Construcción discursiva de la imagen del nativo amazónico / Ginno Martínez

17:35:00


Hay más cosas que decir. No ha transcurrido mucho tiempo, apenas casi dos años del derrame de sangre y tragedia que azotó a miembros de nuestra población en la amazonia peruana; históricamente diferenciados, segregados y, muchas veces, no respetados.

Lo ocurrido en Bagua, el 05 de junio del 2009, sirvió para saber que aún, la mayoría de peruanos, somos incapaces de despojarnos de la “comunidad imaginada”[1] amazónica, que nos hace pensar y discutir bajo ciertos cánones desprovistos de un conocimiento cercano sobre la colectividad oriental en nuestro país.

Las palabras impresas en la columna editorial de El Comercio durante el contexto de la tragedia de Bagua, ha dado a luz por sí solas una serie de problemas respecto a la presentación del nativo amazónico; ha revelado su posicionamiento agreste hacia este personaje y, lo más desesperado aún, su insolvencia para articular un discurso sin el “otro-diferente”.

La hipótesis del artículo es que el diario El Comercio, a través de su columna editorial, mantiene una percepción históricamente prejuiciosa del nativo amazónico por medio de estereotipos discutiblemente válidos y aceptables. De esta forma, se encuentra inválida de ejercer un discurso articulador de la diferencia (considerando sus límites), de matiz intercultural.

Cuando en la hipótesis mencionamos que el diario El Comercio no se libra de utilizar estereotipos históricos de concepción del nativo amazónico, nos basamos en arqueotipos propuestos por Oscar Espinoza, quien realizó un análisis y síntesis de cómo hemos valorado y significado a estas personas de geografía distinta.

Estas valorizaciones datan desde la llegada de los primeros evangelizadores a la “tierra encantada”[2]donde ésta ha tenido que soportar vivencias de desprecio y tortura por siglos hacia personas que, inclusive hasta nuestro presente, se sienten foráneas a una comunidad mayor, optando por defender lo que por naturaleza[3] les pertenece.

Durante las últimas movilizaciones de los nativos amazónicos, desde el 2008, que han tenido una gran acogida, se han pronunciado el Estado, los medios de comunicación y distintas personas respecto a la situación “alarmante” que en esos momentos había.

La percepción de estos actores sobre el movimiento ha respondido, como lo dice Espinoza, a dos prejuicios básicos en torno a los indígenas: o bien, que son primitivos, salvajes y opuestos al desarrollo y la modernidad; o bien, que son ignorantes, ingenuos o incapaces, y por lo tanto, fácilmente manipulables.[4]

Espinoza, agrega:

“Algunas de estas interpretaciones han indicado que las protestas y los hechos de violencia de Bagua se han debido a la ignorancia de los indígenas y a su susceptibilidad para ser manipulados por personas foráneas. Otras, como la del presidente García en su famoso artículo del año 2007 titulado «El síndrome del perro del hortelano», han insistido en el primitivismo indígena y su oposición a la modernidad, el progreso y el desarrollo. Otras, en fin, han apelado al carácter salvaje de los indígenas, llegando a señalar la herencia violenta de los Awajún y los Wampís como herederos de los «reducidores de cabezas» de otros tiempos.”[5]

Lo mencionado por Espinoza responde a una idea de fondo; traducido en palabras de Giusti:

“Nos encontramos muy lejos de una sociedad democrática donde todos participen del discurso, ya que sólo participan, en este medio de legitimación, el grupo mayoritario de ciudadanos comunes, es decir, aquellos que encajan dentro de la categoría de ciudadano, mientras se da una exclusión de las masas que se encuentran en la periferia. Es el carácter transgresor de la democracia moderna que desvaloriza los contextos culturales a los que pertenecen los individuos”.[6]

En nuestro caso, como país, la democracia moderna parece ser un asunto de elección y selección de una cúpula social, la cual apunta a ser, en la mayoría de los casos, efímera, enaltecida en ocasiones especiales, o también utilizada para recuperar momentos de equilibrio social tras ciertas transgresiones del mismo género, es decir, por motivos, precisamente, de su debilidad práctica.

Quizá los autonombrados paladines de la democracia moderna en nuestro país aún no pueden comprender que las condiciones para ejercer ciertas políticas pasa en primer lugar por la sensatez de quien lo ejecuta, así como por el respeto de la totalidad de nuestra comunidad nacional.

Estos autonombrados paladines necesariamente no se encarnan en un cuerpo material, sino pueden mostrar diferentes facetas, mostrándose muchas veces como estructuras operantes, como instituciones.

Una de esas instituciones son los medios de información (de prensa), que hacen notar claras neblinas respecto a cómo entender y significar la dimensión social, cuyo efecto más peligroso concierne a  quién va dirigido la recepción del mensaje y cómo reacciona frente a este.

Cabe anotar que, dichas interpretaciones o manifestaciones escritas a forma de opinión en prensa, puede obedecer, y parecer ser un signo, a respaldos ideológicos por tradiciones propias.

