Revocatoria: ¿Oportunidad u obstáculo para la democracia? / Nélida Ramírez

08:39:00



Tal vez no haya mucho más que decir sobre el proceso de revocatoria contra la Alcaldesa de Lima, pero intentaremos reflexionar algo más sobre la revocatoria en sí. Paradójicamente este recurso fue defendido en otrora por toda la llamada izquierda, incluida la “caviar”[1], y vapuleada siempre por la “derecha”. Hoy los papeles parecen haber sufrido una inversión, siendo este último sector su más reciente y entusiasta implementador.

Abundan los detractores de la revocatoria y los argumentos son recurrentes: “debilita la democracia”, “el pueblo no está preparado”, “es un instrumento de venganza o revancha de los perdedores”, “se mueve en función de intereses económicos”, “es muy costoso para el país”, “se generará desorden”, entre otros. Si bien estos argumentos son parcialmente ciertos o más bien evidente[2], ello no puede llevarnos indefectiblemente a vapulear un mecanismo de control ciudadano perfectamente legítimo y más bien válido para el fortalecimiento del sistema.

La democracia radica en el principio de que el poder emana del pueblo, y el voto ciudadano es la esencia de este concepto. Sin embargo, la democracia representativa por la que optamos, en nuestro país en especial, nació y creció débil y distorsionad. Esta es una democracia en que los planes de gobierno y las promesas electorales son desechables, en donde los representantes consideran su elección como un “cheque en blanco”, en donde aún ahora las autoridades electas consideran un favor al pueblo el acto de rendir cuentas. Una democracia representativa con instituciones débiles y cuestionadas, con órganos de control del estado ineficientes y burocráticos (como la Contraloría General de la República), con un único partido sólido como el PAP (hoy, una organización tildada de mafiosa más que partido político programático).

En este marco, adquiere relevancia recrear el concepto de democracia, dándole un contenido más cercano y real para el ciudadano, así como la posibilidad de ejercer su poder más allá de la única oportunidad del voto; es decir, la posibilidad de que el ciudadano se sienta parte del sistema democrático y la responsabilidad de mejorarlo. Los conceptos de democracia directa y los mecanismos participativos y de control, entre ellos la revocatoria, se orientan precisamente a este fin.[3]

En nuestro país son muchas las dificultades y enormes los retos para lograr que esta democracia representativa sea realmente la mejor para lograr nuestro desarrollo. Pero si quienes están convencidos de ello creen que estas dificultades son un motivo para restringir espacios y mecanismos como la revocatoria, que costó mucho para tenerla, su convencimiento es muy trivial o tal vez falaz.

A la luz de las experiencias revocadoras, constituye más bien un reto mejorar la normativa específica y la conexa, de tal manera que se pueda precisar las causales y los requisitos de ésta, siendo los actos de corrupción, el incumplimiento de las prioridades de los planes de gobierno y/o de las propuestas para el desarrollo de la región o la localidad, la inejecución de acciones y obras propuestas, las causas concretas para una revocatoria.  Ello si bien no impediría que existan intereses subterráneos ajenos al interés de la localidad, o que políticos hagan mal uso de este mecanismo, sí podría generar responsabilidad en los candidatos al momento de presentas sus planes y programas. De esta manera se mejorarían las condiciones para el uso eficaz de la revocatoria, teniendo repercusiones en el fortalecimiento de la institucionalidad democrática.

Por otra parte, también es un reto en la medida en que los actores políticos intervinientes deben elevar la calidad del debate, así como informar a los ciudadanos sobre las falencias o los logros de la autoridad revocada a la luz de sus propuestas electorales y de las necesidades de la ciudad. En el caso concreto de la revocatoria a la Alcaldesa de Lima, poco podemos esperar de los revocadores. Se evidencia que son grupos y personas vinculadas a actos de corrupción harto conocidas, al uso de la intriga y la manipulación mediática. Allí está el fujimorismo, el APRA, Solidaridad Nacional, y los grupos evangélicos más conservadores.

Es más bien una exigencia para que quienes apuestan por el NO, delimiten clara y públicamente por qué esta decisión es importante para la ciudad; cómo la señora Villarán y su corte de amigos asumirá con convicción y no como parte del marketing los graves errores de su gestión; así como que deje de pensar que aunque la revoquen, el 30 o 40% que obtendría el NO la hace presidenciable. Debe quedarle claro: el voto por el NO, no significa el respaldo a una gestión acaso eficiente o a una líder respetada y querida. Es básicamente el apoyo a algunas acciones concretas que visualizan una solución integral a graves problemas como el transporte y la comercialización; es la ruptura con las grandes mafias que mueven estos sectores; es la esperanza de que existe una reserva moral en el país, representada por todos los que repudiamos la corrupción y la impunidad, que no distingue posiciones ideológicas o políticas entre derecha e izquierda sino que busca hacer lo mejor para la ciudad y recuperar valores para las generaciones presentes y futuras.

Tenemos confianza, en la capacidad de decisión de la ciudadanía en que mecanismos como la revocatoria sí pueden fortalecer la democracia, pero también debemos insistir que para eso se necesita una actuación firme, transparente y autentica de quienes decimos apostar a ella. Téngalo presente señora Villarán.



[1] De acuerdo con Alberto Adrianzen: “la palabra ‘izquierda caviar’ fue un invento del periodista francés Daniel Benoits en la década del 80 para criticar a un sector de la izquierda francesa, ligado a Mitterrand, que se había ‘olvidado’ de los ideales revolucionarios para optar por la buena vida y el dinero” (ver: http://www.larepublica.pe/02-09-2006/la-izquierda-caviar-y-sus-criticos). Esta crítica se aplica en parte a nuestra actual izquierda caviar que parece haber desconectado su práctica de la realidad en que se debería fundar. Por otra parte, considero que el “mérito” de la consolidación del término debe otorgársele a los fujimoristas.
[2] El 9 de noviembre del 2012 la entonces Jefa de la ONPE, Magdalena Chu, en su presentación ante la Comisión de Presupuesto del Congreso señaló que el costo de la revocatoria de la Alcaldesa de Lima era de 69´036,643 soles. Además del factor económico, se evidencia la participación de grupos que tanto desde una actividad económica (transporte, comercio mayorista), como desde la gestión administrativa del Estado (Castañeda-Solidaridad Nacional, García-Apra), han estado involucrados en actos de corrupción, que en el primer caso fueron investigados y denunciados por la gestión Villarán.
[3] Cf.  BORJA, Jordi. “La participación ciudadana”. En Jordi Borja (Coord.), Manual de Gestión Municipal Democrática. Madrid-Barcelona: Instituto de Estudios de Administración Local, 1987.

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