El antes y después del Discurso Presidencial 2011 de Ollanta Humala / Víctor Falconí Miñano

17:29:00


Algo de introducción

Los siguientes párrafos son el resultado de la compilación de una serie de artículos y notas escritas entre Abril y Agosto del 2011: período de elecciones y de electores que no salían de su asombro –y en algunos casos, temor- por los resultados municipales del 2010 y las elecciones presidenciales del 2011. A diferencia de otros años, en este en particular, luego de mucho tiempo se retomó la discusión sobre la pertinencia o no de alternativas políticas fuera del sistema impuesto en 1990 y con opciones claras de vencer en elecciones democráticas.

La necesidad de generar opinión y debate sobre estos hechos, incluyendo lograr romper con el uso “acartonado” de un lenguaje científico que huye del habla coloquial como si ello fuera motivo de vergüenza –cuando son, precisamente las personas, nuestro público a comprender e instruir-, hicieron posible que una iniciativa metodológica como la del CEI[1] y del Patio de Sociales fuera tan atrayente. A los lectores solo les pido creer que es posible leer sin aburrirse ni ser aburrido, y que el miedo a comentar y/o refutar se pierde cuando somos capaces de ofrecer argumentos basados en la inquietud legítima de conocer, aprender y construir ciudadanía.

Entre la primera y segunda vuelta electoral

Haciendo memoria entre nuestro uso de razón o preguntando a los “viejos” votantes que frisan los 40 años a más, difícil ha sido comparar esta campaña electoral presidencial 2011. Tal vez la de Varguitas con Fujimori en 1990, pero solo tal vez.

Y es que tras una primera vuelta con 4 candidatos con posibilidades de ganar (y uno que hasta hoy dice ganarles a todos pero en 2ª), finalmente se impusieron aquellos con una organización y discurso capaz de arrastrar votos tanto en los sectores urbanos como en las áreas rurales y periferias de ciudades costeñas más descontentas con el estilo practicado por los regímenes políticos tras la caída del fujimorismo y la transición, enmarcada en el  centro político, encabezada por Valentín Paniagua.

En una voraginosa segunda vuelta, el activismo expresado por los bandos contendores  fue un suculento menú tanto para politólogos como “opinólogos”: los de terno, los de barrio o los del taxi. Ni siquiera los “alpinchistas”[2] y los “apolíticos”[3] se salvaron de ello.

Desde los simpatizantes del “sancochado”, pasando por cibernautas y grises debates fenotípicos, campesinos y ganaderos preocupados por el futuro de eso tan nuestro (y tan lejano) que es lo “rural”, hasta los numerosos activistas y partidarios que se la pasaron tocando puertas y mentes de empresarios, periodistas, twiteros, y cuanto estudiante de universidad pública o privada apareciera. Ninguno se imaginó (para bien o para mal) el resultado final: una remontada del candidato cada vez menos “anti-sistema” logró imponerse en las urnas, con una –más de una vez- remozada agenda política de centro, frente a un cordón informativo mediatizado a favor de la candidata fujimorista bajo el respaldo de la mayoría del empresariado local, un aparato partidario caudillista pero mejor estructurado, y (con mención honrosa) a un Presidente que no pudo demostrar su hipótesis de poder impedir que su sucesor sea aquel que él no quería.

No analizaremos el porqué del resultado final (eso lo dejamos para otro artículo) pero si diremos esto: Tras los resultados de la ONPE, enormes olas de expectativas sociales llegaron hasta el nuevo inquilino de Pizarro, olas que dejaban como resaca a los viejos temores de los sectores conservadores del país y sus voceros.

En fin, un enorme remolino donde la discusión principal era la viabilidad o no de asignar un nuevo rol al Estado Peruano tras  años de éxitos económicos impulsados por la iniciativa privada (ante el alto precio de nuestros recursos naturales y materias primas) y otros tantos años de sentir que la exclusión y la desigualdad social habían alcanzado su superávit con la violencia en las calles o en conflictos socioambientales, la frustrada reconstrucción de Pisco o el soroche de los funcionarios públicos de permitir que el friaje siga cobrando víctimas entre los más pobres, los pobladores altoandinos.

La preparación del nuevo gobierno, el viaje de Alexis y las movidas partidarias

Para agitar el remolino, nada mejor que los “portavoces” del mercado: el empresariado temeroso que apoyó a Keiko y los “alfiles” del gobierno llámense MEF, BCR y medios de comunicación. La baja en la bolsa tras la victoria y los pedidos inusuales de fijar un ministro de economía de tendencia neoliberal y, “de pasadita”, de una vez anunciar todos los ministerios sin haber pasado siquiera un mes de las elecciones, tenían la intención de quemar fusibles antes de prender el coche y así ir desgastando la imagen del gobierno venidero mostrando que con tan solo un poco de presión, cede rápidamente. Bueno, el mismo Humala y los muchachos de Gana Perú leyeron el juego y no cayeron. Además, una muy tibia oposición (Fuerza 2011, el APRA no alanista, SN, PPC) parecía esconder en sus llamados a la “tranquilidad y prudencia” el temor por algún tipo de represalia ante futuras investigaciones congresales, el despido masivo de sus cuadros en el Estado y el no entender aún cómo es que Humala ganó. Sin embargo el mensaje subliminal del sector económico y político derrotado había calado en las mentes ciudadanas: “no pusimos al Presidente, pero de una u otra forma nuestra agenda estará presente”.