El caso del diario El Comercio no parece estar muy lejos de lo mencionado en el párrafo anterior, pues se da el caso, a través de su exposición en su columna editorial sobre lo sucedido en Bagua, que mantiene un panorama de matiz colonial en relación a la forma de pensar -en dicotomía- la realidad peruana. Veamos un ejemplo:

“En estas graves circunstancias resulta indispensable volver a revisar el caso integralmente. Así, lo primero que debe mencionarse es que el Perú —que es finalmente una nación en trámite de auténtica integración pese a sus casi doscientos años de independencia— está presenciando las consecuencias de un choque cultural profundo, entre quienes intentan preservar una cosmovisión nativa, organizada comunitariamente bajo reglas ancestrales, y quienes apuestan por la modernidad integral que nos conecte con el mundo globalizado según las pautas occidentales.”[7]

Lo resaltado representa el sentido hermético, desfasado y prejuicioso de entender la convivencia de distintos grupos humanos.

La situación de vida cotidiana de los nativos amazónicos va más allá de la conservación de sus tradiciones y de su hábitat; ha superado tal realidad, ya no existen ni se proyectan como una sociedad enclaustrada (tal como lo manifiesta El Comercio), más bien la comunidad amazónica se representa como una sociedad con nuevos síntomas de dinamismo, dispuesta a intercambiar conocimientos, a formar parte del escenario nacional. Esto se demuestra, por ejemplo, con el aprendizaje de estrategias políticas y en la participación en el mismo de sus líderes a nivel nacional.

Nadie mejor que Espinoza para argumentar lo dicho:

Es frecuente escuchar que los indígenas se oponen al progreso y a la modernización. Nada más falso. Los indígenas, como cualquier persona del mundo, quieren vivir mejor, quieren bienestar, quieren desarrollarse. El problema radica en cuál es el contenido que le damos al término “desarrollo” o “progreso”. Los indígenas quieren progreso, modernización y bienestar, pero lo quieren desde su propia perspectiva y desde sus propias tradiciones, no desde los valores y opiniones impuestos por el gobierno o por la gente que vive en Lima”.[8]

Un ejemplo de este nuevo formato de organización social se ve en el modo de cómo analizan, ejercen y participan en política, a través de las estructuras de oportunidades políticas[9] que están manifestadas en las movilizaciones sociales que estos grupos realizan. Así, en agosto del 2008, la Asociación Interétnica de Desarrollo de la Selva Peruana (AIDESEP)[10] lideró una movilización que presentó una característica particular: fue el primer paro a nivel nacional realizado por nativos de la Amazonía peruana en toda su historia. A esto se suma una característica más: tuvo como consecuencia un éxito político rotundo (se logró derogar el DL 1015 y el DL 1073[11], concebidos como atentatorios de los derechos indígenas).

Además, en abril del 2009, un gran número de nativos amazónicos de Amazonas, Loreto, Madre de Dios, San Martín, Ucayali y Cusco dieron inicio al segundo paro amazónico nacional. Esa vez el objetivo fue la derogación del DL 1090[12] y del DL 1064[13], que tuvo como desenlace las trágicas muertes en la curva del diablo, el 05 de junio del mismo año.

En el discurso que El Comercio expone en su columna editorial sobre el propio nativo amazónico, se ha más evidente aún el campo de significaciones que tienen sobre éste al proyectarles catalogizaciones que son parte de una mirada retrospectiva y prejuiciosa sobre su capacidad de pensar-actuar en el campo de las batallas ideológicas y en el de las necesidades reales.  

Esas catalogizaciones, que son además parte del imaginario nacional, residen en la presentación y representación del nativo, por un lado, como salvaje y violento, cruel, belicoso, mientras por otro lado, como manso, dócil, ingenuo y fácil de manipular.[14]

Estos estereotipos se notarían explícitamente en el texto de la columna editorial del diario El Comercio:

“Y es que, al parecer, quienes participan en esta asonada por reivindicaciones sociales, se han contaminado y se dejan llevar por grupos radicales y violentistas, cuyos vínculos con la subversión y el terrorismo parecen evidentes. Ello a partir del ataque a locales policiales, el robo de armamento a los policías asesinados (lo que es nota característica del accionar terrorista), y la quema de vehículos y locales estatales y del partido aprista.” [15]

Se hace notar que se asocia a los nativos con una manipulación de parte de grupos extremistas, interpretando lo ocurrido de una forma burda y demasiada reduccionista, en base al sentido común. 

Sígase notando lo expuesto: “Finalmente, exhortamos a la ciudadanía para que no se deje manipular por aquellas fuerzas extremistas que solo quieren sacar provecho de la confusión y el caos, traicionando a los propios indígenas en un caso que ya dejó de ser una legítima protesta social para convertirse en estallido sedicioso.”[16]

La representación del nativo amazónico en estos discursos lo muestra como un actor político-social pasivo, sin una capacidad de calificar los actos que se quieren cometer contra su voluntad, ilustrándolo como una persona cándida, inocente y maleable.

