A propósito de tsunamis / Víctor Falconí Miñano

10:50:00


¿Por qué hablar de tsunamis?

Año y medio ha pasado desde el terremoto y “tsunami” japonés que afectó a miles de familias niponas, provocó el desastre nuclear de Fukushima y generó alarma en todo el Pacífico Occidental. Hace un mes hubo un simulacro de sismo nocturno en nuestro país (el cual concitó poca atención en las calles) y hace unas horas hubo una nueva alarma de Tsunami tras el terremoto de 7.9Mw[1](7.6 a 7.9 grados de magnitud) ocurrido en Costa Rica.

Ante tanto desastre natural junto, no es raro escuchar cómo en la calle la gente reproduce los pronósticos irresponsables de muchos “videntes” y oráculos, quienes, con la tribuna ofrecida por muchos medios de comunicación, alimentan una coyuntura tremendamente sensible donde cada quien imagina que el agua entra en sus casas o les malogra las ya escasas oportunidades de disfrutar nuestra próxima primavera costeña o el nuevo estío. Tan enorme paranoia colectiva y un notorio desconocimiento sobre las características de todos estos fenómenos geográficos, nos obliga aclarar algunas premisas tanto a los comunicadores y a la población en general, pues debemos ser más conscientes que el conocimiento certero es la primera llave de la prevención.

Hablemos de tsunamis

Muchos al ver que el oleaje es intenso en algunos puntos de la costa piensan que ya equivale a un maremoto, pero eso no es así; a estos productos de condiciones atmosféricas inusuales se les llama solo “oleaje anómalo”.

En cambio, un maremoto se refiere a una ola o un grupo de olas que poseen una gran energía y que se producen cuando algún fenómeno extraordinario logra desplazar verticalmente una gran masa de agua. En tanto, el  tsunami (término japonés: “gran ola que llega al puerto”) es la parte final de dicho fenómeno, es decir, cuando se acerca a la costa[2].

Aunque el 90% de maremotos tiene este origen (tsunamis tectónicos), no todos los terremotos (llámese sismo, seísmo, temblor o movimiento telúrico) logran originar un maremoto.

Para lograr esto, el fondo marino debe ser movido abruptamente con sentido vertical, de manera tal que el océano pasa a ser impulsado fuera de su equilibrio normal y por ello; factores como la forma y profundidad del litoral, la forma y amplitud del zócalo continental[3]y el nivel de mareas presente al momento que el oleaje llega a la costa, permiten que la altura de las olas aumente o disminuya a lo largo de toda la franja costera.

Un tsunami no es como algunos imaginan: Una inmensa ola que llega y destruye todo.Esto es tan solo una pequeña parte de los casos registrados. La mayoría de veces son una sucesión de olas -una más alta que la otra- que golpean e inundan el continente o isla, siendo conocidas como el “tren de olas”.

¿Cómo nos damos cuenta que viene un tsunami? La masa oceánica se retira abruptamente del litoral decenas o cientos de metros a causa de la gravedad. Esta masa va a encontrarse con la pared de agua que, a impresionante velocidad (500 o 1000Km x Hora) se aleja del epicentro[4]. El choque de ambas masas desencadena una reacción poderosa que determina que toda el agua removida se dirija hacia tierra firme. En ese momento, las personas en las playas no perciben el peligro y comúnmente recogen animales o algas depositados en áreas anteriormente inundadas como ocurrió en Camaná[5](hasta hoy se especula que hubieron casi 10 desaparecidos) luego de un terremoto que sacudió el sur del país en junio del 2001 y deterioró gran parte del centro histórico de Moquegua. Finalmente el oleaje intenso arrastra todo lo que encuentra a su paso generando una enorme destrucción.

¿Cómo nos damos cuenta que ya acabó todo? No solo es ver pasar el oleaje. Toda el agua que ingresó al continente o isla debe retornar al océano. Este fenómeno es conocido como “resaca”,tan solo que en un tsunami sus dimensiones son mucho mayores pues el volumen de agua es mayor y porque arrastra gran cantidad de escombros de origen natural y humano.

Los tsunamis pueden golpear inmensas áreas o incluso toda una cuenca oceánica, conociéndosele como “transtsunami” (Indonesia 2004, Japón 2011); pero también pueden focalizar su impacto en ciertas zonas costeras (La Libertad y Áncash 1996, Camaná 2001, Pisco 2007); y a veces, en estas ocasiones pueden sobrepasar los 20 metros de altura en cada ola y generar una pared de agua gigantesca (Alaska 1958, 88 metros; Italia, Vajont, 250 metros; USA, Spirit Lake, 260 metros) debido, la mayoría de veces, por el desprendimiento de millones de toneladas de roca en los acantilados costeros, erupciones submarinas o por caídas de objetos celestes (meteoritos o asteroides)[6], fenómeno al cual se le bautiza coloquialmente como “mega tsunami”.

