Desaparece óleo de Simón Bolívar en Huamachuco / Luis Flores*

17:23:00




Introducción

A inicios de febrero del presente año, en una visita al historiador Waldemar Espinosa Soriano, después de discurrir sobre la trascendencia histórica de Huamachuco, con una mirada penetrante me dijo: “allí en Huamachuco tienen una reliquia única, un cuadro de Simón Bolívar”. Una semana antes se había conformado la Comisión de homenaje al Dr. José Faustino Sánchez Carrión, fundador de la Republica peruana, ahí se me informó lo frustrante que había sido la investigación por parte de los regidores de una anterior gestión para saber el destino del óleo de Simón Bolívar que se encontraba en el Salón Consistorial de la Municipalidad de Huamachuco.

El presente texto pretende dar a conocer a la opinión pública este grave hecho, así como constituirse en una seria y responsable denuncia sobre la desidia de las diferentes instancias gubernamentales y de la propia sociedad civil respecto a la necesidad de conservar nuestro patrimonio histórico.  

Cuadro de Simón Bolívar al lado del cuadro de José Faustino Sánchez

Simón Bolívar y la campaña libertadora llegan a Huamachuco

A medianos de abril de 1824 en la plaza de Huamachuco, 4000 colombianos y 3000 peruanos presenciaban el fusilamiento de un soldado del batallón “Rifles”, por el solo hecho de haber robado una cuchara de plata.

Al día siguiente por la tarde, la plaza y la calle al Puente Grande rebalsaban de gentío. Estallaban cohetes y en las Cinco Esquinas un arco triunfal repleto de flores, regalo de la familia de don José Mantilla, esperaba por el libertador Simón Bolívar.

Las campanas echaron al vuelo y una salva de artillería resonó en las cumbres del Huayllillas, Cerro Negro, y el Kaccañan: el libertador finalmente había arribado a la ciudad.

Simón Bolívar llevaba bigote y unas patillas espesas en las mejillas, algunos rizos salían de la gorra; llevaba un peti de paño azul cerrado, pantalón de la misma tela, y una gorra azul con visera.

Bajó del caballo, cogió del brazo a dos damas huamachuquinas, (una de ellas era Tomasa Miranda, a quién más tarde le obsequiaría el cuadro al que hacemos referencia en el texto) y junto con su comitiva recorrió las ocho cuadras que separan desde el Puente Grande hasta la Casona del Dr. José Faustino Sánchez Carrión, su cuartel general.

Vítores, aplausos e improvisadas bienvenidas lo recibieron por toda la ciudad. Una vez en la plaza, por error doña Josefa Colina derramó agua rica sobre el libertador, cegándolo momentáneamente. Un comprensivo Bolívar disculpó el exabrupto, comprendiendo el gesto bien intencionado que está detrás.

En la Casona, escuchó atentamente al ex seminarista Jacinto María Rebaza, responsable oficial de la bienvenida. El pueblo en la calle exigía ver al libertador. La multitud logró que se retirara el batallón Vencedores de Boyacá, la guardia de honor, y él salió a hablarle al pueblo. Doña Petronila Galarreta, con sus sesenta años, se arrojó a los pies del Libertador para besárselos, pero él la levantó suavemente y le dijo: “No madre mía, yo soy hijo del pueblo, igual a ustedes”.

En Huamachuco empezó a prepararse el ejército para liberar el último reducto del yugo español. Abastecimientos, caballos, las lanzas, herrajes, las ropas, las reses, impuestos a los realistas, el aporte voluntario del pueblo, sus alhajas, los cálices de las cofradías.

En esta preparación cumplió un papel fundamental el huamachuquino Dr. José Faustino Sánchez Carrión, pero no solo para el avituallamiento, sino sobre todo para lo que a la larga serían las bases para la construcción del nuevo estado, la patria peruana, la creación de la Corte Superior de Justicia, la Universidad Nacional de Trujillo, y la distribución política de los actuales departamentos.

El papel cumplido por Huamachuco consolidó el titulo dado por San Martín  de “La muy fiel e ilustre Ciudad de Huamachuco”.