En vista a la necesidad de evitar crearse muchos frentes de animadversión de cara a los procesos de transferencias en ministerios y la toma de mando, además de la aún inmadura organización partidaria del propio nacionalismo a nivel de cuadros técnicos y operadores políticos; lo más indicado para el alto mando nacionalista fue comenzar a dar mensajes de concertación y reconciliación tras la dura campaña. La táctica de evitar el desgaste cotidiano del electo Presidente hablando en su reemplazo los técnicos y nuevos congresistas de Gana Perú, los viajes al extranjero que hiciera Ollanta visitando a jefes de Estado, presentándose como el nuevo vecino “progre” de la región sudamericana (y no por casualidad la primera visita fue al Brasil gobernado por el PT[4] en retribución a su permanente asesoría en la campaña 2011), además de la búsqueda de fortalecer una alianza congresal con Perú Posible, fueron en camino a ese objetivo.

Todo iba yendo bien según el plan trazado. Mientras la bolsa volvía a caminar positivamente tras el periplo post victoria, las críticas se concentraban ya no tanto en Humala sino en las posibilidades de una vacancia a la Alcaldesa de Lima (¿un globo de ensayo para una vacancia presidencial a futuro?), los debates tras el intento de maquillar las denuncias a los funcionarios públicos corruptos o el de volver a evaluar la pertinencia de dar indulto humanitario a Fujimori.

Estos hechos provocaron que el público asumiera que del lado del gobierno saliente quedaba estigmatizada una imagen oscura y oportunista, mientras el gobierno entrante era el abanderado de una actividad política más decente y víctima de peligrosas “bombas de tiempo”. 71% de aprobación a Ollanta Humala inicios de julio era realmente haber logrado una legitimidad social para inaugurar un gobierno que aún generaba dudas en muchos.

Pero como no todo es perfecto, cuando se piensa que las cosas van bien y que los rivales no son capaces de hacerte “foul”, a veces son los propios amigos -o uno mismo- quienes lo hacen sin querer. Así, las cosas comenzaron a cambiar y algunos hechos revelaron que aún se está frío en esto de recibir y asimilar los golpes: a) Las pataletas de Toledo quien aún fungía de “Presidente moral” junto a los líos internos en Perú Posible. b) El no definir si había cogobierno con Perú Posible a cambio de cuadros técnicos y políticos con los que al parecer el nacionalismo no contaba. c) El caso Alexis, el principal factor que hacía tambalear mediáticamente la proclamada lucha contra la corrupción y el nepotismo, tan en boga en los últimos 20 años.

La reacción tardía, desde el propio Presidente –ante la extrañeza de sus aliados–, para salir a parar la bola de nieve mediática por el caso de su hermano con pasado en Rusia, le comenzó pues a jugar una mala pasada, sobre todo entre los sectores y colectivos ciudadanos que aún mantenían frescos, nombres como “Rosa Fujimori”, “Apenkai”, “Bavaria”, “Filete”, “Margarita” y otros seres o entidades semejantes.

Asimismo, no tan perceptible inicialmente, fue la terrible desorganización que comenzaron a experimentar las bases nacionalistas al ver cómo sus principales dirigentes nacionales comenzaban a colocarse en organismos estatales sin que alguien dejara directivas claras sobre cómo organizar el partido de gobierno y construir una verdadera democracia interna. Esto le comenzó a jugar una mala pasada al propio CEN[5] del Partido Nacionalista, pues hizo suponer que aún no se estaba en condiciones reales de ejercer el gobierno con un aparato partidario verdaderamente organizado. Ante la urgencia de ofrecer señales que “generen confianza” ante la prensa y los empresarios, asumieron erróneamente que era necesario legar más posiciones en el Estado a Perú Posible para blindarse ante la derecha económica y arrancar el gobierno no con su apoyo, pero sí con cierta tregua.