¿Tienen algo de positivo los tsunamis?

Pero no debemos ver solo el lado destructivo de los fenómenos oceánicos. Muchos de ellos han moldeado la forma del litoral que disfrutamos en las playas, bahías, penínsulas e islas (fuerzas exógenas). Existen países como Canadá, Gran Bretaña e Islandia donde aprovechan su poder para generar energía eléctrica a través de “centrales mareomotrices” y son fundamentales en la autodepuración que el océano realiza tanto de los deshechos que nuestras urbes les aportan como también para regular la cadena alimenticia del litoral arrastrando mar adentro los productos de la “marea roja” o “fenómeno del aguaje” (cuando el plancton fenece a causa de la falta de oxígeno) como peces y algas muertas.

La naturaleza seguirá actuando así y no por designio o voluntad de venganza divina, simplemente está allí y lo seguirá haciendo. Somos nosotros los recién llegados y los que con regular frecuencia, por afán de lucro e irrespeto al entorno, la trastocamos y complejizamos sus efectos negativos.

¿Qué podemos hacer frente a un tsunami?

En teoría, cada municipio costero debería generar un Plan de Evacuación de Desastres a través de su Comité Distrital de Defensa Civil que, como ya sabemos, lo encabeza su Alcalde y regidores siendo -en la mayoría de casos- realmente inexistente o ineficaces tal como se observó en Cerro Azul, Paracas, Pisco y Tambo de Mora durante el terremoto y tsunami del 15 de agosto del 2007. Ni un solo camión para transportar a los aterrados pobladores que debían recorrer 3 o 4 kilómetros (o más) hasta la carretera Panamericana buscando evitar el “tren de olas” que se avecinaba.

Como medidas preventivas se supone que debemos contar con sistemas de almacenaje de líquidos inflamables o peligrosos, tener claro las rutas de evacuación sea en la vivienda o el centro de labores, contar con un botiquín de emergencias portátil[7], participar “en serio” de los simulacros programados, contar con agua potable en envases fáciles de llevar, tener siempre a la mano las baterías y algo de saldo en los celulares, y tener una radio a pilas en caso INDECI (Instituto Nacional de Defensa Civil) genere una alerta de tsunami.

Durante la emergencia, y según las propias recomendaciones de INDECI, luego del terremoto en caso estemos muy cerca al epicentro del mismo, lo primero siempre será intentar mantener la calma. Si en caso se es pescador y nos hallamos en faena durante el terremoto y la posterior formación del maremoto, lo que INDECI y la Marina de Guerra del Perú recomiendan es adentrarse en el mar. Esto último que, para el sentido común parece un despropósito, no es sino la medida más segura a cumplir pues recordemos que el maremoto a mar abierto es casi imperceptible y solo se forma la pared de agua al estar cerca al litoral. Y ¡ojo!, es indispensable que ningún vecino costero se dirija a la playa cuando ya la alerta está dada –recordemos la vergonzosa actuación de muchos padres de familia tras la alerta de tsunami de Marzo del 2011 en el Callao y Chorrillos- pues es posible que el oleaje sea más rápido que nuestra velocidad de escape.

Una vez transcurrido los sucesos y la “resaca” haya finalizado, es necesario revisar si las estructuras de las viviendas aún permiten su habitabilidad y sobretodo, organizarse para que todo el vecindario logre paliar el posible desastre y guardar la seguridad ciudadana en caso puedan iniciarse acciones de pillaje siempre que la Policía Nacional, Fuerzas Armadas o Serenazgo no se den abasto para vigilar toda una jurisdicción.

¿Nuestro “barrio” está preparado?

Cuando se organizó hace un mes el simulacro nocturno de terremoto y tsunami en Lima, fue penoso observar que muchos distritos hicieron gala de sus nulas brigadas operativas de Defensa Civil. Zonas como San Bartolo, Santa Rosa, Santa María del Mar (entre los distritos litorales) y Breña, Puente Piedra, Ancón o San Martín de Porres (algunos de los más continentales) se caracterizaron por la casi nula participación de sus vecinos y menos aún con la guía de sus autoridades. Ningún cartel preparado para difundir el evento, ninguna señal de evacuación y, los pocos parques o jardines llamados a ser los “puntos de reunión en casos de desastre” lucían enormes e inseguros cableados eléctricos y telefónicos con riesgo a caer y con peligro de dañar la propia vida de los probables atemorizados vecinos. Fue curioso notar que en los distritos mencionados, ni siquiera los propios locales municipales resguardados por efectivos de seguridad hicieron caso del simulacro. En el caso de los hospitales y otros centros de atención como locales de bomberos y Policía Nacional, la situación es aún más urgente. Por ejemplo, recientemente en la huelga médica producida esta semana, algunos médicos aseguraron que la misma Municipalidad Metropolitana de Lima declaro “en alto riesgo” la estructura del Hospital ESSALUD Grau en 2012. ¿Se imaginan a cientos de heridos en peor condición debido a la propia negligencia de las autoridades competentes?