Aquí hay un serio error, señalado nuevamente por Espinoza: “… Ahora bien, no hay que confundir al indígena que pacíficamente reclama por justicia y por sus derechos (movilización de abril del 2009) con aquella otra imagen del indígena ingenuo y manipulable.”[17]

Estos contenidos discursivos muestran de trasfondo otro problema importante a indicar, a saber la imposibilidad de concebir un mensaje intercultural; a raíz de prejuicios y conceptos vagos que utiliza la prensa. Tal hecho obstaculiza la recepción del mensaje en una más amplia dimensión, y proporciona, más bien, argumentos desfasados y no tan válidos para entender cómo piensa y actúa el nativo amazónico en el escenario nacional, contribuyendo a volver más sólido la idea habitual asimilada del imaginario colectivo amazónico; imaginario expuesto en la columna editorial del diario El Comercio.

Esto se asoma a lo que plantea Giovanni Sartori, quien argumenta que “en la actualidad se halla un multiculturalismo antipluralista que está basado en una política de reconocimiento que funciona y se ajusta en la práctica a un modelo ideológico que se afirma en la diferencia”.[18]

El multiculturalismo antipluralista es el que se presenta con mayor intensidad, afirmándose en una “política del reconocimiento”, que es un mecanismo por el cual se discrimina para diferenciar, cuyo objetivo es establecer el “ciudadano diferenciado”.

Lo irradiado por El Comercio no parece hallarse muy lejos de lo mencionado por Sartori, y más aún se nota en la siguiente cita:

“Y, al final, la decisión de intervenir policialmente siguió acciones tácticas equivocadas, generando lo que ya conocemos: un terrible saldo de dos decenas de policías asesinados —a quienes rendimos homenaje por su abnegado cumplimiento del deber—, una cantidad elevada pero aun imprecisa de enardecidos insurrectos igualmente muertos, y más de un centenar de inocentes civiles heridos, a quienes también rendimos homenaje”.[19]  

Por tanto, se puede concluir que la apreciación del nativo amazónico de parte de la columna editorial de El Comercio, obedece a una mirada tradicional y arcaica de la sociedad amazónica, amparándose de interpretaciones de sentido común que, por la tradición y aceptación de un amplio sector poblacional, termina siendo válido y reproducido, validando el común imaginario colectivo e imposibilitando aperturar nuevas fronteras de comprensión del otro. 




[1] ANDERSON, Benedict. Comunidad Imaginada. México: Fondo de Cultura Económica, 1991.
[2] “Tierra Encantada”, título del libro de Manuel Marzal, donde realiza un análisis del fenómeno religioso en América Latina.
[3] Según el antropólogo francés Philippe Descola, la naturaleza es algo más que su mera materialidad, es en cambio, para diversas sociedades, un entramado de lo natural con lo social, es decir, naturaleza implica un solo orden, donde la organización social se ve ligada al modo de producción y reproducción material de su vida.
[4] ESPINOZA, Oscar. “¿Salvajes opuestos al progreso?: aproximaciones históricas y antropológicas a las movilizaciones indígenas en la Amazonía peruana”.
[5] Ídem, pág. 125-126.
[6] Ídem.
[7] El Comercio. Columna editorial, 08/06/2009. Resaltado nuestro.
[8] ESPINOZA, Oscar. “¿Salvajes opuestos al progreso?: aproximaciones históricas y antropológicas a las movilizaciones indígenas en la Amazonía peruana”, pág.153.
[9] Siguiendo al politólogo norteamericano Sidney Tarrow, la estructura de oportunidades políticas, puede ser un estímulo para la acción colectiva al reducir sus costos y al aumentar las posibilidades para que el grupo en protesta alcance sus objetivos. Estas oportunidades políticas, pueden suponer que grupos de escasos recursos y demandas moderadas lleguen a movilizarse.
[10] A inicios de los años 70, surge un movimiento representativo de la amazonía peruana, protagonizado por los propios indígenas. Los iniciadores de este movimiento fueron las organizaciones de los pueblos Asháninka, con su central de Comunidades Nativas de la Selva Central (CECONSEC); Shipibo, con sus federación de Comunidades Nativas de Ucayali (FECONAU) y Awajun, con su Consejo Aguaruna y Huambisa (CAH). Estos tres Pueblos Indígenas amazónicos constituyeron el 14 de marzo de 1984 la Asociación Interétnica de Desarrollo de la Selva Peruana – AIDESEP (Fuente: web AIDESEP).
[11] Los decretos legislativos 1015 y 1073, referidos a la inversión privada en tierras de comunidades campesinas y nativas.
[12] DL 1090 “Ley Forestal y de Fauna Silvestre”.
[13] DL 1064 “Ley que aprueba el régimen jurídico para las tierras de uso agrícola”.
[14] ESPINOZA, Oscar. “¿Salvajes opuestos al progreso?: aproximaciones históricas y antropológicas a las movilizaciones indígenas en la Amazonía peruana”.
[15]  El Comercio. Columna editorial, 08/06/2009.
[16] Ídem.
[17] ESPINOZA. Oscar. “¿Salvajes opuestos al progreso?: aproximaciones históricas y antropológicas a las movilizaciones indígenas en la Amazonía peruana”, pág. 135.
[18] SARTORI, Giovanni: “La Sociedad Multiétnica”.
[19] El Comercio. Columna editorial, 08/06/2009.

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