Ad portas de estrenar gobierno, tal como se había anunciado, entre el 20 y 25 de Julio comenzaron a barajarse y anunciarse los nombres de los nuevos ministros. El rango más destacable -y muy a tono con el párrafo anterior- fue la estrategia de estreno: manejar la economía con la “derecha” y lo social con “la izquierda”. Este viejo adagio corresponde pues a un gobierno que intentaría colocarse en el centro político acorde al discurso que finalmente obtuvo la victoria en la segunda vuelta electoral como en la mayoría de gobiernos sudamericanos. Esta lectura implicaba forzosamente intentar ceder posiciones a los sectores que fueron derrotados con 48% para lograr un voto de confianza y tener el manejo congresal. En otras palabras, la estrategia a desarrollar era: contener, como sea posible y negociable, los reclamos de la derecha política y la de sus propias bases y aliados más cercanos a la izquierda del espectro.

Así las cosas, la elección de Castilla en el MEF y la ratificación de Julio Velarde en el BCR (pese a ser ambos funcionarios del gobierno saliente), así como la incorporación masiva de cuadros técnicos y políticos de Perú Posible, obedecían al intento de dar señales a los poderes fácticos de no querer abandonar –por lo menos ahora- el modelo económico, dar confianza a los mercados y, a nivel interno, colocar personas con experiencia en el aparato público para no improvisar en los críticos primeros 100 días de gobierno, además de ganar tiempo para dar directivas partidarias de cara a una reorganización de la alianza Gana Perú que sea capaz de afrontar posibles críticas de la oposición y asegurar el colchón de legitimidad de cara al discurso presidencial y el anuncio de programas sociales prometidos en campaña (pensión 65, cuna más, etc.).

Esta lectura no cayó nada bien en el sector de izquierda dentro del PNP y los propios aliados de Gana Perú. Muchos expresaron soterradamente su extrañeza por la forma como finalmente fueron elegidos ministerios como el MIMDES y PRODUCCIÓN tras una severa puja interna, la poco esclarecida declinación de Rosa Mavila al MININTER, y la elección de los titulares del MINEDU (Patricia Salas) y Cultura (Susana Baca) bajo las presiones mediáticas respecto a la cuota de género, desplazando a hombres con mayor experiencia política, trayectoria académica y de pasado izquierdista, como Oscar Dancourt, Nicolás Lynch y Sinesio López.

Teniendo en cuenta los demás nombres anunciados, como Herrera Descalzi en MEM, René Cornejo en Vivienda (siendo un licitador de activos públicos en PROINVERSIÓN), Silva Martinot en Comercio Exterior y Turismo, etc., la sensación reinante entre la filas más “progresistas” del partido y la alianza era el de ser testigo de la conformación de un gabinete más parecido a un gobierno peruposibilista y con una agenda económica más cercana a la derecha que al propio centro político, junto al  posible freno que ello representaría a la inversión pública necesaria para implementar la nueva política social anunciada. A ello incluiremos las impresión de cierta ingenuidad y/o “manejos extraños” desde las cabezas nacionalistas (muchas de estas vinculadas a una tradición militar y a un empresariado más liberal, poco proclives a coordinar con posturas de izquierda) a nivel del CEN PNP[6] y los comités distritales, para otorgar   preeminencia a las bases toledistas en el acceso a cargos públicos de mando medio y hasta en invitaciones y pases para los actos protocolares del 28 y 29 de Julio.

La escasa agitación durante la instalación del nuevo Congreso con el fidelísimo Daniel Abugattás como Presidente del Legislativo (representando al sector del empresariado proteccionista, el más alejado de la izquierda nacionalista) tras la declinación de la candidatura del experimentado Víctor Andrés García Belaúnde (parte del trato con Perú Posible y sus aliados), contando con el voto de los representantes de los grupos más acordes al modelo económico y político vigente aún, no hizo más que mostrar el respaldo de los poderes fácticos hacia las principales cabezas del nuevo gabinete. Sin embargo, las proclamas de los parlamentarios fujimoristas y nacionalistas (muchos de ellos “invitados”) sería la antesala del espectáculo que el 28 nos regalaría.

Sobre cómo nos dejó el quinquenio del segundo aprismo

En las últimas semanas del quinquenio aprista (¿o alanista?) vimos un shock de inauguraciones de obras a medio terminar, que buscaban aprovechar cualquier pantalla y dicho de coyuntura, por parte del ex presidente García, con el fin de que no olvidemos su “colosal” figura. A esto hay que sumarle las pujas por colocar funcionarios aliados al aprismo y al fujimorismo con el objetivo de blindarlo de futuras investigaciones, o decretos muy extraños encaminados a hacerse visibles en pleno gobierno nacionalista para dañar su imagen: Leyes permisivas con los actos e intentonas corruptas en el Estado, nueva estructura de sueldos y en las FFAA y Policía, decretos poco claros respecto a los sucesos de Puno y el Proyecto Santa Ana, y reformas en ESSALUD[7] (con tufillo a Opus Dei) para casi obligar a los convivientes a casarse salvo que tengas S/.600 y pagar tu declaración jurada ante notario público.