Ahora, a nivel provincial, las cosas tampoco andan mucho mejor. Más allá de la participación del Presidente en Palacio de Gobierno o las convocatorias a participar activamente de parte de nuestra alcaldesa Susana Villarán, hasta el momento si comparamos las provincias de Lima Metropolitana y Callao, tan solo este último ya tiene publicado una estrategia para actuar en caso de tsunamis[8] en algunos distritos (La Punta, Cercado Callao, Bellavista) mientras que Lima Metropolitana tan solo ha preparado un estudio de riesgo enfocado en el centro Histórico (que incluye al Rímac)[9]. Es preocupante que ningún distrito litoral de Lima Metropolitana y el distrito chalaco de Ventanilla[10] aún tengan publicado y difundido algún plan al respecto, y la situación es más lamentable si hablamos de las provincias y distritos litorales de la Región Lima como Carquín y Végueta (Prov. Huaura), Chancay (Prov. Huaral) o Puerto Supe (Prov. Barranca).

La intención de este pequeño artículo es hacer notar a la ciudadanía que somos nosotros quienes debemos ser los primeros en exigir y participar de las acciones preventivas para actuar de la manera más racional y segura posible en caso de un próximo desastre que, dadas las condiciones geológicas e hidrográficas de nuestro país, seguro va a ocurrir y puede ser en cualquier momento (tan solo en Callao se habrían registrado 24 maremotos en los últimos 400 años, o sea casi 1 cada 15 o 20 años)[11].

Ya es hora que estos sucesos a nivel nacional e internacional relatados sensibilicen a nuestros gobernantes y a la ciudadanía en general de la enorme vulnerabilidad que nuestro territorio afronta. El desconocimiento generalizado de una Política de Defensa Civil y la despreocupación de nuestras autoridades por su diseño adecuado, su aplicación y potenciación; seguirán haciendo insuficientes o casi inoportunas las muestras de solidaridad que compatriotas y voluntarios extranjeros realizan a favor de mellar nuestras tragedias. ¿O acaso esperaremos otro desastre para actuar?



[1] Ante la dificultad que representa relacionar la “magnitud local” (ML) o de Richter, desde 1979 se utiliza la “escala de magnitud de momento” (MW), creada en el Instituto Tecnológico de California por los geólogos Thomas C. Hanks y Hiroo Kanamori y siendo capaz de poder medir distintos momentos de magnitud durante la ocurrencia de un sismo. En otras palabras, un mismo sismo puede revelar diferentes magnitudes, algunas más altas y otras más disminuidas. Para más información consultar: http://sismologiaeducativa.blogspot.com/2012/01/sismologia-es-la-rama-de-la-geofisica.htmlocimiento importante sobre las caracter
[3] Parte de la corteza continental cubierta por las aguas oceánicas hasta un promedio de 200 m.b.n.m.
[4] No confundir  “hipocentro” con “epicentro”. De acuerdo al Larousse -Diccionario de la Lengua Española Esencial (Ediciones Larousse Planeta, México, 1994), el primero es la “región del interior de la corteza terrestre donde tiene su origen un movimiento sísmico”. En cambio, en el mismo texto, el epicentro es el “punto de la superficie terrestre donde es más intenso un movimiento sísmico”.
[5] GRAN ATLAS UNIVERSAL VOL N°02-PERÚ. Editorial Sol 90. Lima, 2004. Pág. 29.
[6] Hipotéticamente, cuando un asteroide de cientos de kilómetros de diámetro es capaz de “elevar” abruptamente la corteza terrestre, separándola del manto, a este fenómeno se le concedería la denominación “crust tsunami”.
[7] Se aconseja contar principalmente con: vendas, gaza, algodón medicinal, alcohol, analgésicos, pastillas purificadoras de agua, medicamentos contra infecciones estomacales. Además, no olvidar las tijeras y las linternas de ser necesario en caso de que se corte el fluido eléctrico durante varios días.
[8] Ver: http://www.indeci.gob.pe/proyecto58530/objetos/archivos/20110606112832.pdf
[9] MUNICIPALIDAD DE LIMA, PNUD, INDECI y MUNICIPALIDAD DEL RÍMAC. “Riesgo Sísmico y Medidas de Medición del Riesgo en el Centro Histórico”. Lima, abril 2011. Ver:  http://www.indeci.gob.pe/proyecto58530/objetos/archivos/20110606102841.pdf
[10] Las zonas más vulnerables serían las más cercanas a Márquez, la refinería La Pampilla y cierta zona adyacente a Pachacútec.
[11] MUNICIPALIDAD DISTRITAL DE BELLAVISTA. “Plan de Contingencias 2011”. Ver: http://munibellavista.gob.pe/pdf/defensa-civil/plan-de-contingencias-municipalidad-distrital-bellavista.pdf

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