz, 2011) y 1509 Operación Victoria”(Judith Vélez, 2011).

¿Por qué no se hace más cine documental en nuestro país?

La respuesta más rápida y simple para muchos es porque el cine Documental no es comercial. No hay apoyo, sobre todo de las salas de cine, para proyectar los trabajos de cineastas independientes que buscan -mediante el documental- mostrar su visión de la realidad de su país, en su país. Los pocos festivales de cine independiente, como el “Festival de Cine de Lima”, tratan de sacar adelante este tipo de proyectos.

La segunda respuesta sería porque no hay una legislación, ni mucho menos una iniciativa, que apoye el trabajo cinematográfico en nuestro país, y mucho menos el cine de tipo documental; la mayoría de proyectos locales son financiados por inversiones extranjeras. Son muy pocas las iniciativas de las instituciones del Estado para difundir la memoria histórica en nuestro país. No puede ser posible que en los colegios no se enseñe ni cerca de 20 páginas sobre la guerra contra el terrorismo, o que nuestros niños y jóvenes no sepan responder sobre las causas y consecuencias del terrorismo en nuestro país; y que para colmo, los textos escolares estén totalmente equivocados en cuanto a cifras y hechos.

La tercera razón, quizá la más triste, es una notoria indiferencia de parte de la mayoría de la ciudadanía sobre estos hechos. No hay una conciencia colectiva que trate de rememorar, conocer a fondo, criticar –no hay una conciencia crítica- y proponer soluciones a los acontecimientos trascendentales de nuestro país y menos todavía con la noción de no repetir errores pasados.

Conclusiones

El “Documental Histórico” ha mostrado siempre su gran poder de influencia sobre la sociedad, pero falta mucho por hacer. En primer lugar están las brechas impuestas por la misma sociedad, que hoy en día ya no le toma el debido interés a este tipo de cine. También podemos señalar la falta de interés de parte de los cineastas jóvenes por hacer cine documental histórico; hoy en día el género se ha subdividido mucho, esto le da muchas ventajas, pero también ha empobrecido mucho la producción seria pues ahora se pretende hacer “documentales” de cualquier tema (menos los de tipo histórico) y sin una rigurosidad documentaria.

Es terrible la situación a la que nos puede llevar el hecho de que no tengamos un cine documental propio, que se atreva a mostrar los hechos desde un punto de vista subjetivo, pero que sea consecuente con el objetivo principal de este género, que es el de crea conciencia e identidad.

La auto definición de la que se habla, hoy no es más que una utopía. Queda mucho por hacer para lograrla, no solo con cine, sino con las otras formas de difusión de la memoria histórica. Pero este no será solo trabajo de personas particulares –los cineastas-, sino que también del Estado y la sociedad en conjunto. Solo de esa manera podremos alguna vez rememorar sin remordimientos ni rencores, y ser al fin un país con identidad y respeto por su propia historia.



Bibliografía

Celis, C. (2008). El Cine Documental: verosimilitud y temporalidad. UDP (08), 8.
Godoy Peredes, M. (2013). Documental Peruano. Recuperado el 12 de 09 de 2013, de http://documentalperuano.wordpress.com/category/documental-peruano/
Guevara Flores, E. (2009). Aproximaciones a la historia y los esquemas teóricos del cine documental. Lima, Perú: Universidad Nacional Mayor de San MArcos.
Patricio Guzmán. (2013). La web de Patricio Guzmán. Recuperado el 12 de 09 de 2013, de http://www.patricioguzman.com/
Pedreño, J. (2004). ¿Qué es la memoria histórica? Pueblos (12).
Revista Cine Documental. (2013). Revista Cine Documental. Recuperado el 12 de 09 de 2013, de cinedocumental.com.ar
Rottenbacher, J., & Espinosa, A. (2010). Identidad nacional y memoria histórica colectiva en el perú. Un estudio Exploratorio. (P. Moreyra, Ed.) Revista de Psicología , 28, 32.




[1] De nacionalidad estadounidense, nacido en Iron Mountain, Michigan; fallecido en Dummerston, Vermonth, 1951. Entre sus principales films destacan: “Nanook el esquimal” (1922, primer documental de la historia del cine), “Moana” (1926), “The Twenty-four Dollar Island” (1927), “Tabu” (1931, co-dirigida con F.W. Murnau), “Elephant Boy” (1937).
[2] Seudónimo de Denís Abrámovich Káuffman, nació en Bialystock (Polonia) en 1896, murió en Moscú (actual Rusia) en 1954.  Su obra más famosa es “El hombre de la cámara” (1929) que nos revela las incidencias de un operador de cine en una ciudad soviética desde el amanecer al anochecer. Destacan también su “Cine-Semana” (43 noticiarios entre 1918 y 1919), “Aniversario de la Revolución” (1919), “El tren Lenin” (1921), “Cine-Verdad” (23 entregas entre 1922 y 1925), “Cine-ojo: La vida al imprevisto” (1924), “Tres heroínas” (1934), entre otras obras.
[3] Esta es una trilogía sobre el período final de Allende compuesta de “La insurrección de la burguesía” (1975), “El golpe de Estado” (1976) y “El poder popular” (1979). Esta trilogía fue considerada por la revista “Cineaste”como una “de las 10 mejores películas políticas de todos los tiempos”.
[4] Cineasta, actor y guionista brasileño (Vitória de Conquista, Bahía, 1939; Río de Janeiro, 1981). Fue premiado hasta en 3 oportunidades por el Festival de Cannes (1967, 1969, 1977) por películas como “Terram em Transce”, “O Dragao da Maldade contra o Santo Guerreiro”, “Di Cavalcanti”. Se hizo conocido en 1964 por su película “Deus e o Diabo na Terra do Sol” en 1964.

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