Estas acciones, incluyendo el irrisorio debate de si García Pérez debía o no dejar la banda presidencial ante el Congreso, de alguna manera sirvieron al nuevo gobierno pues las miradas y voces tocaban el tema de Alexis de una forma más marginal y a la ciudadanía le hacían notar que esta era la mejor oportunidad para que un régimen que tanto proclamó la lucha anticorrupción, por fin pudiera debutar.

Finalmente García Pérez entregó el mando y tras de él, los aplausos nostálgicos del empresariado y los sectores políticos conservadores. Nos abandonaba un estilo acaparador del escenario –muy sabroso para la prensa-, un crecimiento económico mayor al boom del guano y del salitre y nuevamente basado en materias primas con buen precio en el extranjero, una menor pobreza para los que creen en los números del INEI[8], una mayor desigualdad social en áreas rurales y 88 víctimas mortales (según cálculos oficiales) de los conflictos socioambientales.

El mitin presidencial del 28 de Julio

Ollanta Humala llegaba al mensaje con una expectativa inefable producto de la mezcla de varios factores como la incertidumbre por el anuncio de las medidas económicas a seguir en los primeros meses en medio de un receloso clima político, del cómo se iba a sufragar ese gasto ad portas de las crisis económicas en Europa y EEUU, y los forcejeos al interior de las alianzas Gana Perú y Perú Posible por imponer su agenda en este discurso inaugural.

Los medios de comunicación hicieron su despliegue habitual: hablaron de cuán grande era el equipo de seguridad del Presidente, de los festejos que habría en Plaza de Armas y de la gran cantidad de invitados internacionales que arribaron al Perú para la asunción de mando. Infelizmente para aquellos analistas que respaldaron la campaña fujimorista con testimonios apocalípticos (más basados en el bolsillo ajeno que en el raciocinio propio), Hugo Chávez Frías[9] no llegó a Lima.

El ciudadano Humala arribó al Palacio Congresal con muchos invitados de la alianza Gana Perú en las tribunas. Se acercó a la Mesa Directiva y, cuando todos esperaban que diera un discurso sencillo ante su parca retórica, sorprendió gratamente a los que ya venían perdiendo confianza en un gobierno más “progresista”, los votantes de Gana Perú en primera vuelta: “Juro que cumpliré fielmente el cargo que me ha confiado la Nación; que defenderé la soberanía nacional, el orden constitucional, y la integridad física y moral de la República y sus instituciones democráticas, honrando el espíritu y los PRINCIPIOS DE LA CONSTITUCIÓN DE 1979; que reconoceré y respetaré la libertad de culto y expresión, y lucharé por lograr la inclusión social de todos los peruanos”. Este juramento movió a todos, no hubo peruano que no lo comentara, no hubo persona que tras ello no recordara al Humala que los empresarios de la CONFIEP y los partidos que apoyaron estos últimos 20 años de política económica, temían.

El contenido del discurso apuntaba alto: disminuir las brechas sociales, aumentar la producción y diversificarla, reformar la estrategia de desarrollo nacional en un contexto de reactivación de la crisis mundial del 2008 y no minimizar más la capacidad de inversión del propio Estado. Se abría entonces la caja de pandora para señalar -al mismo estilo de un mitin de campaña, con una tribuna extasiada- que toda medida impulsada por el nuevo gobierno debía encaminarse hacia una relación distinta entre el Estado y el capital, con más participación del primero sobre la actividad económica, encaminándose a abandonar el neoliberalismo, pero sin precisar plazos, e identificar y arrinconar al rival que más había reivindicado esa misma política: el fujimorismo. La provocación a este grupo y abrir la posibilidad de reivindicar una carta magna defenestrada en 1992  era el acta fundacional de un nuevo régimen; un intento de reconciliarse con la izquierda y proclamar que era Ollanta Humala (aún no sabemos si ello es igual a decir Partido Nacionalista) y no otro, quien mandaba. El griterío de parlamentarios como Martha Chávez Cossío no hizo más que avivar los recuerdos de la polarizada 2° vuelta, dándonos cuenta que el Perú ingresaba a la corriente mayoritaria de los gobiernos sudamericanos actuales.