Eran tiempos de Guerra, donde a los desertores ya no se les fusilaba en la Plaza, sino en el sector de “La Quinta”, a los corruptos que usufructuaban con el nuevo estado eran conminados a devolver los bienes al pueblo, y separados de por vida de la administración.

Óleo de Bolívar en el Salón Consistorial de la Municipalidad de Huamachuco

El óleo del Libertador y la desidia del Estado por el patrimonio cultural

El único testimonio gráfico de la personalidad del libertador Simón Bolívar, en campaña, es un óleo que él mismo obsequió a Tomasa Miranda, a hurtadillas de Manuelita Sáenz, recién llegada desde Quito.

La obra de arte fue donada por los familiares de la musa a la Municipalidad de Huamachuco, permaneciendo inalterable en el transcurrir del tiempo. En ella se revela al libertador con la mirada firme, en traje militar de gala, con las medallas otorgadas por los países libertados. Detrás tenía la dedicatoria a la dama huamachuquina.

El óleo fue pintado por el artista peruano José Gil de Castro alrededor del año 1825. Otros dos raros óleos de Bolívar elaborados por este mismo pintor se encuentran, uno a cuerpo entero en el Salón Elíptico del Congreso Nacional, en Caracas, Venezuela, y el otro en el
Nacional de Buenos Aires.

Un óleo más del mismo autor, pero ya sin el bigote que acompañó a Bolívar por casi toda la campaña emancipadora, se encuentra en el Museo Nacional de Historia de Pueblo Libre, en Lima.

La característica común a todos los óleos es que reflejan el denominado planismo-heratismo colonial, un cierto manierismo en el tratamiento de las manos, vestidos, posiciones y rostros.

Testimonios fotográficos de las décadas del 50, 60, 70 y 80 demuestran que este cuadro era uno de los pocos del libertador existentes en Latinoamérica.

Actualmente el óleo se encuentra desaparecido del Salón Consistorial de la Municipalidad de Huamachuco, lugar al que fue fue asignado desde hace más de cinco años.

Tan menoscabado está el lugar del patrimonio cultural de nuestro país, que hasta la fecha no existe una denuncia penal ni administrativa de su desaparición.

Procesos internos inconclusos, revelan un completo desconocimiento del valor intrínseco y monetario del referido cuadro, no existiendo hasta el momento ninguna denuncia pública al respecto. Es vergonzosa la forma en que tratamos nuestro patrimonio, más aún si tenemos en cuenta que pretendemos impulsar el turismo ¿Así es como lo haremos?

Este no es el único caso que demuestra la desidia gubernamental por el tema. Allá por la década de 1960 en colegio San Nicolás se encontraba una reliquia de la Guerra con Chile: la bandera peruana que flameo en la Batalla de Huamachuco. Esta reliquia la recupero en Chile, donde era un trofeo de guerra, el telúrico Abelardo Gamarra.

La bandera fue legada por Gamarra a su ahijado, don Leoncio Prado Pacheco, único hijo del héroe de Huamachuco, quien a su vez dejo la reliquia en custodia del colegio.

Años después cuando visitó el colegio, se encontró con que la bandera servía de limpia plumas Indignado, el anciano quemó la bandera en el patio, llorando.
Lanzo esta denuncia pública como una Alerta Cultural con el fin de evitar el tráfico, o mejor dicho el contrabando, del patrimonio de Huamachuco, sosteniendo que es necesaria la sanción administrativa a los responsables, tarea que corresponde al Ministerio de Cultura. 

Acudo a la comunidad internacional a ponerla en alerta sobre posible contrabando y tenencia ilegal de este óleo, conforme el convenio de UNIDROIT sobre los bienes culturales robados o exportados ilícitamente, establece.

Quien sea el responsable de este robo, debe ser juzgado en instancia última con la misma rectitud y objetividad con la cual Bolívar mandaba a fusilar a los traidores a la causa de la Libertad.


* Coordinador General de la Comisión de Homenaje al Dr. José Faustino Sánchez Carrión Huamachuco- 2010 -2011

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