El camino hacia la construcción de una nación peruana pluricultural –base fundacional del ideario del PNP- con un Estado ni estatista ni mínimo, según su propio discurso, implicaría que este gobierno intentaría ganar primero su legitimidad entre los actores sociales más empobrecidos y olvidados (sector rural, zonas urbanas periféricas, pueblos nativos y amazónicos) asumiendo nuevamente las promesas electorales.
  •     Inversión en políticas sociales inmediatas de corte populista en los primeros meses, como la elevación inmediata del sueldo mínimo vital en S/.150 (La mitad en Agosto, la otra a finales de año), programa Cuna Más y Pensión 65 en los distritos más pobres[10].
  •    Recuperación de la soberanía del Estado y de los pueblos, teniendo como acto más importante la declaración para la reasignación del gas del lote 88 de Camisea hacia el mercado interno.
  •    Reforma tributaria dirigida a una mejor recaudación, principalmente hacia las grandes empresas de capitales trasnacionales y mayores facilidades para la inversión nacional de tipo Pymes.
  •    Construcción de un Proyecto Nacional por medio de la aplicación de las políticas del Acuerdo Nacional, abandonado desde 2004.
  •     Integración del territorio con obras de infraestructura en alianzas público-privadas y la creación de una línea aérea de bandera.
  •     Aplicación de nuevas políticas de seguridad ciudadana y antisubversivas, destinadas a acabar con remanentes senderistas y disminuir la ola delictiva que, sobretodo, afecta a las zonas más empobrecidas, combinando labores operativas y preventivas.
  •    Repotenciación de la capacidad operativa y disuasiva de las Fuerzas Armadas y de la Policía Nacional, incrementando las labores cívicas y prometiendo una mejor escala remunerativa para sus miembros e incentivos para recuperar la convocatoria a cuarteles.
  •     Promoción del agro respaldando a los pequeños y medianos productores, privilegiando los cultivos orgánicos, el respeto a la diversidad, fortalecimiento de mercados regionales y menores chances al ingreso de cultivos transgénicos.
  •    Una nueva política ambiental y una nueva estrategia en la gestión de los conflictos socioambientales que priorice el cuidado de las cabeceras de cuenca, el uso del diálogo y la responsabilidad social previos al estallido social, (aunque sin mencionar la aprobación de la Ley de Consulta Previa).
  •    La redefinición del rol del Estado en el uso de los recursos naturales sujetos a explotación, tratando de generar condiciones para reorientar el extractivismo actual hacia una diversificación productiva que nos haga menos vulnerable a la crisis económica que se avecina.
Otra importante cuestión fruto del discurso fue el ánimo en el naciente gobierno peruano por anunciar el fortalecimiento de nuestras relaciones con el conglomerado sudamericano a través de UNASUR no solo como instrumento para defensa continental contra la crisis, sino (una lectura totalmente personal), para también sostener militar y legalmente al país de cara al proceso contencioso contra Chile en La Haya. El mensaje de Ollanta Humala fue sin duda claro: “El Perú respetará el fallo, al igual que creemos que lo hará Chile”.

La sonrisa de Sebastián Piñera no hacía más que refrendar la frase, pero teniendo en cuenta el muy buen artículo del Profesor Cristian Leyton[11], Chile hoy ya se percibe a si mismo dentro de un vecindario donde es visto como un patito feo en medio de la ola centroizquierdista y de UNASUR –con una Colombia menos uribista y más conciliadora- y, sabiendo que Brasil, geopolíticamente, es nuestro principal socio por ser su principal salida al Pacífico. Para los sureños, este apoyo y la gran cantidad de tratados comerciales firmados en todo el orbe podrían poner reparos a los “halcones” chilenos en proceder con una imposición bélica sobre el espacio marítimo en reclamo después del fallo.

Para los que piensan que Inambari no va más, me atrevo a decirles que todo este escenario hace que dicho anhelo sea más improbable que, en este quinquenio, se autorice la unión civil entre LGBT´s, que se expulse a Odebretch del territorio peruano por las sospechas de corrupción en la licitación de obras, o que Correo y Correa fumen la pipa de la paz. Veremos una alianza “ambientalistas y conservadores contra Humala” en los próximos meses y años, salvo que la tan voceada crisis energética sea más grave de lo que pensamos.

Y ahora, las reacciones al mensaje

Gran parte de la prensa con sede en Lima se escandalizó con la evocación a la Constitución de 1979 a velocidad luz, haciendo eco de los reclamos y avisos fujimoristas de ilegalidad y pasos previos al chavismo apocalíptico. Los analistas favorables al modelo económico aún vigente hablaban de estatismo y las nefastas experiencias con sabor a deuda pública experimentadas en los 70´s y 80´s mientras que la oposición congresal no se ponía de acuerdo si esta juramentación era válida o solo fue una carta de intenciones cualquiera, tal como ellos hacen cuando juramentan sus cargos en medio de variopintas frases. Finalmente la discusión quedó zanjada cuando se demostró que ello sí era factible y que incluso ex congresistas como Javier Valle Riestra la proclamara como carta principista en 2006.

Pese a este cargamontón inicial, la mayor parte de la ciudadanía asimiló positivamente el mensaje a la Nación y, para nueva irritación de algunos medios, fueron hechos internos y externos, junto a la natural vocación de estos mismos medios de exacerbar lo coyuntural en vez de lo realmente importante, los que desviaron la atención pública. El principal: El papelón de Martha Chávez. La “superpoderosa” fanática del fujimorismo –y del bloque “Albertista” en Fuerza 2011- captó más las miradas con su suspensión por 120 días en una sesión reservada del Congreso, decisión así tomada a fin de evitar que el fujimorismo gane una tribuna con gran alcance mediático. También se mezclaron por allí bizantinas discusiones sobre la ropa usada por la primera dama Nadine Heredia o los dichos y entredichos del Presidente del Ecuador, Rafael Correo, con algunos diarios locales por su relación conflictiva con la prensa de su país y sus “recomendaciones” a Ollanta Humala.

El nuevo estilo, reacciones mediáticas repetidas y nombramientos extraños

Ollanta Humala nunca fue considerado un gran orador, rasgo que hoy es más bien mal visto por la población respecto a sus políticos. Tampoco la población desea un mutismo similar al que practicó el ex alcalde de Lima, Luis Castañeda Lossio.

El ciudadano quiere hoy políticos que se asemejen menos a uno tradicional: menos edulcorados en su hablar, menos “figurettis” de las pantallas y “homenajes” al personaje de moda (por lo que hizo en vida, o reposando bajo la tierra), que se parezca a un ingeniero que hable con sus obras, que ponga una expresión facial dura ante la corrupción y la inseguridad ciudadana, que PONGA ORDEN en su partido y que de verdad le hagan caso, que rapidito nomás dé la cara ante los escándalos y sobretodo que deje hablar a los que saben: los técnicos. Pareciera entonces que el nuevo Presidente tomó esto muy literalmente, excepto en los últimos tres puntos.

Ya no se oyen los comentarios técnicos tan atinados de Kurt Burneo, resentido tal vez por no haber asumido el MEF o MIMDES, o tal vez esperando dar declaraciones una vez recompuesto el Ministerio de la Producción después de las inefables gestiones de Rafael Rey y Carlos Nava. Álvaro Vargas Llosa no habló más después del 28 de Julio. Quién sabe, tal vez los técnicos de la alianza Gana Perú se están guardando para su presentación ante el Congreso, sin embargo eso no es excusa ahora.

Ante los dimes y diretes dentro de Perú Posible y las primeras puyas congresales, solo se oyeron a los políticos. Entre los destacables, las frases precisas de Mocha respecto a la nueva política social del gobierno y la investigación a las esterilizaciones forzadas. Entre lo inentendible: Abugattás rugiendo torpemente con los cronistas parlamentarios y los congresistas fujimoristas quienes, pese a merecerlo, tampoco ameritan ganar pantallas con peleas derivadas de hechos anecdóticos (número de comisiones parlamentarias, ubicación de las oficinas, etc.) pues el ataque se vuelve rutinario y se deslegitima en el hartazgo, corriéndose el riesgo de perder fuerzas para ganar los futuros debates respecto a los planes ministeriales y la aprobación del nuevo presupuesto general de la República bajo las nuevas políticas económicas y sociales.

“Ser y parecer” también debe ir de la mano con “la honestidad para hacer la diferencia” pero los extraños nombramientos del entorno militar del ex comandante en INDECI o DISCAMEC, o Roy Gates como asesor presidencial cuando por sus manos pasó la defensa de Rómulo León, o la prima de Nadine Heredia como jefa de SUNAT, inquietaron a la propia militancia del PNP, los aliados políticos y a los ciudadanos de pie. Las no muy claras palabras del premier Salomón Lerner salvo para dar normas de conducta a sus ministros (peor estos diciendo a la prensa lo que les dijeron) y la reticencia de Ollanta Humala de brindar declaraciones tranquilizadoras al respecto, le hicieron suponer a la prensa que este es un gobierno que nos podría acostumbrar a reaccionar tarde ante las crisis mediáticas, muy similar al Toledo que se empantanaba ante los “escandaletes” que generaban Olivera en su intento de ser Ministro o el propio Toledo ante los arrebatos patrimonialistas de sus hermanos, sobrinos y de varios de sus parlamentarios entre el 2001 y 2005. Conclusión de la prensa malintencionada y de los duchos políticos, principalmente de la oposición conservadora: A este gobierno le podemos imponer la agenda, otra vez.

Ante este razonamiento y, pasados los lamentables hechos acontecidos contra la familia Reggiardo por parte de la delincuencia organizada -de la que ni siquiera un Congresista de la República está a salvo-, o pasando desapercibido el hecho de que los funcionarios apristas y fujimoristas aún siguen en sus cargos haciendo uso de los recursos y funciones públicas con fines de dañar al gobierno (sino como se explican la salidas y entradas cotidianas del Sr. Crousillat[12] del Penal San Jorge) la prensa pasó al ataque con un tema voceado desde la campaña: La posible salida de prisión de Antauro Humala usando cualquier argucia legal.

Penosamente la propia heterogeneidad del nacionalismo –incluyendo declaraciones de Omar Chehade y los padres del actual Presidente– junto a una militancia aún poco organizada y que desconoce en su mayoría su propia ideología, se han encargado de agitar la marea, para el deleite de los rivales del régimen.

La propuesta de este otro hijo de los Humala, tan racista y proclive a la violencia política como lo son sus padres, es la antítesis de la propuesta del PNP: construir una Nación Peruana pluricultural y a la vez integrada a través de un proyecto político que genere un Estado con una nueva clase política que construya un proyecto nacional de un Estado Moderno integrando en la diversidad y disminuyendo la brecha social igualándonos hacia arriba y no hacia abajo, con diversificación productiva y no autarquía, y además con una democracia más representativa (y de base) que no solo pase por elecciones generales cada 4 o 5 años.

La prensa, sin embargo, vio afectado el ataque cruento en este punto debido a los pedidos ciudadanos de una política estatal de seguridad ciudadana. El gobierno reaccionó más o menos rápido y el propio Humala tuvo que dar declaraciones. Tal vez algunos piensen que es bueno que el Presidente relegue su protagonismo a favor del premier y sus ministros, sin embargo, en un País tan acostumbrado al caudillismo y a la “oratoria del cemento” o a la “oratoria de la demagogia”, lograr que la población se acostumbre al nuevo estilo teniendo la desconfianza de un gran sector de la prensa es un reto con una valla muy alta.

Mientras todo esto pasa, partidarios y aliados del PNP esperan una oportunidad de  ser parte de la reorganización de su partido, que no solo los militares o gente cercana a la familia, sino todas las vertientes democráticas del nacionalismo encabecen y participen de la “La Gran Transformación”, la cual no puede hacerse con cuadros que son ajenos a su propio proyecto político. La inmadurez y falencias de un partido no se deben volver armas contra sí mismo, eso ya lo vimos durante el toledismo y ya sabemos que no solo importa terminar bien sino “estar bien” los 5 años. Si ello continúa a nivel interno, una ruptura indeseada dentro de los sectores democráticos de la alianza Gana Perú sería posible, y eso, para los intereses de un proyecto de país más igualitario y menos dependiente del nada libre “mercado” peruano, sería otro error en la Historia.

Conclusiones y algo más


  •      La táctica de estrenar un Consejo de Ministros de centro ha sido la más adecuada para neutralizar momentáneamente a los sectores conservadores del país, sin embargo ello no será duradero a menos que se les siga otorgando beneficios político-económicos que tarde o temprano chocarían con las demandas de los sectores medios y más pobres, salvo que se quiera continuar con medidas asistencialistas en estos 5 años. Eso, sería un fujimorismo más.

  •     El discurso presidencial se resumió en: Retórica de provocación política anti fujimorista, un intento de reconciliación con la izquierda, la reafirmación de promesas de campaña, retomar ideales de la constitución de 1979 con un Estado ni estatista ni minimizado, una política internacional en onda con los cambios en Latinoamérica, un “saca roncha” a los neoliberales para ganar legitimidad en los sectores populares y reafirmar que el “Presidente soy YO". Eso se pareció a un aprismo más (“hayismo” para algunos).

  •    El proyecto de construir una nación peruana basado en el núcleo ideológico del PNP, requiere un aparato partidario propio, sólido, que trascienda la figura del “caudillo” y sea capaz de contestar políticamente los constantes ataques mediáticos que vendrán. No concretar eso sería ser un velazquismo más.

  •     Persistir en este error, no formando buenos operadores políticos y técnicos, no saliendo rápido a “poner el rostro” ante los escandaletes familiares o partidarios, no teniendo militancia identificada y organizada para ser el apoyo político vital para el régimen dentro y fuera del Estado; solo pondría al PNP y a Gana Perú en la situación de dependencia de frecuentes pactos en el Congreso, previo manejo de cupos de toda índole. Eso, sería un toledismo más.

  •     El orden y disciplina partidaria no se pueden manejar como destacamento militar o como aviso caudillesco. Es producto de un consenso y compromiso político con base ideológica y no meramente económica, de generar pactos que permitan incorporarse a un proyecto político, que vaya planeando cómo participar y ganar en las elecciones municipales del 2014. No pensar en eso sería un alanismo más.

  •     La estrategia de defender los recursos naturales se verán respaldadas siempre que la nueva política de acercamiento al UNASUR permita que éstas sean instrumentos de integración económica de cara a la crisis que ya viene afectando a Europa y EEUU, y de defensa política y militar de cara al resultado que dé La Haya en 2013. No se asombren los ambientalistas si, por un lado, se protegen cabeceras de cuenca y, por el otro, se permiten la construcción de represas hidroeléctricas o nuevas operaciones petroleras en la Selva.

  •     Los vaivenes en la popularidad y legitimidad que logre este gobierno en los próximos meses afectarán la enorme heterogeneidad dentro del PNP y Gana Perú. Esto provocará que, tarde o temprano, los intentos del ala izquierdista del PNP de democratizar el partido e imponer una agenda de mayor inversión en políticas sociales y desarme del modelo neoliberal, chocarán con el ala más conservadora que busca cambios más graduales y concesionando favores a los sectores neoliberales que aún detentan la mayor parte de los medios de comunicación y las actividades económicas que más aportan al fisco.

  •     Si la prensa no logró poner a su Presidente, no permita Ud. Sr. Presidente, que la prensa le imponga la agenda neoliberal y la plana en asuntos de nueva política social y económica. Atiéndala cuando se hable de corrupción.

  •   Se viene un año 2012 muy duro, de intensa actividad política en medio de crisis energéticas, alimentarias y económicas. Los nuevos programas sociales deben ganar “rapidito nomás” la legitimidad que el régimen requiere para imponer su agenda ante el nuevo Congreso. Lograr pasar eso aseguraría éxitos en 2014.  

  •    ¿Los peruanos podremos estar a la altura de las circunstancias? Hágannos confiar en que la promesa de otro Perú, uno mejor, es posible.



[1] Centro de Estudios Interdisciplinarios. 
[2] Según mi diccionario personal: Dícese de aquella (nunca olvidemos al género, por favor) o aquél sujeto que afirma no estar interesado en cuestiones políticas u otras de interés colectivo que refieran a un mejor ejercicio de la ciudadanía y el bien común, pues diagnostican que su sociedad es inviable y que tarde o temprano harán plata y vivirán felices por siempre en otro barrio, facultad o país.
[3] Según mi diccionario personal: Dícese de aquella o aquél sujeto que racionaliza sus opciones respecto a los temas de interés colectivo llegando a concluir el no sentirse representado por el actual sistema político o sus representantes en el régimen de turno. Por ello, paradójicamente, siempre elige entre opciones que continúen dicho estado de cosas, esperando con ansias la llegada de algún líder carismático o a las mismas divinidades para que transformen radicalmente la sociedad.
[4] Partido de los Trabajadores del Brasil. Organización de izquierda moderada con génesis sindicalista e influenciada por la Teología de la Liberación que detenta el poder en ese país desde el 2002 cuando Luiz Inácio Lula da Silva (o “Lula” para los amigos), alcanzó la presidencia derrotando a la socialdemocracia local que había abrazado las recetas del Consenso de Washington en los 90´s. El PT es el único partido de ese país que realiza elecciones internas para la nominación de sus candidaturas a nivel federal, estatal y municipal.
[5] CEN: Comité Ejecutivo Nacional
[6] CEN PNP: Comité Ejecutivo Nacional del Partido Nacionalista Peruano.
[7] Modificación del literal b) del numeral 13.2 del artículo 3° de la Resolución de Gerencia Central de Aseguramiento N°13-GCAS-ESSALUD-2009, estableciéndose en lugar de la Declaración Jurada de Relación de Concubinato, la copia fedateada del documento de Reconocimiento de Unión de Hecho, sea por Resolución Judicial o por Escritura Pública de Reconocimiento, según el trámite señalado en la Ley N° 29560, Ley que amplía la Ley N° 26662, Ley de Competencia Notarial en Asuntos No Contenciosos, y la Ley N°26887, Ley General de Sociedades.
[8] En 2006 el INEI abandonó el cálculo de la pobreza mediante las Necesidades Básicas Insatisfechas (NBI) reemplazándola por la barrera económica de S/.300. Si un peruano gana S/.1 más que esa cifra, oficialmente deja de ser pobre.
[9] Presidente de la hoy República Bolivariana de Venezuela desde 1999 con una coalición de izquierda encabezada por su partido, el Movimiento Quinta República (MVR). En las elecciones de 2006, las  alianzas a su partido formaron el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) logrando colocarlo como Presidente por tercera vez.
  [10] Con esta decisión, la focalización de Cuna Más y Pensión 65 iniciaría en áreas altoandinas, de población tradicionalmente excluida por distancias geográficas, económicas, culturales y por la inacción de sus propios Gobiernos Regionales. Sin embargo, usando cualquier tipo de indicador de pobreza, enormes  zonas urbanas en distritos como San Juan de Lurigancho y Carabayllo (Lima) o La Esperanza (Trujillo), se quedarían aún sin ser atendidas por estos mismos programas, lo cual le restaría al régimen un importante colchón de apoyo inicial ante posibles ataques de sectores más conservadores.
[12] José Francisco Crousillat y Enrique Crousillat son personajes que concentraron en sus manos, y con dinero del Estado administrado por Vladimiro Montesinos, el canal América TV entre 1997 y el 2000. Al igual que otros dueños de canales de la época (Ernesto Shültz en Panamericana TV, Samuel y Mendel Winter en Frecuencia Latina) se sumaron a la campaña de demolición pagada por el régimen fujimorista y orquestada para demoler a la oposición de la época. 

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